Es urgente ganarle otro partido a la inflación


En este momento, el gobierno de Javier Milei es como un equipo de fútbol que ganó el campeonato anterior, pero ahora lleva cinco partidos sin ganar. La gente se empieza a impacientar. Esa es la ingratitud del fútbol y la política: los éxitos pasados se olvidan pronto. Algo que el español Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza, resumió con brillantez al describir el fútbol profesional: “Ganar, ganar y ganar, y volver a ganar, ganar y volver a ganar”.

Dentro de un año estaremos con la incertidumbre electoral en máximos y, dado lo que ocurrió antes de las elecciones de medio término de 2025, podemos imaginar lo que podría ocurrir. El Gobierno lo sabe y se prepara para un escenario en el que pueda salir adelante sin necesidad de recurrir al auxilio de Estados Unidos ni tener que pedir prestado a Wall Street.

Sin embargo, el Gobierno es optimista y cree que tenemos por delante 18 meses con la economía mejorando claramente. Es muy probable que tenga razón. Pero sabemos que siempre existe la posibilidad de imponderables que compliquen el camino trazado. Por eso es mejor “curarse en salud”.

Creo que hay que hacer algo que la gente note. Reformas como la de la Carta Orgánica del BCRA están muy bien, pero le quedan muy lejos a quienes su preocupación es llegar a fin de mes.

Alternativas hay muchas. Se me ocurre la siguiente: unificar el IVA de todos los alimentos en 10,5%. En todos los artículos ahora gravados al 21%, eso implicaría una rebaja en el precio de venta al público de casi el 9% que, además de ser algo claramente visible para las familias, contribuiría a acelerar la desinflación (hace un año que la inflación no consigue bajar del 30%; es urgente “ganar un partido” contra la inflación porque el presidente Milei prometió una y otra vez que la de agosto “empezará con cero”, algo que, con toda probabilidad, le recordará la oposición si no ocurre).

Para compensar la pérdida de recaudación se podría eximir de cargas patronales durante un año a todo nuevo empleado neto (profundizando el vigente Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral). Por un lado, eso ayudaría a parar la caída del empleo privado registrado, que lleva doce meses bajando (ahora hay 241.000 menos que en noviembre de 2023).

Por otro, al aumentar el empleo registrado, subiría la recaudación del Impuesto a las Ganancias y habría más gente con capacidad de pedir préstamos bancarios (la rebaja de cagas sociales debería eliminarse gradualmente; por ejemplo, 75% el segundo año, 50% el tercero y 25% en el cuarto).

Si aun así los números no dan, se podría reducir el IVA a menos productos y/o pasar a 10,5% artículos que ahora estén exentos. La idea se podría reforzar moderando el ritmo de aumento de las tarifas de servicios públicos.

Obviamente, esto no sería una varita mágica, sino más bien un gesto hacia toda la gente que sigue apoyando a Milei aunque ahora mismo encuentra pocas cosas que celebrar (¡los triunfos pasados se olvidan pronto!).

Cuanto más se demore la recuperación de los sectores más intensivos en mano de obra (comparando los datos de mayo último con los del mismo mes de 2023, se encuentra una caída del 15% tanto en la construcción como en las manufacturas y una del 9% en el comercio mayorista y minorista), la apatía social que ya es perceptible tenderá a crecer. Y eso tendría una repercusión adversa en las encuestas, algo que no queremos los que apoyamos el proyecto de la libertad.

No se trata de pesimismo. Se trata de contribuir a evitar que los riesgos presentes se agiganten, para aumentar las chances de que la transformación en marcha se prolongue, como mínimo, cuatro años más.