Del Photoshop al transhumanismo

Disimular es fingir no tener lo que se tiene. Simular es fingir tener lo que no se tiene. Lo uno remite a una presencia, lo otro a una ausencia. Pero la cuestión es más complicada, puesto que simular no es fingir: Aquel que finge una enfermedad puede sencillamente meterse en cama y hacer creer que está enfermo. Aquel que simula una enfermedad aparenta tener algunos síntomas de ella” (Littré). Así, pues, fingir, o disimular, dejan intacto el principio de realidad: hay una diferencia clara, sólo que enmascarada. Por su parte la simulación vuelve a cuestionar la diferencia de lo ‘verdadero’ y de lo ‘falso’, de lo ‘real’ y de lo ‘imaginario’. El que simula, ¿está o no está enfermo contando con que ostenta ‘verdaderos’ síntomas? Objetivamente, no se le puede tratar ni como enfermo ni como no–enfermo. La psicología y la medicina se detienen ahí, frente a una verdad de la enfermedad inencontrable en lo sucesivo.
Jean Baudrillard, ‘Simulacro y simulación’

Esta semana la prensa mundial se vio sobresaltada, no por una escalada en la guerra en Ucrania o una invasión en algún lugar inesperado ni por temores de secesión en nuestro país, sino por otro tema entre tantos otros que nos mantienen en la infodemia, la epidemia de información. Los diarios, y de allí las redes sociales, convirtieron a Kate Middleton en ‘trending topic’, en tendencia. Kate es la esposa de uno de los hijos de la princesa Diana, nieto de la reina Isabel e hijo del príncipe, ahora Rey Carlos, Guillermo, el primero en la línea de sucesión al trono. Cada una de esas referencias es una perspectiva desde la cual es observado, él y su familia. ¿Cuál era el motivo del alboroto mediático y en redes sociales? El palacio de Buckingham publicó en Instagram una foto de Kate y los hijos por el día de la madre (en Gran Bretaña) para terminar con las especulaciones sobre su salud que habían sido muchas dada una intervención e internaciones desde el mes de diciembre pasado. Inmediatamente, diversas agencias y medios de Inglaterra y el mundo detectaron que la foto había sido manipulada digitalmente. De allí diversas e inquietantes hipótesis que son parte del signo de los tiempos, y que llegaron a tal nivel que ella debió aclarar que la había retocado como toda amateur.  
“Como muchos fotógrafos aficionados, de vez en cuando experimento con la edición. Quería expresar mis disculpas por cualquier confusión que haya causado la fotografía familiar que compartimos ayer. Espero que todos los que celebran hayan tenido un muy feliz Día de la Madre. C.", se disculpó.
Es decir, debió emitir un comunicado oficial aclarando en realidad que es ella quien está viva. Al mismo tiempo, las agencias de noticias emitían comunicados de cancelación urgente (Kill notification) avisando que lo que habían publicado instantes antes ahora dejaba de tener efecto.
Una publicación bajo un título sugestivo “El fin de la realidad compartida” (Kate Middleton and the End of Shared Reality) señala un punto que es muy interesante y es que ese evento se transformó en realidad en un test (de Rorschach lo llamaron) de una sociedad que se debate entre la distopia, la conspiración y la credibilidad.
Es decir, en épocas de videos e imágenes parciales y falsas por las redes, hay que rectificar, desmentir, y así queda establecida una serie de capas que hacen a todo hecho, pero no un hecho sino los reflejos múltiples de este. Así, por ejemplo, hace unas semanas supuestos videos del presidente Macron en los cuales se implantaba su rostro por IA, (interesantemente en épocas de diversidad e inclusión, las denostaciones tenían que ver con su sexualidad) o el cercano y más simple de un actor local que habría escrito en la palma de su mano un ataque al presidente (“Basta Milei”) y en realidad se había borrado lo que originalmente estaba escrito (su nombre). Sin embargo, aún cuando todos saben que es simple borrar algo y colocar otra imagen, decidieron creer lo que su test proyectivo, es decir sus ideas proyectadas, les indicaban y era que el actor debía ser un opositor, y por tal motivo “merecía” ataques hacia su persona. 
Constantemente hay casos -y sorprendentemente se decide creer- y eso lleva a plantearse que algo mucho más importante está en juego: ¿qué es real, o, peor aún podemos creer en algo? Esta ha sido la pregunta luego de lo de Kate Middleton. El periodista de The Times Simon Hunter señala: "Hay tantos rumores ahora mismo sobre la salud de Kate Middleton. Hay tantas teorías de conspiración que son tan absurdas: que haya muerto, que la han reemplazado con un doble...".
Hace unas semanas mencionaba la cuestión del Rey Carlos y la importancia de la notificación de su enfermedad en la nota “Cómo afrontar el diagnóstico de cáncer y apoyar a otros que lo padecen”. El objeto, según se difundió desde la casa real, era "para que los hombres vayan a hacerse la prueba". Sin embargo, ese espacio de realidad concreta (una enfermedad) también sufre el impacto de las interpretaciones y así ante el episodio actual de la princesa de Gales, se cambió la estrategia de comunicación. Una publicación británica dice: "Ahora han sido mucho más cautos y es verdad que no han dado muchos detalles".
En relación al episodio de KM, la reacción es la de siempre, matar al “supuesto” mensajero, no un planteo profundo sobre la cultura y la información. Los medios británicos decían que "hay especulación de que esto podría costarle el puesto a su jefe de comunicación porque esto es un desastre".

NUEVAS VALIDACIONES
Este tema es el emergente de otro bastante más profundo e inquietante que una foto retocada. Cada vez es más difícil determinar qué es real y qué no, qué es verdadero o falso, creíble o no. La efímera y caóticamente contradictoria validación se da en y por los medios y redes sociales, no por los hechos. Es muy habitual, por ejemplo, que uno vea (o lo padezca) cómo especialistas en un área son denostados por alguien que agrega un “copy & paste” sobre el tema en cuestión y sin embargo recibe -dada la potencialidad negativa y agresiva de su planteo- inmensa adhesión. La validación de la realidad es dada por el número de repeticiones, de likes. Hace ya algún tiempo, diversos estudiosos vienen señalando este fenómeno en el cual la influencia y la credibilidad está dado por la repetición, es decir por el número del rumor. No deja de ser de alguna manera la idea que se repite de Goebbels que en realidad tomó de Bernays: “una mentira repetida mil veces…”. 
En otro nivel de análisis, es de señalar que existen varios sesgos cognitivos que se relacionan con la tendencia a creer más en informaciones tendenciosas, o catastróficas o negativas, en preeminencia sobre una menos negativa o dramática. De alguna manera, el mal o las manchas ajenas puede darme un cierto grado de la seguridad del espectador, que vimos en el efecto espectador (Bystander effect), de allí la facilidad de estigmatización. El inconveniente en esta colusión entre las noticias falsas, los rumores que no necesitan ni quieren contraprueba, y a la vez las variables que da la inteligencia artificial -como son el tratamiento de las imágenes o inclusive la redacción de un artículo-, hacen que podamos llegar a un estado de disociación cultural en el cual nada es creíble, todo es creíble, o que la realidad es efectivamente la que queremos creer, tanto relativa a nosotros mismos como a los demás.
Así, por ejemplo, en otra manifestación del fin de la realidad, seguramente todos hemos tenido la experiencia de encontrarnos en un evento, reunión, conferencia, ante un desconocido que se presente y diga que es “NN” y amiga/o nuestro. Por supuesto, nosotros no lo conocemos, pero nos aclarará luego que “es amigo de” y menciona una red social. De manera casi constante esa persona, aun en perfiles con nombre correcto y demás datos, la imagen está modificada, o inclusive en estos tiempos ha sido retocada por un programa de imágenes o cómo está siendo común inclusive con personajes de la política por IA. Esa persona ¿cree ser aquel que presenta en su imagen?, ¿sabe que en algún momento deberá enfrentarse consigo mismo?

MANIPULACION DE MASAS
El género de ficción, e inclusive el de la comedia, el humor, parte de una complicidad entre escritor o actor y lector o espectador, en el cual el goce es ese acuerdo que se trata de ficción y por ende por oposición, el reaseguro de la realidad. Pero ¿qué pasa en la actualidad en la que la ficción e inclusive la modificación absoluta de un dato, una imagen, una información, reemplaza a la realidad?
En tiempos recientes se instaló una manipulación de masas colectiva en la cual supuestos científicos se nos presentan como expertos en un área. Sin embargo, responden a una metodología dogmática sectaria, la verdad era porque ellos la habían emitido.
Estos bloques fueron cimentando el camino por el cual hoy más transitamos, el de la desinformación. La paradoja es que la desinformación en realidad dice ser información absoluta sin necesidad de otra prueba que su propia aprobación y validación, y por ende lo que es información puede ser catalogado como desinformación.
Lo mismo ocurre con las imágenes falsas o modificadas.
El resultado es un estado de disociación cultural masiva, que nos ha logrado hacer entrar en un camino de despersonalización y de pérdida de contacto con la base de sustentación, con la tierra, es decir la cultura. Y, como dice la frase, “cuando cede la cultura, emerge el caos”. En la actualidad eso que emerge es cuestionar todo lo que nos hace reconocernos a nosotros mismo y al prójimo como parte de algo común, la humanidad.
Hay varias otras acciones que tienden a crear pérdida de contacto con las raíces, como por ejemplo, el culto a la sociedad multicultural, que implica, como se ha dicho en ciertos países, que ya ese país no tiene una cultura común, y eso ayuda a que ya no podamos reconocernos como parte de un constructo en el cual hay por ejemplo un pasado común.
Es por eso que el caso con el que iniciamos este artículo nos lleva a un interrogante mucho más grave: ¿Podemos reconocer algo sin dudar de ello, y en particular y sin darnos cuenta de nosotros mismos? ¿Tenemos una realidad, un anclaje cultural que nos sostenga ante la diversidad contradictoria?
La vía del fin de humanidad, de nuestra historia, tan postulada por activistas como Harari, sigue siendo construida por esos ladrillos, esas piedras de cada pequeño acto que construye una torre de Babel en la que nada sea comprensible, quizás dejando la vía abierta a que en el desconocimiento de quienes somos en lo individual dudemos en lo colectivo. Así quizás Ray Kurzweil, Yuval Harari y otros puedan justificar su prédica hacia el transhumanismo. En una nota pasada mencionaba cómo esto afecta nuestra cordura (“La nueva normalidad psíquica: camino al transhumanismo”). 
En la película Matrix el personaje Neo vende un programa y lo saca de un libro, inmediatamente ve el tatuaje de un conejo: Homenaje a Charles Lutwidge Dodgson, (Lewis Carroll) y a Jean Baudrillard quien a su vez en su obra rendiría homenaje a J.L. Borges. El juego de los espejos infinitos que tomamos por realidad.

“Hoy en día, la abstracción ya no es la del mapa, la del doble, la del espejo o la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni  realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive.  En adelante será el mapa el que preceda al territorio y el que lo engendre,  y si fuera preciso retomar la fábula, hoy serían los jirones del territorio  los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. 
Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los  del Imperio, sino nuestro desierto.  El propio desierto de lo real.”
Jean Baudrillard, “Simulacro y simulación”