Zafarrancho de combate

Tensión. Expectativa. Angustia. Tic, tac, tic, tac. Es martes por la tarde y el reloj desanda las horas hacia lo que Donald Trump anunció como “el fin de toda una civilización”. Los mercados obran en consecuencia. El petróleo acentúa la escalada del precio. Los inversores sopesan posibilidades frente a lo que empezó siendo un bombardeo más en Medio Oriente y ahora puede transformarse en la Tercera Guerra Mundial. Muchos temen que no haya día después.

Los especialistas hacen cálculos y publican lo que pueden ser sus últimos informes. Dicen que, si el mundo sigue girando después del ultimátum, los precios del barril de crudo continuarán por las nubes durante al menos un año. La infraestructura en la zona productora por excelencia ha sido seriamente dañada.

Es una sentencia o una promesa de mayor inflación a escala global. El latigazo se hará sentir en la cadena de productos y, en Estados Unidos, puede afectar seriamente a las inversiones bursátiles, donde está hundido el 60% de los ahorros de los estadounidenses. Teniendo en cuenta que este año hay elecciones de medio término en ese país, hay quienes arriesgan de que Trump podría estar dándose un tiro en el pie. Veremos.

Mientras tanto, en el extremo sur de Sudamérica, los habitantes de la Argentina libran su propia guerra en el terreno de la economía. Se han acostumbrado a estar en la trinchera. Hace años ya que viven con el casco puesto. Experimentaron administraciones de todo pelaje con similar resultado: el fracaso.

Su pelea no tiene que ver con misiles ni drones sino con llegar a fin de mes. Algo tan simple pero tan arduo al mismo tiempo. Las tarifas suben, los ingresos bajan. Y esta semana, además, la gente de a pie ha tenido que soportar la “retención” en el ámbito del transporte.

La falta de gasoil subsidiado disparó la reacción de los empresarios del sector, que decidieron sacar menos unidades a las calles y afectar así la frecuencia. Resultado: congestión en las paradas; hombres y mujeres viajando apiñados; demoras en la llegada al trabajo -pérdida del presentismo incluido-; retardo en el regreso a casa; una calidad de vida cada vez más machucada; bronca y desaliento.

La semana también sirvió para que se siguiera discutiendo en torno al dato de pobreza que difundió el Gobierno, donde abundan las dudas en torno a la anunciada merma del flagelo. Como bien dijo el sociólogo Eduardo Donza en la nota de tapa de este suplemento: se tiene la sensación -o más bien la certeza- que luego de pagar todos los gastos fijos casi no queda dinero para afrontar el resto de la vida cotidiana. No hay plata.

También el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dio a conocer su propia medición. Aquí surgió una singularidad que sabrán analizar los expertos: bajó la pobreza pero aumentó la indigencia. Además, la administración Macri informó que no habrá más planes sociales en CABA ya que serán reconvertidos en programas de capacitación e inserción laboral. Veremos.

EL TERMOMETRO

Los canales de televisión tienen la costumbre de llevar a sus periodistas a las calles para tomarle la temperatura a la sociedad. Los colegas insisten, se vuelven urticantes. Hasta no hace tanto, pese a la motosierra y el feroz ajuste, se sostenía una opinión positiva sobre el Gobierno. Pero ese bloque muestra algunas grietas. Parece que la paciencia tiene límites.

Aunque cierto fastidio empieza a aflorar a la superficie de este colectivo llamado la Argentina, las encuestas de intención de voto siguen siendo favorables para Javier Milei. Todavía está fresco el recuerdo del kirchnerismo y para muchos el contraste es severo. El respaldo aún persiste.

De acuerdo a la última encuesta de la consultora Isasi/Burdman, la imagen positiva de Javier Milei alcanza al 46% de las 2.190 personas consultadas. Además, el 47% hace una evaluación positiva de la gestión, mientras que el 43% la desaprueba.

Consultados acerca de si votarían hoy a Milei en una hipotética elección presidencial, el 46% le ratificó la confianza, contra el 39% que se opuso. A nivel partido político, La Libertad Avanza supera por 44% a 20% a su inmediato seguidor, el peronismo que llevaría como referente a Cristina Fernández, Axel Kicillof o Sergio Massa.

¿Cuál es el principal problema del país? La corrupción fue considerada en el puesto 1 con el 25%. Le siguen el desempleo, con 21%; la inflación, 12%; y la pobreza, 11%. Aquí emergen los vicios de la casta encarnados en la humanidad de Manuel Adorni y el temor a quedarse sin trabajo en un contexto de apertura económica, cierre de empresas e incremento del desempleo.

Por último, el 51% de los encuestados consideró que su situación económica empeoró en los últimos años -sólo el 18% mejoró-, el 39% proyectó que la economía caerá este año, y el 52% recalcó que el problema de la inflación no fue resuelto, pese a lo que afirma el Gobierno.

MACRO Y MICRO

Si la microeconomía no anda bien, algo falla en la macro. La frase no tiene un único autor sino que fue ensayada con distintas variantes por una retahíla de economistas que no ven con buenos ojos el rumbo que ha tomado el programa económico.

En esto de tirar sal sobre las heridas Domingo Felipe Cavallo suele ser un experto. Hace rato ya que por brindar su opinión franca desde su blog personal Mingo fue bajado del pedestal al que lo había subido Javier Milei cuando lo entronizó como “el mejor ministro de Economía de la historia argentina”. Esta semana, en cambio, el que tiró con munición gruesa fue Alfonso Prat Gay, otrora titular del Palacio de Hacienda en la gestión Macri y cercano a hombres como Luis Caputo y Santiago Bausili.

"No hay ningún programa económico que enamore si no genera empleo y producción", lanzó Prat Gay y dio en el clavo de uno de los problemas que muestra la gestión libertaria: la falta de creación de empleo y, peor aún, la tendencia alcista del desempleo.

En una reunión con empresarios agregó:

* “Es paradójico que un gobierno libertario que cumplió todo lo que le pidió Wall Street no logró acceder al mercado internacional de deuda”.

* “¿Qué pasa que los argentinos no terminan de confiar en el peso y qué pasa que los acreedores externos no terminan de confiar en el programa? Mientras no se resuelva esto, vamos a estar en una situación muy frágil”.

* “No puede estar bien la macro si la micro está mal. Si el resultado del programa económico es que la micro está mal, entonces está mal el programa”.

Las balas pican cerca. Otra señal de que las cosas no están saliendo del todo bien o que el plan económico deja heridas profundas es que la recaudación fiscal lleva 8 meses consecutivos de caída ininterrumpida. El consumo se resquebraja y se paga menos IVA. Ergo, entra poco dinero a las arcas del Tesoro.

Algo de esto saben las provincias, que vieron cómo el flujo financiero desde la Nación se retrajo 65,65% en términos reales en dos años. Para paliar este desajuste, el Gobierno giró a doce provincias un anticipo financiero de 400.000 millones de pesos.

El dato positivo en la semana fue que en medio de tanta incertidumbre local y tanto bombazo en Oriente Medio, la cotización del dólar se mantuvo inalterable. El hecho es auspicioso porque, tomado como ancla contra la inflación, el tipo de cambio es un elemento clave para que los precios no se desboquen.

Los economistas en postura crítica también cuestionan que el Banco Central no pise el acelerador en la tarea de reforzar las reservas internacionales. En el camino surge un tema estremecedor: la balanza negativa del turismo -salen más turistas de los que entran; salen más dólares de los que entran- podría agravarse a mediados de año cuando miles de argentinos viajen para ver el Mundial.

Otra buena llegó por el lado del comercio exterior y la generación de divisas. Las exportaciones hacia Brasil subieron 12% en marzo, aunque la balanza del intercambio bilateral continúa con un rojo de u$s 342 millones. “Se espera que el resultado comercial bilateral en 2026 siga en terreno deficitario, aunque menor al de 2025 (u$s -4.000 millones este año versus u$s -5.201 millones en 2025), consideró Abeceb”.

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Tic, tac, tic, tac. El reloj del juicio final detiene su marcha. Estados Unidos e Irán han acordado una tregua a la que pronto los analistas le encuentran un adjetivo: frágil. Israel amenaza con ignorarla. Hay desconcierto. No se sabe a ciencia cierta si los buques petroleros pasan o no por el famoso Estrecho de Ormuz. El precio del barril de crudo baja, al menos por un rato.

Mientras tanto, en la Argentina, la Industria encadena en febrero su octava caída interanual consecutiva, el sector automotriz se desploma un 24%, y la Construcción, sin obra pública, se retrae 1,3%. Los habitantes de este país maltrecho se enteran por los diarios que los ministros del Gabinete gozarán de un aumento de sueldo del 123% en mayo. Nada nuevo bajo el sol.