Buena Data en La Prensa

¿Y si nos bajan la palanca?


Nuestro mundo es cada vez más impredecible, circulan infinidad de teorías y versiones sobre lo que va a pasar con el poder mundial y cómo, las nuevas tecnologías, nos cambiarán la vida.

Escuchamos desde argumentos naif que afirman que solo se trata de herramientas y que todo depende de su uso, hasta apocalípticos que ven a cada paso una inminente guerra hollywoodense. En el medio, todo un espectro.

En la época de la guerra fría, el mundo era bipolar. Existían dos superpotencias Estados Unidos y la Unión Soviética. Dos grandes modelos y un mundo, en cierto sentido, previsible. El apabullante desarrollo tecnológico y la aparición de su majestad la IA están generando situaciones y posibilidades que escapan a la imaginación más florida.

Esta semana, el austríaco Volker Türkel, alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, aseguró que "todos los derechos humanos están en riesgo" entre ellos los derechos a la vida, la alimentación, la privacidad, la salud y la seguridad. Reclamó una acción urgente de parte de los gobiernos y las empresas para controlar los sistemas más avanzados. “Estamos al borde de un cambio irreversible, que nos afecta no solo a nosotros, sino también a las generaciones futuras de la humanidad”.

Algunos investigadores están empezando a reconocer que quizás la IA ya no esté bajo completo control humano. Miembros de OpenAI y de Anthropic han pedido una desaceleración sobre la IA.

Recientemente empleados de OpenAI evaluaron a más de 1000 IA que debían operar aisladamente y notaron que estas escaparon de sus contenedores aislados y empezaron a comunicarse entre sí. Lo llaman el Incidente Hugging face. Elon Musk expresó que todos los desarrolladores de IA deberían revisar la seguridad de sus modelos.

NOS PASÓ EL 2020

Regresemos en el tiempo. El criminal encierro al que fuimos sometidos hace seis años, fue una bisagra para la humanidad. Una situación propia del cine de ciencia ficción. Se hicieron e hicimos cosas que jamás hubiéramos pensado. Basta detenerse por un instante para recordar ciertas reacciones que tuvimos, los padecimientos y las víctimas.

En ese momento se habló de que llegaría una nueva normalidad. Quizás no entendimos exactamente a qué se refería el término o qué consecuencias prácticas tendría en nuestra vida. Pero la nueva normalidad es esta realidad que hoy vivimos naturalizando que nuestra rutina esté mediatizada y abrumadoramente digitalizada: trabajo, estudio, diversión y todo tipo de compras. Cosas cotidianas.

El reconocido filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han nos habla de la autoexplotación propia de nuestra época, refiriéndose a la actitud actual hacia el trabajo y el consumismo. Puede aplicarse el término, también al caso de nuestra relación con la mediatización digital en lo cotidiano. Nos estamos sometiendo voluntariamente a una explotación extrema bajo la falsa ilusión de la libertad y la comodidad. Regalamos datos personales sensibles, permitimos escaneos faciales y admitimos la geolocalización permanente sin chistar. Todo porque es más cómodo, porque obtenemos algún módico beneficio o porque no queremos parecer unos trogloditas. La tecnología nos está seduciendo y nosotros consentimos.

APAGAR TODO

Bajar la palanca es una expresión coloquial y metafórica, que se refiere a la acción de desconectar las máquinas, parar la producción, dar por terminado algo, cortar el suministro … en fin, apagar todo.

En la era de la virtualidad y de lo intangible cada vez dependemos más de la tecnología. Los distintos niveles de gobierno y las empresas nos fueron llevando y obligando a realizar los trámites digitalmente o en forma remota. Todo se fue naturalizando, pese a la resistencia de quienes todavía valoran la atención presencial y no aceptan tantos permisos y claves para realizar algo que antes se solucionaba personalmente.

Ante la pregunta del título de esta columna, ¿qué suponemos que podría pasar con nuestra vida cotidiana si existiera un gran apagón?

¿Y si cayeran todos o muchos de los sistemas de los que hoy dependemos?

¿Qué pasaría con nuestra salud, con nuestra seguridad, con nuestro trabajo, con nuestro dinero?

EXCURSUS PSICOLÓGICO

Solo como analogía y salvando la enorme distancia que hay entre los cuadros psicopatológicos y los acontecimientos socioculturales, en nuestra relación con las nuevas tecnologías estamos recorriendo las fases del mecanismo psicopático. Sirva solo como analogía.

La primera es la fase de seducción: la captación se logra con un encanto tal que abruma a la víctima quien queda subyugada por las virtudes del psicópata.

La segunda fase es la del miedo Una vez que la víctima está enganchada comienza a hacerla temer. Muchas veces no es un miedo físico, es un miedo psicológico, distorsionando la realidad o haciéndole sentir que la puede abandonar.

La tercera fase, es la de dominación. Se rompe la autoestima de la víctima, la aisla, le reduce su autonomía y hace que deje de lado sus valores y necesidades.

Como vimos, en los últimos días se estuvo hablando en los medios y en las redes sobre los riesgos y peligros que puede entrañar la IA agéntica, actuando de manera autónoma para cumplir un objetivo específico con poca o ninguna supervisión humana.

De la seducción pasamos al miedo. Y ya tuvimos la experiencia de cómo se puede manipular a una población con miedo. ¿Vamos a pedir, por favor, controles y regulaciones?

El lector podrá seguir a Buena Data en:

YouTube: /BuenaData

Instagram: @buenadata