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¿Y los padres donde están …?
“El desapego de los vínculos anuncia una cultura del egoísmo que terminará por debilitar los lazos sociales y familiares” (Z. Bauman- “Sociedad Líquida”).
En las últimas décadas, y de manera más acelerada en los últimos 10–15 años, la familia ha cambiado profundamente como institución, como organización cotidiana y como espacio de construcción de identidad. No significa necesariamente que la familia esté desapareciendo; más bien, se está volviendo, en algunos aspectos, más frágil o inestable.
Hoy en la clínica cotidiana de adolescentes con problemas serios de adaptación y de conducta observamos un número grande de jóvenes solos que, aunque viven acompañados, no tienen tutelas ni orientaciones en una familia en donde el único lugar común pareciera ser la heladera compartida.
Todo esto incide que lamentablemente se está deteriorando la transmisión de valores, afectos, informaciones y normas que de generación en generación deben circular para transformar a un niño dependiente en una persona libre y autónoma.
Nos podemos preguntar… ¿cómo puede funcionar una sociedad con los lazos del parentesco debilitados?
En Europa en este momento el 50% de los hijos vive en un hogar monoparental y esto hace que muchos sociólogos hablen del exilio de los padres (especialmente del padre) en la vida educativa inicial y adolescente.
Parecería que el valor máximo en la sociedad postmoderna de hoy es el vínculo sexual que funda la pareja más que el vínculo de filiación que funda el parentesco.
LA ENTRADA DE LA TECNOLOGIA EN LA VIDA FAMILIAR
Se han operado transformaciones fundamentales en los últimos años y uno de ellos ha sido la entrada de la tecnología en la vida familiar y esto resulta clave para comprender a los adolescentes
Antes, buena parte de la socialización ocurría mediante el circuito familia - escuela - barrio - grupo de pares. Actualmente aparece otro agente de enorme potencia como son los nuevos actores tecnológicos y este cuadro se transforma en familia - escuela - pares - plataformas digitales - algoritmos.
La estructura tecnológica atrapa la atención de los niños y la vocinglería de las placas a través de Tik-tok, Instagram, Facebook, etc. los encadenan, a muchos, durante horas y el teléfono celular introduce permanentemente dentro del hogar influencias externas: modelos de éxito, sexualidad, consumo, violencia, apuestas, drogas, ideales corporales, influencers y pertenencias grupales.
Además, los algoritmos digitales hoy deciden en forma automática que vemos, en que orden lo vemos y que nos recomienda después transformándose en un verdadero manual de conductas a seguir con el agravante de que atrapa nuestra atención y nos distrae del mundo de la realidad. Además, estimula nuestro sistema de recompensa cerebral activándolo a repetir incesantemente.
El adolescente puede estar físicamente sentado con su familia y, psicológicamente, encontrarse inmerso en otro grupo social. Menos tiempo compartido y mayor individualización y en muchos hogares, cada integrante posee sus propios horarios, pantallas, intereses y redes sociales. Se debilitan algunos rituales que históricamente organizaban la convivencia: comer juntos, conversar, visitar familiares o compartir actividades.
Puede producirse una paradoja muy contemporánea: mucha conexión digital y poca conversación familiar profunda. Aparece la muerte de la conversación entre los miembros de la familia generándose una soledad toxica con las placas del celular como únicos testigos de ese autismo creciente. Esto no ocurre en todas las familias, pero constituye una transformación cultural importante.
NUEVAS CONFIGURACIONES FAMILIARES
Existen una serie de cambios sociales y culturales que están repercutiendo en la vida familiar. Aparecen nuevas formas familiares que progresivamente se han instalado en la vida argentina como reflejo de cambios mundiales desde la década del 60 hasta la actualidad.
Entre los más importantes podemos citar: disminución del número de matrimonios, disminución de los matrimonios reincidentes, aumento de la cohabitación de prueba y de las uniones consensuales permanentes sin ningún registro legal, aumento de los divorcios y separaciones, aumento de las familias monoparentales con la mujer como única cabeza de hogar, disminución del número de nacimientos, aumento de los nacimientos extramatrimoniales, baja en la incidencia de los matrimonios bajo una regla religiosa, aumento de familias ensambladas (“los tuyos, los míos y los nuestros”).
Como datos significativos tenemos en nuestro país una menor centralidad del matrimonio, mayor convivencia consensual, mayor proporción de nacimientos fuera del matrimonio, más separaciones y recomposiciones familiares, crecimientos de hogares monoparentales y familias ensambladas con hijos de uniones anteriores de ambos padres.
En relación a las uniones consensuales de hecho aumentaron desde 1991 en un 18% a un 36 % en el 2010 y en los de 20 a 24 años un 62 % estaba en unión consensual. Según datos del Indec, los nacimientos extramatrimoniales eran del 24% en 1960 al 55% en el 2000. Según el Indec, en el tercer trimestre del 2025 el 16% eran hogares monoparentales y el 83% tenían jefatura femenina.
En determinadas configuraciones familiares con conflictos crónicos, violencia, abandono emocional, límites inconsistentes, parentalización de los hijos( hijos abandonados que deben asumir responsabilidades o cargas emocionales que les corresponden a los padres generándose una inversión de los roles generacionales), secretos familiares, consumo parental o ausencia prolongada de figuras cuidadoras, todo esto puede aumentar las vulnerabilidades cuando coinciden con traumas, disponibilidad de sustancias, exclusión social, trastornos psiquiátricos o grupos de pares consumidores.
CONSECUENCIAS CLINICAS
Como hechos que en la clínica de la atención a pacientes en carrera de consumo debemos apreciar son: A)- La entrada de la tecnología digital en la vida de las familias imponiendo modelos de identificación en contextos familiares ya de por si frágiles y B)- Las nuevas configuraciones sociales de uniones familiares que en muchos casos también son frágiles.
A esto debemos agregar la banalización del consumo de drogas desde edades tempranas lo cual hay que unirlos a la fragilidad de los vínculos y transmisiones familiares y a la repetición incesante que propone el mundo digital.
Hoy cuesta encontrar a los padres en una terapia de adolescentes con serios problemas de consumo de drogas y alcohol. A muchos los logramos encontrar, pero luego les resulta difícil estar o sea situarse en el rol que tienen y acompañar a sus hijos en el proceso de recuperación.
Entonces nos preguntamos … ¿dónde están? Es una presencia lo ausente, pero también vemos la ausencia de una función clave en la educación para la libertad de los chicos como lo es la función paterna y materna. Ser padres es una etapa de la vida que supera la cronología de la niñez, adolescencia, juventud, etc.
Ser padres es una etapa de la vida que supera la cronología de la niñez, adolescencia, juventud, etc. Es un salto cualitativo fundamental en nuestras vidas. Muchos tenemos hijos, pero nos cuesta ser padres. Si no están nuestros padres en momentos críticos ni acompañan no hay continuidad generacional y quizás la vida es solo eso: aquello que transcurre como transmisión de valores, afectos y sentidos entre abuelos, padres e hijos para luego ser pasada a los hijos de nuestros hijos. Cuando se rompe esa continuidad generacional nos quedamos solos y quizás es germen esa soledad de todas las enfermedades de los chicos y máxime en momentos tan estimulantes hacia lo negativo como por ejemplo es la oferta de drogas y alcohol a menores y la promoción de la transgresión vacía como estilo de vida.
