Vuelve Stomp, la aplanadora del ritmo
Pionera en el arte de la percusión con objetos cotidianos, la exitosa compañía inglesa regresa a Buenos Aires tras 16 años de ausencia. Uno de sus integrantes revela pormenores del espectáculo.
A dieciséis años de su última visita, la compañía inglesa de percusión con objetos cotidianos Stomp regresará a Buenos Aires para presentarse en una temporada limitada, a partir del 2 de septiembre y en el teatro Opera (localidades a la venta por Ticketek).
El elenco traerá una selección de los números más exitosos en más de tres décadas de existencia del espectáculo, varios de los cuales se mantuvieron en escena de forma ininterrumpida durante casi 29 años en el off-Broadway. Con más de 11.000 funciones realizadas en la Gran Manzana, hasta su cierre en 2023, la propuesta regresa ahora a la Argentina consagrada como uno de los entretenimientos artísticos más exitosos del último cuarto de siglo.
La expectativa por volver a verlo va en aumento, pero no es sólo del público sino también de los protagonistas. Lo admite Joshua Cruz, nacido en Nueva York como hijo de padres puertorriqueños, quien durante la pandemia de covid decidió mudar su residencia definitiva a la isla caribeña. No obstante, ahora atiende a La Prensa desde Roma, en una escala del tour que Stomp viene realizando por Italia y que incluyó también una parada en Trieste. Josh, como lo llaman, ingresó a la compañía hace ya una década. Debutó en Nueva York, giró por el sur de los Estados Unidos y en los últimos tres años recorrió Europa y Asia. En una cuenta improvisada calcula haber visitado en este tiempo 21 países.
-¿Qué condiciones debe cumplir un artista para entrar en la compañía?
-Se necesita tener ritmo, sin duda, y un carácter que te convierta en alguien especial. Podés ser chistoso o serio, pero debés diferenciarte del resto, ser un poco único.
-¿Bailarines o músicos? ¿Qué es lo que se prioriza en la búsqueda?
-Para ser parte de Stomp hay que ser, sobre todo, un gran músico, pero tener algunas dotes para el baile también. Aunque, en esencia, este es un espectáculo de percusión, por lo que la música es la columna vertebral.
Cruz se crió en una iglesia del Bronx y fue allí donde aprendió a tocar la batería. Al mismo tiempo, “y porque soy de Puerto Rico”, remarca con inocultable orgullo, “sé bien cómo bailar la salsa y eso me ayudó mucho a estar en este lugar”. En el show que pronto lo traerá a Buenos Aires convive con artistas ingleses, un madrileño y varios estadounidenses. No hay argentinos en el elenco.
EL ORIGEN
La semilla de Stomp comenzó a germinar en 1991 en Brighton, una bella localidad costera al sur de Londres, donde los actores y músicos Steve McNicholas y Luke Cresswell unieron sus caminos artísticos ligados al teatro callejero y la improvisación. La exitosa compañía que fundaron llegó a tener espectáculos fijos en el West End y el off-Broadway (donde debutó Josh) durante más de 25 años, aunque en la actualidad siguen adelante sólo con presentaciones en gira. Dos elencos recorren el mundo en paralelo.
Cada espectáculo de Stomp cuenta con un cast de doce artistas aunque actúan sólo ocho por función, permitiendo una rotación que garantiza el alto rendimiento del elenco. El grupo on tour alcanza las veinte personas contando asistentes de escenario, sonidista e iluminador.
-¿Qué puede esperar el público del show que traerán a Buenos Aires?
-Habrá mucha alegría, muchas sonrisas. Aunque nosotros no hablamos durante el espectáculo y todo lo hacemos con ritmo, hay situaciones cómicas que provocan la risa del espectador. Por otra parte, al ser todos nosotros tan distintos, la gente conecta siempre con alguno y se genera una identificación difícil de explicar.

La compañía nació en Brighton, Inglaterra, en 1991.
Junto con los números clásicos se verán en esta rentrée dos cuadros nuevos que Josh prefiere no develar. Admite, sí, que cada uno de ellos demandó de un mes y medio a dos meses de intenso trabajo creativo. Entre lo más extraño que hacen sonar como parte de la rutina menciona unas piletas de lavar metálicas, con vajilla y agua incluidas, además de tachos de basura, escobillones, cámaras de neumáticos y encendedores.
CONEXION
“Recuerdo que un día a la salida de la escuela mi madre me dijo: ‘tú tienes que ver esto’, y me llevó hasta la Segunda Avenida y St. Mark’s, donde se presentaba Stomp en el teatro Orpheum, y quedé fascinado. Los años pasaron, hasta que un día me postulé para tratar de ser parte y fui ahí donde comencé a trabajar”, evoca Cruz, no sin nostalgia y con el firme deseo de que algún día ese espectáculo fijo regrese a la cartelera neoyorquina.
-¿Qué lo cautivó?
-Hoy tengo 38 años, pero recuerdo que cuando apareció YouTube tuve la oportunidad de ver un video del espectáculo en el que el equipo tocaba sobre un edificio, una cosa muy bonita. Un día fui a un campamento y con un grupo de chicos nos pusimos a improvisar música, percusión, con lo que teníamos a mano, y eso me conectó con aquel show que tanto me había gustado. Creo que ese fue el origen de todo.
-¿Qué es lo más difícil de ser integrante de Stomp?
-El cuidado del cuerpo, la alimentación, el descanso, mantener la flexibilidad. Stomp significa pisar fuerte, darle duro, entonces tenemos que estar muy preparados. Nos cuidan dándonos masajes, tenemos un fisioterapeuta que nos mantiene el cuerpo al nivel de un deportista de elite o un bailarín de alto rango.

“Se genera una identificación con el público que es difícil de explicar”, sostiene Joshua Cruz. Debutan el 2 de septiembre en el Opera.
