EDUARDO MENDOZA REVIVE EN SU ULTIMA NOVELA AL DETECTIVE SIN NOMBRE

Volver a un personaje querido

‘La intriga del funeral inconveniente’ recupera al alter ego del autor que ya apareció en seis de sus obras anteriores. Una historia atravesada por la sátira y el humor.

El escritor español Eduardo Mendoza ha revivido al detective sin nombre en su novela más reciente, La intriga del funeral inconveniente (Seix Barral), convencido de que se trata de un personaje recurrente que guarda cerca de sí, "como en la mesilla de noche", listo para ser empleado en la próxima aventura literaria.

Al presentar la obra ante la prensa en Barcelona, la segunda desde que aseguró que se retiraba de la literatura, Mendoza explicó que el detective sin nombre es su “alter ego”, pero "más listo, más atrevido y con más éxito con las mujeres".

El escritor nunca ha participado del género de “la novela del yo”, ni se internó en la moda de la “autoficción”, pero admitió que se siente reflejado en ese detective disparatado que no tiene que ver ni con su vida ni con la de nadie.

“Siento que estoy contando mi propia vida, pero no la mía, sino la del niño que fui y que se divertía jugando con soldaditos en el suelo de casa”, confesó a los periodistas.

El detective sin nombre apareció por primera vez en El misterio de la cripta embrujada (1978). Esta fue su primera obra de la vertiente policial humorística, después del éxito obtenido con su debut, La verdad sobre el caso Savolta (1975).

Por aquel entonces Mendoza, quien nació en Barcelona en 1943, vivía en Nueva York en razón de su trabajo como intérprete y traductor en Naciones Unidas y no se dedicaba plenamente a la escritura. Se había embarcado en la narración de La ciudad de los prodigios (1986), acaso la más importante de sus novelas, pero no avanzaba y decidió desarrollar otra línea narrativa para entretenerse, sin mucha más ambición.

El querido personaje volvería aparecer a lo largo de los años títulos como El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras, El enredo de la bolsa y la vida y El secreto de la modelo extraviada.

UN AFORTUNADO

Ganador de los premios Princesa de Asturias (2025), Cervantes (2016) y Planeta (2010), el autor indicó que muchos escritores como él tienen esos personajes "a través de los que puedes vivir otras cosas".

Mendoza se considera afortunado de que los lectores hayan congeniado con el detective sin nombre y le pidan más historias protagonizadas por él.

Hace unos años aseguró que se retiraba del oficio, pero no fue capaz de cumplir con la palabra. "Me dije: '¿Y qué hago? ¡Si no tengo nada más que hacer!'", bromeó. Ahora se siente más "relajado" cuando escribe "sin obligaciones" y por "divertimento".

Mendoza escribe todos todo los días, aunque no siempre ese trabajo produce frutos. "Nueve de cada diez cosas que empiezo no llegan a término", precisó.

En la última novela, introduce la figura de un periodista en ciernes, Ramoncito Valenzuela, el autor de una crónica funeraria desafortunada. Ese escrito es el que precipita toda la trama del libro, repleta de intrigas, sátira y parodias.

Ese argumento le sirvió para replicar algunos de los errores clásicos del estilo de redacción periodística con los que se topa en la prensa, aunque en la presentación de la obra quiso dejar clara la "admiración" que siente por el oficio de informar.

"Ahora hay información en todas partes, pero los periodistas la ordenan -valoró-. Ayudan a que el público pueda generarse una opinión".

LA VIDA Y EL MUNDO

Aunque entiende que el mundo vive un "momento particularmente malo", Mendoza llamó a poner en perspectiva otras épocas. "No puedes pasar el día pensando que va a caer una bomba. Hay que vivir", instó.

"Muchos a mi edad se vuelven cada vez más cascarrabias, pero yo cada vez estoy más contento. Será que todo no anda bien", bromeó.

Según Mendoza, en estos momentos “hay gente en el poder (mundial) que no inspira mucha confianza".

"El género humano está mal diseñado, qué le vamos a hacer", lamentó. Por ese motivo opina que los actuales líderes mundiales no son merecedores de una de sus novelas.

"No sé qué le puede pasar a un personaje para decir que quiere destruir una civilización. No lo puedo entender", dijo en alusión al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y las amenazas que semanas atrás dirigió contra Irán antes de embarcarse en negociaciones de paz.

Mendoza dijo que en su forma de vivir y de escribir no puede evitar incluir el sentido del humor.

"Me vino ya de nacimiento y no sé si sirve mucho, pero me sale -comentó-. El humor y la literatura siempre están ahí".

Pero el humor se lo toma "en serio" y se considera "un artesano" del oficio de escritor. "Le doy mil vueltas al texto y cuando lo termino, estoy ya harto y querría no volver a saber nada", aclaró.

"Creo en el subgénero de la literatura del humor. El humor en un escenario tiene la réplica constante e inmediata, pero un libro implica lanzarse al vacío y que lo acabe leyendo alguien que será como sea, mujer u hombre, feliz o infeliz, listo o tonto. Y todo eso lo tienes que prever. Es la clave", resumió.

BARCELONA

En La intriga del funeral inconveniente Mendoza reivindica también su relación con Barcelona, la ciudad en la que nació.

Aunque en sus páginas se reflejan los problemas que incordian (e incluso expulsan) a los vecinos, como el exceso de turismo o la llamada “gentrificación”, los viajes y sus contactos en el extranjero le han permitido mirar la ciudad catalana desde otra perspectiva.

“La imagen que da Barcelona hacia afuera es inmejorable. A mí me sorprendía, pero luego vi que los problemas que tiene son los mismos que el resto de grandes ciudades del mundo y no tenemos otros”, explicó.

En su opinión la ciudad condal es una mezcla perfecta de “ciudad civilizada y ordenada” pero también “canalla y tercermundista”.

“Tiene buen clima, se come bien, la gente es amable comparativamente y los servicios funcionan bien”, apuntó antes de señalar que que, con el tiempo, “ha mejorado”.

CONTROVERSIA

Por eso sorprendió que, durante la presentación para la prensa de la última novela, Mendoza haya arremetido contra una de las fiestas más apreciadas por la población catalana y más fructífera para el sector: el 23 de abril, el día de Sant Jordi (San Jorge) en Cataluña y el Día Internacional del Libro en el resto del mundo.

“Es el Día del libro, siempre se había llamado así. Y un día Sant Jordi se metió ahí, pero no pinta nada -ironizó ante los periodistas-.Sant Jordi era un maltratador de animales que seguramente no sabía leer, no tiene nada que ver con los libros. No es el patrono de los escritores, no es nada. Ha aprovechado la fecha y se ha metido ahí, pero hay que decir el Día del Libro”.

Estas declaraciones desataron una virulenta polémica en redes sociales y el rechazo tajante de los militantes del soberanismo catalán.

También se pronunció el gobierno de Cataluña a través de su portavoz, Sílvia Paneque, quien subrayó que Sant Jordi "es la fiesta cívica más importante de los catalanes y catalanas", y por eso no es posible "estar de acuerdo" con las afirmaciones hechas por el escritor barcelonés.

Pese a su indignación, las autoridades no llegaron al extremo de respaldar la campaña que exhorta a retirar la Cruz de Sant Jordi concedida en 1995 a Mendoza por el entonces titular de la Generalitat, Jordi Pujol.

“Me parece una tontería”, dijo el consejero de la Presidencia catalana, Albert Dalmau, en una entrevista con un medio local.

En ese diálogo el funcionario dejó en claro que el ejecutivo catalán no se plantea en ningún caso retirar la máxima distinción otorgada al novelista por la Generalitat hace más de tres decenios.