“Volvemos a una etapa de feudalismo global”

Frente a la mesa de arena de la guerra en Medio Oriente, Mariano Turzi, analista en política internacional y docente de la Universidad Austral, abordó la trama del conflicto junto al embajador Jorge Argüello como parte de una entrevista del ciclo 2026 del espacio Efecto Mariposa.

-¿Los casos de Venezuela, Groenlandia e Irán tienen que ver solamente con la gestión Trump o con intereses permanentes de los Estados Unidos?

-Empecemos por Venezuela, que está más cerca en la región. Primera reserva de petróleo del mundo. Y, además, la manera en que Estados Unidos se hace del petróleo, saquemos por un instante la operación a Maduro, deja en claro que es una estructura de toma de petróleo que está en bancos en Medio Oriente. Ese dinero no pasa por Estados Unidos. Se busca deliberadamente llevar ese petróleo para disminuir el consumo de países como India del crudo ruso. Esto es una maniobra en el plano energético-económico en enero, y los mismos actores hacen la misma maniobra ahora en Irán que patea el tablero energético. Realmente si uno mira el impacto energético-económico que puede tener descabezar el régimen iraní, puede ir en contra de los beneficios que arrojó el descabezar el régimen venezolano. Entonces ese tipo de contradicciones también están.

-Pienso también en la llamada Doctrina Donroe (mezcla de Donald y Monroe).

-La Doctrina Monroe era igual de desagradable o igual de incómoda para los países de América Latina pero tenía una coherencia estratégica muchísimo más grande de lo que tiene esta. El Big Stick y Teddy Roosevelt no era la calidad de política exterior que tenemos ahora. Eso está muy claro. El liderazgo político en el mundo se ha erosionado en términos de calidad. Uno mira 50 o 60 años hacia atrás y puede comparar niveles de liderazgo muy diferentes. El punto más crítico es la externalidad que esto puede tener sobre Cuba. La caída del sponsorship venezolano sobre Cuba, más allá de que el liderazgo haya prácticamente quedado en pie.

-¿Qué pasa con Corina Machado? Se especulaba con que el desplazamiento de Maduro era para poner en el Gobierno a Machado, pero está totalmente corrida.

-Creo que la palabra lógica es clave. Esto no tiene una lógica clara. Si bien muchas de estas tendencias están prefiguradas en la política exterior norteamericana, la idea de que Donald Trump iba a instalar a Corina Machado o que iban a compartir el Nobel… Acá me parece que hay visiones bastante más cortoplacistas e intereses económicos más ocultos pero no por eso menos fuertes. La operación en Venezuela no era para poner a Machado, como ahora en Irán tampoco van a sponsorear al Sha. A Pahlaví no lo van a poner y acompañar. No son los neoconservadores de Bush, no vienen con una agenda de cambio de régimen, liberal, de apertura democrática. Los Fukuyama de Bush no están presentes en la administración Trump.

ESTRATEGIA

-¿Pesa en el sistema de decisiones la condición de cubano de Marco Rubio y la comunidad cubana en Florida, que ha pasado a ser un Estado central en el diseño electoral de Trump?

-Por ahí viene, por el diseño electoral. Desde Bush, Florida es el Estado disputado por antonomasia en el sistema político norteamericano. Esa disputa en la época de Bush ahora es Mar-a-Lago, con el oro y la manera de Trump. En el armado MAGA la política territorial de Florida ha tomado un lugar central. Eso hace que el poder de lobby que tiene ese segmento pueda determinar una política exterior que no siempre está en sintonía con los intereses de los Estados Unidos. Si uno mira esta ráfaga de eventos no ve dónde todo esto es consistente con la pelea de fondo con China, con la contención de Rusia, que son los grandes temas geopolíticos de la época.

-¿La doctrina Donroe expresa un momento en la gestión Trump o tiene raíces en la estrategia permanente de los Estados Unidos?

-Creo que muchos analistas, y sobre todo periodistas, se quedan encandilados con el estilo de Trump, pero hay que distinguir estilo de estructura. Es lógico que Estados Unidos en términos relativos vuelva a América Latina porque todas las grandes potencias están volviendo a sus áreas de influencia. Por ejemplo, Ucrania y Rusia; el Este de Asia y China; y América Latina y los Estados Unidos. Hace un tiempo decía que volvemos a una etapa de feudalismo global. Los grandes castillos empiezan a cerrar sus áreas de influencia.

-Me viene a la memoria una frase de Da Empoli (Giuliano) que dice en el libro La hora de los depredadores, acerca del orden mundial post Segunda Guerra Mundial, que “es una anomalía histórica relativamente corta sostenida por condiciones geopolíticas muy específicas. Y está acabándose”. La normalidad, dice él, es la competencia cruda y dura por el poder. ¿El arranque del 2026 le da la razón a este autor?

-Lamentablemente sí. Porque si bien muchos realistas hoy se ven reivindicados en sus ideales, creo que recién estamos viendo las primeras salvas de algo que puede ser más grande. Esto no es 1914, esto no es 1939. Nosotros tenemos una economía internacional globalizada y se han globalizado los riesgos. Es decir, el Imperio Romano podía caer y los Incas y Aztecas ni se enteraban. Uno tiene que comprender el sistema de interconexión que tiene el sistema planetario hoy en todos los planos: financiero, económico, militar y ambiental. Me parece que estamos en un gran problema porque no estamos mirando de manera holística ni de largo plazo todo esto.

-Esta falta de normas, de instituciones, llevaron al presidente Trump a decir que iba a anexar Groenlandia por las buenas o por las malas. Eso generó una reacción en la Unión Europea. ¿Cuál es la importancia de Groenlandia?

-Lo que me dicen analistas militares es que Groenlandia es un territorio estratégicamente vital en el contexto de un domo dorado. Es el último punto geográficamente donde se pueden interceptar misiles balísticos intercontinentales. Ahora, la manera de tomar ese territorio o de hacerle bulling a la OTAN, bueno, hay maneras y maneras de hacer esto. Cuando Estados Unidos y la Unión Soviética decidieron reducir sus arsenales nucleares lo hicieron de una forma bastante menos vociferante. Uno puede tener Guantánamo en Cuba y nunca escuchamos a algún líder cubano hablar de Guantánamo. Para eso existe la diplomacia, para llevar adelante este tipo de cuestiones. Uno puede estar de acuerdo o no con estas políticas, pero de hacerse deberían hacerse de otra manera. De hecho, no se logró un avance sobre Groenlandia. Cuando uno pasa el rasero, ¿qué quedó? Nada. Ahora, cuando la textura de la política internacional pasa a ser la psicología de una persona en particular, es muy peligroso. ¿Por qué? Usé la figura del bulling y todos sabemos que el bulling se termina cuando alguien aplica una fuerza mayor a la de quien ejerce el bulling. El agregado es que hay más violencia en el mundo. Que los analistas más importantes del mundo no puedan prever a una semana lo que va a ocurrir, da la noción de que no se están siguiendo criterios estratégicos. Trump es un cambio de época. Cuando aparece este arquetipo es porque el orden está cayendo. Pero al orden no le sigue otro orden, hay un período de desorden tremendo.

-¿Vamos a un tiempo de predominancia de las áreas de influencia? Mark Carney, primer ministro de Canadá, dijo en Davos que lo que hay que hacer es identificar y unir un plan de trabajo común de todas las potencias medias, que prescindan de Beijing, Washington y Moscú. ¿Cuál es su visión?

-Me parece que el discurso de Mark Carney es excelente para hace 15 años. Es como cuando iba Xi Jinping a Davos, que eran los discursos de Clinton sin la democracia. Quizás es polémico pero creo que la idea de las potencias medias y todo lo que es neutralidad, equidistancia, son construcciones peligrosas para las potencias medias. Me sorprende que en América Latina no nos demos cuenta. Arbenz (Jacobo), Guatemala, año ‘50, buscó una vía independiente. Fidel Castro dio un discurso en Harvard. No era el Castro que fue después. Creo que cuando recrudece la competencia entre los centros, la autonomía de las potencias medias, de los no alineados, se pulveriza. Hoy no creo que haya lugar para que India plantee una posición como la que planteó Nehru. Y la interdependencia económica y tecnológica la vulnera completamente. Estados Unidos va a venir a preguntar: ¿vos vas a hacer el desarrollo 5G con China? No hay espacio para eso. Antes uno no dependía tanto, las tecnologías estaban más localizadas territorialmente.

LOS BRICS

-¿Qué futuro le ve a los Brics en el actual contexto?

-Hice el primer libro sobre los Brics hace 15 años. Veamos el primer Lula y el Lula actual. El internacionalismo activante y vivificante del primero y la actual. La postura internacional de liderazgo de Brasilia y el rol actual. Eso muestra como ningún otro indicador el contexto. Dos Brics fueron bombardeados: Rusia e Irán. ¿Escucharon algún pronunciamiento? No hay nada. Cuando las potencias entran en confrontación el margen de autonomía es muy limitado.

-¿Por qué pasa todo junto ahora? ¿Qué está ocurriendo?

-Nosotros tenemos una crisis en múltiples niveles. Hay una crisis del Estado como mecanismo, que es eminentemente territorial, es inadecuado para una economía trasnacional, tecnológica, de capitalismo de datos. Ese entramado de gobernanza es muy difícil. El segundo es económico. La globalización no dio las promesas que tenía, es decir el libre movimiento de capitales, bienes y personas. Como el Estado ya no es mecanismo y el mercado tampoco, tenemos esta enorme frustración social que genera la polarización en la que estamos. Realmente es muy preocupante.