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Visión del túnel: las adicciones de hoy
“Si queréis comprender el mundo… palpen la pared en una habitación a oscuras” (M. Horkheimer)
Muchos pacientes terminan teniendo lo que llamamos “la visión de túnel”
en donde el mundo se ha tornado muy estrecho en lo relativo al campo de los intereses, motivaciones y decisiones y las conductas adictivas dirigen toda su vida y la recompensa solo está ahí quedando “embargados” y sometidos a activar compulsivamente solo un conjunto de conductas. Manda la repetición, la esclavitud los domina.
Hoy las sustancias forman parte de este túnel, pero no solo ellas. El mundo de las apuestas también está ahí, las páginas sexuales con su tentación de goce instantáneo, los prestamos online que dan y al mismo tiempo exigen con intereses usurarios.
Ese “combo” en muchos casos se ha transformado en un “infierno para los vivos”: drogas que secuestran motivacionalmente a un sujeto que queda sujetado, páginas de sexo, apuestas deportivas, prestamos que se renuevan con deudas cada vez más millonarias.
El celular es clave en la vida de los que llegaron a la “visión de túnel” ya que desde ahí el mundo de los “deliverys” de drogas existe como también el de las apuestas, las páginas de sexo y los préstamos on line. Todo pasa por ahí mientras los “algoritmos digitales” los van encadenando cada vez en deseos que se van retroalimentando permanentemente.
Esta visión de túnel compromete diversas estructuras vitales en la vida de nosotros como seres humanos:
A) Nivel neurobiológico: se van modificando progresivamente los circuitos de recompensa, aprendizaje- motivación y vamos quedando encadenados a ciertas señales ligadas a las drogas, la pornografía y la ilusión del dinero fácil generándose un verdadero “secuestro motivacional”. A la vez conjuntamente se va generando un deterioro del control ejecutivo prefrontal que es un eje del pensamiento y de la inhibición de las conductas;
B) Nivel psicológico: se reduce nuestro horizonte vital a una serie de conductas que se resumirán en: “donde consumir, con quien , como obtener dinero, cuando volver a consumir”. Familia, estudio, trabajo, salud van quedando atrás.
C) Nivel vincular: la identidad se centra en el consumo y la compulsión manda olvidando y dejando vínculos gratificantes del pasado.
HISTORIAS DE VIDA
Jorge, 25 años, me sorprende con su dolor y logré establecer con él un vínculo fructífero. Al llegar a la comunidad terapéutica me cuenta que debe 10 millones de pesos a sitios de préstamos. Su vida adictiva lo encadenó y el dinero que conseguía con préstamos lo convertía en sustancias o en apuestas de juego (casinos on line) y todo esto se había convertido en un “túnel” en su vida. Le pregunto cómo conseguía ese dinero, me mira extrañado y me dice que abra un sitio de préstamos en mi celular y aparecen más de veinte sitios que prometen prestamos incluso algunos con el Veraz. Los primeros son de 40.000 pesos para devolver en, 10 días, 60.000. Si eso se devuelve ya los prestamos son más altos. La no devolución implica primero una advertencia amenazante y luego diversas situaciones persecutorias incluso con riesgo de vida. Pasaba horas y horas “apalancado” en préstamos, apuestas on line y la compulsión del consumo.
Mundos marginales, pero también me cuenta que hay prestamos que no están en Internet y que en los barrios más marginales dan los “dealers” del barrio y en donde el no pago lleva, incluso, a la muerte.
Mientras tanto un compañero de tratamiento se acerca a mí y me comenta que había alquilado un departamento temporario para estar sin que nadie de la familia lo moleste encadenado al juego, la compraventa de monedas digitales, el sexo, etc. Todo con el “combustible de la droga”.
LOS TUNELES DE HOY
Max Horkheimer nos enseña que hay que aprender desde los límites. A veces no vemos los límites. Nuestra visión de la realidad por momentos es “ciega”. No vemos lo evidente, quizás porque no tenemos conciencia de lo que existe.
Miles de personas viven en túneles, refugios en donde la nada habla de seres vacíos y que se sienten nadie. Estos “no lugares” pueden ser casas del “paco” como nuevos fumaderos de opio ya no en la Europa del siglo XIX sino en las urbes de hoy, también el casino o el bingo barrial que puede ser otro túnel elegido en donde la magia convoca diariamente al ama de casa antes de la compra matinal o a cualquiera que “montado” en un sueño quiera multiplicar sus ganancias, angustias y autocastigos.
Formar parte de “tribus urbanas” es también una de las nuevas formaciones sociales. Hoy, nos referiremos a las “barras bravas”, profesión buscada en los paraísos del vacío de identidad de miles en los barrios.
¿Que vemos en la consulta de pacientes que pasan por estas organizaciones?
Hay dos tipos de agrupamientos: A) los gerenciadores o los que aspiran a serlo de estas “barras” y su sequito de consulta, asesores y contactos y B) la mano de obra fanatizada que pertenece a sectores “invisibles” y excluidos (sociales, afectivos, familiares) compuestos habitualmente por adolescentes con crisis de tutelas y orientaciones sociales y familiares.
El sector gerenciador de las barras habitualmente tiene dos tipos de liderazgo. Uno está compuesto por “delincuentes de cuello blanco”; personalidades disociadas que pueden llevar dos vidas que no son para ellos contradictorias. Nos encontramos así con abogados, médicos, contadores, etc.; o sea profesionales universitarios que mutan su vida los fines de semana, pero siempre con claros fines antisociales matizados por la venganza y la violencia.
El otro sector gerenciador son lideres que han llegado a esa posición a través del ejercicio del poder en su versión mortífera para así llegar a situaciones de mando. Ahí “la culata” es fundamental, así como la “amenaza” en el momento justo a las tropas de ocupación a los fines de disciplinarlos para alistarlos frente a los enemigos que son los “otros” (clubes rivales, grupos determinados, etc.).
Los dos tipos de gerentes tienen una red de contactos internos (de cada club) como externos (lideres locales, “dealers”) que les aseguran un combustible económico y químico que permitan saciar la sed de venganza como también la necesidad de sentirse vivos (que para ellos es sentirse “duros” con sustancias). También a esto último lo llaman sentirse “puestos”; así funcionan los premios para los súbditos.
Luego en un segundo plano está la mano de obra fanatizada que son jóvenes con escasa escolarización, precarizados laborales, sin seguridad social y con falta de información y formación sobre calidad de vida (alimentación deficiente y pobre en vitaminas y proteínas y alta en grasas, así como uso de tóxicos en forma cotidiana como alcohol y drogas); y básicamente des-familiarizados y con escasa contención y lazos sociales. Son la masa de los llamados por hoy “jóvenes invisibles” como reflejo de la crisis de identidad y de pertenencia a sectores culturales que los puedan humanizar en su desarrollo.
Aquí han fallado todos los factores humanizantes; o sea todos los hechos educativos múltiples (familia, escuela, circuitos culturales, etc.) que nos convierten en seres de convivencia. Es que encontramos una creciente disociación entre las instituciones y los espacios juveniles. Para estos “jóvenes invisibles” hay solo pocos territorios claves: la ocupación de la calle, el club, la esquina y sólo pocos emblemas a defender y uno de ellos es el “manto sagrado” que los identifica: la bandera del club que funciona como grito de guerra o como prenda de armisticio.
Ser “barra brava” es un túnel hoy muy prestigiado en nuestra sociedad.
