‘LA HIPOTESIS MÁS PELIGROSA’, DE ARTURO PEREZ-REVERTE

Viaje de iniciación en las aguas del Mediterráneo

En la novela conviven un adolescente díscolo con un marino experimentado y misterioso. Una historia con tintes alegóricos y fundamento en el pasado que también interpela la realidad del siglo XXI.

Escritor infatigable, novelista prolífico y marino por elección, Arturo Pérez-Reverte disfruta navegar por la memoria del Mediterráneo, esa que está poblada de leyendas, mitos y guerras.

Lo ha vuelto a hacer en su nueva novela, La hipótesis más peligrosa (Alfaguara), una historia de iniciación que sigue las peripecias de un joven en busca de su padre y que semanas atrás presentó a la prensa en la isla italiana de Prócida.

La novela ya salió a la venta en España con una tirada de 180.000 ejemplares y en las próximas semanas llegará también a Latinoamérica. Es uno de los grandes lanzamientos del cierre del año en el mercado de habla hispana, y con más razón puesto que se trata de la pluma de un autor bendecido por el éxito que cuenta con alrededor de 27 de millones de lectores.

"El Mediterráneo siempre fue caos, incesto, culturas superpuestas, fue guerra, revoluciones e invasiones y Europa lo había intentado civilizar, pero ahora es al revés: es el Mediterráneo el que está descivilizando y llevando el caos a Europa", afirmó el escritor, académico y excorresponsal de guerra.

Debido a las corrientes migratorias aceleradas en el siglo XXI, Pérez-Reverte dice encontrarse con el Mediterráneo en Berlín, en Copenhague, en Oslo, en Londres o en Madrid.

Asegura que con "cada patera, cada frontera que se cruza extiende el Mediterráneo", pero también acepta que cada vez tiene "más dudas y menos certezas" y que "quizá Europa merezca que la recolonicen".

SIEMPRE EL MAR

Apasionado del mar y la navegación, a la que ha dedicado otras novelas como La carta esférica (2000), El italiano (2021) o La isla de la mujer dormida (2024), el escritor nacido en Cartagena (Murcia) eligió esta vez embarcar en un velero a un joven de 16 años.

Se trata de Cal Gadea, un muchacho huérfano de madre, criado por sus abuelos y aficionado a los videojuegos, que hará la travesía junto a un misterioso marino y traficante de arte con quien cruzará el Mediterráneo, desde Calpe (Alicante) hasta la libanesa Tiro.

Por el camino, el joven Cal se enfrentará a situaciones que lo harán madurar mientras el hombre, llamado Asier Lerrant, y del que sospecha que es su padre, le va narrando episodios históricos, desde la Jerusalén ocupada por las legiones romanas a la batalla de Lepanto y de la inauguración del canal de Suez al Holocausto.

En la ficción Lerrant se permite jugar con la idea de que es, en realidad, Ashverus ben Uriel, el Judío Errante, aquel hombre maldito por Cristo en el siglo I que lleva dos mil años navegando por estas aguas “donde todo ha ocurrido ya mil veces antes”.

Pérez-Reverte confesó a los periodistas que dedicó un año y medio a este libro, no solo a escribirlo sino a documentarse acerca de los acontecimientos más notorios del continente. No lo hizo con la pretensión de mostrarse didáctico sino para mejor concentrarse en el relato.

"Navegar por el Mediterráneo es navegar por Virgilio, Jenofonte, por Homero y Dante", señaló el escritor, de 74 años, que dice encontrarse cada vez más cómodo en este escenario.

"Como los elefantes, voy buscando un sitio donde descansar", bromeó.

"Fui educado en los conceptos de patria, nación, sociedad y con los años me he dado cuenta de que mi patria es el Mediterráneo. Me siento más en casa en Prócida, en un café de Estambul, en un restaurante en Tiro o en un lugar de Tánger que en París, Nueva York o Ámsterdam".

“El Mediterráneo es mi vida, nací en su orilla -confesó al diario español ABC-. Cuando tenía 16 años, mi padre me embarcó en un pesquero de arrastre para trabajar durante dos meses entre Cartagena y Almería. ¡Hoy lo habrían llevado a la cárcel!”.

MALESTAR

La hipótesis más peligrosa responde a una motivación ulterior. Es una novela que Pérez-Reverte ha escrito pensando mucho en los jóvenes.

"Están cabreados porque han sido educados para un mundo que no es real y cuando descubren que los hemos engañado se enfadan", opinó.

Lo que le interesaba al escritor era tomar a ese joven en el momento del rencor, del conflicto, y colocarlo "en un escenario donde todo ha ocurrido ya mil veces, una especie de palimpsesto donde se van juntando las cosas".

Mientras escribía, por su cabeza de gran lector se paseaban clásicos inoxidables como La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson; Un capitán de 15 años, de Julio Verne, o El lobo de mar, de Jack London, historias de jóvenes que descubren el mundo a través de las enseñanzas aprendidas del mar y de los marineros.

Por otro lado, Pérez-Reverte, novelista de formación clásica, encontró un aliado narrativo perfecto e insospechado en el ámbito de los videojuegos.

"El gran futuro de la narración es el videojuego", aseguró. Aunque también cree que la novela sigue siendo hoy el mejor modo de entender el mundo.

"Tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender, y la lectura permite comprender hasta el horror", recordó.

COMO EN LA VIDA

Pérez-Reverte admite que los personajes de todas sus novelas -que ya superan la treintena- tienen mucho de sí mismo.

“Asier es un personaje de ficción, pero yo, evidentemente, soy un hombre de mar experimentado. Soy capitán de yate y navego en mi velero desde 1994, por lo que muchas de las cosas que viven los dos protagonistas no me las ha contado nadie ni las he tenido que leer, las he vivido”, declaró al diario ABC.

El escritor, dice reconocerse, por ejemplo, en una frase de Lerrant: "Los humanos somos asesinos naturales".

“He conocido a músicos que tocaban el violonchelo y se convertían en francotiradores para matar a niños. Hice amigos estupendos en la guerra de Eritrea en 1977 que luego se dedicaron a matar a prisioneros”, evocó.

Hay otro punto de discordia con ciertas ideas convencionales. Por caso, la ciega confianza en el progreso de la humanidad, que al padre del capitán Alatriste le resulta sospechosa.

"Hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales pero el ser humano básicamente es lo que era, tiene todavía esos viejos instintos -subrayó-. A cualquiera de nosotros nos ponen en una situación extrema, nos quitan el agua, la luz, la ropa, la comodidad, y sale lo que tenemos dentro".

LA REGRESION

El escritor, que durante 21 años cubrió 18 conflictos armados como corresponsal de guerra (Malvinas, Nicaragua, el Golfo Pérsico y la fractura de Yugoslavia), está convencido de que la regresión es posible.

“En mi primera guerra yo ya sabía latín y griego y había traducido la Ilíada, la Odisea y la Eneida -señaló al ABC-. Me di cuenta de que Sarajevo era la Troya de nuestro tiempo, la ciudad que ardía bajo las llamas de sus atacantes. Todas las guerras que he vivido, en realidad, son la guerra de Troya. Solo cambian los medios técnicos, pero la base es la misma: el ser humano cometiendo atrocidades”.

Por ese motivo, Pérez-Reverte entiende que se avecinan tiempos complicados y que la falta de cultura, de conocimiento, nos hace vulnerables, "más que hace un siglo, más que hace dos siglos, y eso me preocupa".

"Somos tan idiotas que pensamos que no, pero la regresión es facilísima -advirtió-. Basta un clic, un político con mala intención, una catástrofe natural, cualquier circunstancia extrema, para que aparezca el asesino natural que es el ser humano".