La belleza de los libros

Variaciones sobre los cuatro ciclos

Por Danilo Albero

Hojeé mi Cuaderno de notas sueltas donde registro ideas encadenadas a desarrollar; proyectos de escritura que surgen de lecturas de libros o artículos de todo pelo y calaña que veo en diarios y revistas literarias. Sigo el arcaico método que inventé hace añares: anoto una síntesis del esquema a escribir y lo dato, cuando lo concreto lo cruzo en rojo y vuelvo a fechar. A finales de noviembre escribí: “Comienzo de El 18 brumario de Luis Bonaparte, Los cuatro ciclos y cita de Mark Twain”. Hoy, domingo 8 de marzo, lo crucé en rojo y feché.

A Los cuatro ciclos acudo con frecuencia por el poder de síntesis de las formas posibles de narrar que compendia Borges -y la secuela o precuela de relaciones que convoca: una ciudad amurallada que defienden hombres valientes; la segunda, relacionada con la primera, el regreso de un hombre a su casa; la tercera, una búsqueda que puede ser exitosa como la de Jasón o desventurada como la de Ahab. Salteo la cuarta y pienso si podría agregar un quinto ciclo de mi propia zafra: la historia de una investigación, en este caso la mía para escribir estas líneas.
Relatos de ciudades cercadas hablan de vencedores y derrotados que huyen a la procura de una nueva tierra -lo cual conlleva búsquedas que pueden ser exitosas o desventuradas-; también a descendientes de un pueblo lejano de regreso al hogar de sus ancestros. De la primera da cuenta la huida de Eneas de Troya para recalar en Italia; de la segunda, a Moisés conduciendo el éxodo del pueblo judío desde Egipto hacia la Tierra Prometida; circunstancias que se volverán a contar y recontar, infinitas veces, entre otras: pueblos que, escapando de las hordas de Gengis Khan se afincaron en lo que hoy son países del este europeo.
En un gran salto, siguieron los peregrinos del Mayflower que, desde Inglaterra, llegaron a las costas de Massachusetts; tras de ellos, siglo y medio después, irlandeses huyendo de La Gran Hambruna, por razones similares, entre otros: italianos o, poniendo distancia con pogromos, judíos del este europeo.
En nuestro país, empezamos con la distante Colonia Esperanza origen de nuestros gauchos judíos; por el resto de Iberoamérica: europeos y asiáticos huyendo de la miseria, judíos ahora escapando de los nazis, o republicanos españoles fugitivos de los fusilamientos de Franco.
Menos fortuna tienen hoy miles de africanos que -se ahogan y continuarán ahogando─ en frustrados intentos de huir a través del Mediterráneo o espaldas mojadas que, desde el resto de América, lograron llegar a la ribera norte del Río Bravo. Espaldas mojadas que ahora, son deportados, encadenados de pies y manos, cuando no masacrados por las hordas asesinas del ICE, que tienen licencia para matar.

LA SALVACION
Occidente parece que siempre ha sido la salvación de quienes huyen de oriente y el norte de quienes lo hacen desde el sur. Desplazamientos que, por distintas razones, remedan éxodos de ciudades asediadas o derrotadas y otras búsquedas, la tierra prometida o “hacer la América”.
Cuenta Homero que, cuando Héctor parte para la batalla, su pequeño hijo Astinacte, asustado por el aspecto del padre, estalla en llanto. El llanto de Astinacte y el temor de su madre Andrómaca es el mismo de hijos y esposas cuando sus padres y maridos parten, solos, en un viaje de exploración en busca de lo que será su nueva patria. Imposible no relacionar estos ciclos con la guerra civil en Siria, la invasión rusa a Ucrania, los bombardeos de Gaza o el conflicto en Sudán.
Así, muchas historias -o ciclos para Borges- se han fundido y confundido, lo que en un principio era blanco o negro se convierte en una niebla de zonas grises que borra lo que era acertado y lo que no, para dar otra versión de viejas historias.
A propósito de Napoleón III. Marx reflexionó -comparándolo con el Napoleón auténtico-: “Hegel dice en alguna parte que los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra como farsa”. Borges bien podría haber invertido la comparación: una farsa para hacer una tragedia, o una tragedia para hacer una paradoja.
En menos de 80 años hemos visto los cuatro ciclos borgeanos y la reflexión de Marx repetirse en cuatro oportunidades. Hitler dominó Europa durante siete años para perderlo todo. Estados Unidos y sus aliados invadieron Irak, derrotaron al dictador Hussein y lo ahorcaron, pero debieron abandonar el país y engendraron el estado islámico; otro tanto les pasó en Afganistán cuando lograron derrotar a los talibanes y ejecutar a Bin Laden, para volver a retirarse de manera vergonzosa; aunque ahora han aprendido la lección y no piensan invadir Irán, estado que, si bien bajo una constante lluvia de bombas, está armado hasta los dientes, tiene una sofisticada tecnología, el petróleo como arma y probables aliados de fuste.
Veinte años estuvieron Estados Unidos y sus aliados en Afganistán y, antes, catorce años de invasión rusa y, en el siglo XIX, cinco frustrados intentos de Inglaterra; no se aprendió nada en Afganistán como tampoco con las venideras consecuencias de la guerra no declarada a Irán. ¿Qué pasará en Ucrania?
Como espectadores y potenciales víctimas de las bravuconadas de Putin, y ahora Trump, empujado por Netanyahu -los tres, cínicos que parafrasean el salmo “aunque ande el valle de sombra y muerte no temeré la muerte, porque la muerte soy yo”- pueden provocar un conflicto que trascienda fronteras y nos involucre como afectados. Vemos, en la medida que los cuatro ciclos se van acumulando como adujas de una cuerda, a la historia repetirse, como tragedia, farsa o paradoja.
Y así, muchas veces se hace difícil identificar buenos y malos, honrados y pérfidos, lobos y corderos; sí víctimas en aras de la verdad y la justicia e impunes en nombre de la justicia de la verdad; y, en nombre de la verdad y la justicia, quienquiera, cuando tiene el poder y el deseo para hacerlo, quemará cuerpos para salvar almas; a los vencedores el cielo, a los perdedores, el infierno. Mark Twain reflexionó: The road to Hell is paved with proverbs
(El camino al infierno está empedrado de proverbios), dando vuelta a “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.
En mi rol de espectador, tratándose de los cuatro ciclos y de circunstancias y personajes que se repiten, como tragedias, farsas o paradojas, hablo de mi investigación y me amparo en otra reflexión de Mark Twain: History doesn’t repeat itself but it often rhymes.
Así como Fabrizio del Dongo pasó por la batalla de Waterloo sin enterarse de nada, atravesamos los cuatro ciclos de Borges.