Vacunas infantiles en EE.UU.: menos dosis para reforzar la confianza y la libertad de elección

Mientras países como la Argentina mantienen esquemas obligatorios con más de 40 dosis, Estados Unidos oficializó un decreto presidencial que reduce el esquema básico a 11 enfermedades y prioriza el consentimiento informado de las familias, siguiendo el "estándar de oro" de otros países desarrollados. La norma prohíbe sancionar a los niños no vacunados en las escuelas y deja a criterio médico y de los padres ciertas inmunizaciones como las de hepatitis A, hepatitis B, rotavirus, enfermedad meningocócica, covid y gripe.

En una medida que marca un punto de inflexión en la salud pública de Estados Unidos, el presidente Donald Trump promulgó el 10 de este mes la Orden Ejecutiva 14420. Un decreto aclamado como una victoria para la libertad médica y los derechos de los padres, que transforma el enfoque del gobierno sobre la inmunización infantil, distanciándose de las políticas de obligatoriedad y apostando por el consentimiento informado.
Las nuevas recomendaciones de vacunación infantil reducen las exigencias del calendario de vacunación para los niños estadounidenses, alineando a Estados Unidos con los estándares de excelencia de otras naciones desarrolladas. Además de devolver el poder de decisión a las familias, el decreto se enmarca en una estrategia más amplia de soberanía sanitaria, que comenzó a consolidarse a principios de este año con la salida definitiva de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
 

MENOS DOSIS, MAS PRECAUCION
Hasta la firma de este decreto, los niños de Estados Unidos se enfrentaban a un calendario que recomendaba hasta 72 dosis de 17 vacunas diferentes. Una situación similar a la de la Argentina, donde el Calendario Nacional de Vacunación incluye 16 vacunas y más de 40 dosis. 
A partir de ahora, las recomendaciones básicas del gobierno estadounidense se centrarán exclusivamente en 11 enfermedades graves.
El decreto establece, además, un cambio crucial en la forma en que se administran estos tratamientos: en lugar de agrupar múltiples inyecciones en una sola consulta pediátrica, se promoverá la distribución de las vacunas a lo largo de más visitas médicas. Como parte de esta iniciativa, se ha ordenado que la vacuna combinada triple viral (contra sarampión, paperas y rubéola, o MMR por sus siglas en inglés) pase a administrarse en tres dosis separadas tan pronto como los productos estén disponibles, minimizando así la carga en el sistema inmunológico de los menores.
Asimismo, la administración Trump ha retirado de las recomendaciones universales obligatorias para todos los niños las vacunas contra hepatitis A, hepatitis B, rotavirus, enfermedad meningocócica, gripe y covid-19, dejándolas sujetas a la decisión clínica compartida entre el médico y la familia. Para garantizar que esta libertad sea real, la orden ejecutiva asegura que los padres que opten por un calendario alternativo seguirán contando con la cobertura de sus seguros médicos y ordena al Departamento de Justicia investigar a los estados o escuelas que nieguen el acceso a la educación violando las exenciones médicas o religiosas.

CAIDA DE LA CONFIANZA
La firma del decreto presidencial se produce en un momento en que las tasas de vacunación infantil han caído a nivel global, junto con el índice de confianza en estos productos. Muchos expertos han considerado ya que éste ha sido uno de los corolarios de los turbios manejos durante la denominada pandemia de covid-19.
De hecho, el doctor Anthony Fauci, quien estuvo a cargo de la respuesta a aquella “crisis sanitaria”, atraviesa hoy un escándalo sin precedentes luego de ser citado a declarar en el Congreso estadounidense sobre su gestión en aquel momento.
El senador Ron Johnson dio a conocer -el mismo día en que Trump anunció estas nuevas recomendaciones de vacunación- unos mensajes de texto que revelan que Fauci sabía que la vacuna contra el covid-19 administrada a embarazadas provocaría una elevada tasa de abortos espontáneos. Fauci había expresado sus preocupaciones en un chat grupal con la exdirectora de los CDC, Rachelle Walensky, y el excirujano general Vivek Murthy. Sin embargo, ni Fauci, ni Walensky, ni Murthy informaron al público de este riesgo y mantuvieron la política que recomendaba que las embarazadas recibieran esta vacuna.
Más tarde, saldrían a la luz los datos que indicaban que las embarazadas que se habían vacunado contra el covid-19 sufrían, efectivamente, una tasa alarmante de abortos espontáneos. Johnson prometió revelar más información procedente de los mensajes de texto de Fauci en los próximos días.
 

EN PRIMERA PERSONA
Durante el anuncio del decreto en la Casa Blanca, el presidente Trump se mostró firme en su convicción de que el sistema actual necesitaba una reforma urgente, compartiendo su propia experiencia como padre.
"Desde el primer día, llevé mucho tiempo creyendo en esto", declaró el mandatario. "En lugar de una sola visita en la que les inyectan tantas vacunas a la vez, llevé a todos mis hijos a cinco visitas diferentes al médico. Básicamente, a cada uno le ponen el 20 %, y no tuve ningún problema. Son cinco visitas, pero vale la pena".
Consultado sobre por qué cree que los medios de comunicación tradicionales se resisten a siquiera hacerse preguntas sobre las vacunas, Trump respondió: “Es increíble. Podría ser por los grupos médicos, los grupos farmacéuticos, no lo sé". 
Y reafirmó que su gobierno ha tomado una decisión beneficiosa: "No tenemos nada que perder con esto. Lo peor que podría pasar es que no pase nada… Al mismo tiempo, podríamos ganar muchísimo. Podríamos salvar cientos de miles de vidas, millones de vidas. Ojalá lo hubiéramos hecho hace mucho tiempo".
 

DESAFIAR EL RELATO
Por su parte, el secretario de Salud y Servicios Humanos (HHS), Robert F. Kennedy Jr., ha sido una figura clave en la redacción de este nuevo enfoque, diseñado para desmantelar lo que él considera un “monopolio de las grandes farmacéuticas” sobre la política sanitaria. 
Kennedy contrastó su propia infancia con la de las generaciones actuales para ilustrar la magnitud del problema y el modo en que la industria farmacéutica ganó terreno en todos estos años: "De niño me pusieron tres vacunas y cumplí plenamente con el calendario de vacunación. A mis hijos les pusieron 94 dosis de 17 vacunas".
El funcionario enfatizó que la nueva política simplemente acerca a Estados Unidos a las mejores prácticas globales: "Analizamos los calendarios europeos y lo que están haciendo otros países. Tomamos el mejor modelo y formulamos una recomendación". 
Además, hizo una distinción vital que a menudo se pasa por alto en el debate público: la diferencia entre la eficacia preventiva y la seguridad a largo plazo. 
“Por ejemplo, la vacuna contra el sarampión evita que la mayoría de las personas contraigan la enfermedad, pero no sabemos si entraña algún riesgo, si puede provocar daños”, graficó Kennedy, para luego añadir: “No se puede saber a menos que se haya realizado un estudio de seguridad. Pero ninguna de ellas ha sido sometida a un estudio de seguridad antes de su aprobación, y eso es algo que ahora estamos corrigiendo".
En esta misma línea, Kennedy anunció que en los próximos 90 días las agencias sanitarias estadounidenses publicarán nuevos estudios sobre el autismo, enfocándose en las causas ambientales en lugar de atribuirlo exclusivamente a la genética, un paso que promete abrir nuevas líneas de investigación ignoradas durante décadas.
 

RESTAURAR EL VINCULO
Para el Dr. Jay Bhattacharya, director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el mayor logro de este decreto es la reparación del vínculo entre las instituciones sanitarias y la población. Tras los “graves fallos de comunicación y los mandatos durante la pandemia de covid-19”, Bhattacharya considera esencial devolver el control a los hogares.
"Lo fundamental de esta recomendación es que hace hincapié en la autonomía de los padres", explicó el director de los NIH. "Deberías poder opinar sobre cómo recibe tu hijo las vacunas que se le recomiendan. Esa es, sin duda, una de las cosas más importantes que hizo el presidente", insistió.
Bhattacharya fue categórico al rechazar las políticas punitivas en las escuelas: "Lo que hace esto es restablecer la autonomía de las familias. No deberíamos impedir que los niños vayan al colegio por haber tomado decisiones diferentes a las de otros padres". Y concluyó: "Gran parte de la pérdida de confianza en la salud pública se debe a estas obligaciones. Fundamentalmente, esta orden restablece una relación sana entre la salud pública y los padres".


SALIDA DE LA OMS
Este audaz movimiento hacia la autonomía médica es el reflejo directo de la política sanitaria de la actual administración, que alcanzó su punto máximo en enero último con la retirada formal de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Tal como lo expresaron en su momento el secretario de Estado, Marco Rubio, y el propio Kennedy Jr., la salida de la OMS liberó a Estados Unidos de las restricciones de una entidad que "siguió una agenda politizada y burocrática impulsada por naciones hostiles a los intereses estadounidenses". 
Ambos funcionarios destacaron en una declaración conjunta que al abandonar un organismo que obstaculizó el intercambio de información crítica y encubrió sus fallos durante la pandemia, el gobierno estadounidense sentó las bases para la política que hoy se materializa: un modelo sanitario transparente, centrado en el individuo, libre de conflictos de intereses globales y diseñado exclusivamente para salvaguardar la salud y las libertades del pueblo estadounidense.
Con la Orden Ejecutiva 14420, la administración Trump demuestra que la salida de la burocracia internacional no fue un fin en sí mismo, sino el primer paso para reformar profundamente el sistema de salud desde adentro, poniendo, por primera vez en décadas, a los padres y a los niños en el centro de la toma de decisiones.

CÓMO QUEDA EL CALENDARIO DE EE.UU.
El texto del decreto firmado por Donald Trump, establece tres categorías distintas de recomendaciones de inmunización infantil identificadas en la evaluación científica, tal y como se especifica a continuación:
(i)    vacunas recomendadas para todos los niños:  sarampión, paperas, rubéola, difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis, Haemophilus influenzae tipo B, enfermedad neumocócica, virus del papiloma humano y varicela;
(ii)   vacunas recomendadas para determinados grupos o poblaciones de alto riesgo:  anticuerpos monoclonales contra el virus respiratorio sincitial, hepatitis A, hepatitis B, meningococo B, meningococo ACWY y dengue; y
(iii)  vacunas basadas en la toma de decisiones clínicas compartida:  hepatitis A, hepatitis B, rotavirus, enfermedad meningocócica, gripe y covid-19.
(b)  Las Recomendaciones sobre vacunas infantiles “estándar de oro” también reconocen que la vacuna combinada contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR) debe administrarse en tres dosis separadas, cada una contra una sola enfermedad, una vez que dichos productos estén disponibles en el mercado nacional, y que, en la medida de lo posible, todas las vacunas infantiles deben administrarse en visitas médicas separadas.