¿Utopía o distopía?
Por Embajada Abierta
La Inteligencia Artificial Generativa (IAG), capaz de crear imágenes o textos para todo tipo de industrias, podría transformar los empleos e impulsar la productividad en América Latina, pero las brechas en la infraestructura digital obstaculizan sus beneficios potenciales, según un estudio de la OIT y el Banco Mundial.
Hasta la mitad de los empleos en la región cuya productividad podría mejorar con la IAG, unos 17 millones, también se ven obstaculizados por esas brechas en el acceso digital y en la infraestructura.
¿La brecha digital es un amortiguador o un cuello de botella?, se pregunta el trabajo. Aunque entre 26% y 38% de los empleos de la región podrían verse influidos por la IAG, es más probable que la tecnología aumente y transforme los puestos de trabajo en lugar de automatizarlos por completo.
Entre 8% y 14% de los empleos -dice- podrían ver mejorada su productividad por la IAG, mientras que solo entre 2% y 5% corren el riesgo de automatización total.
En 2023, Goldman Sachs estimó que unos 300 millones de empleos en el mundo están "expuestos" a la IA generativa como una predicción de que la IA los eliminará. Y el Panorama del Empleo de 2023 de la OCDE del mismo año estimó que una cuarta parte de los empleos en las economías avanzadas están muy expuestos a la automatización impulsada por la IA.
Pero, según la economista Natasha Sarin, “simplemente no hay evidencia en los datos” sobre un desplazamiento significativo del mercado laboral. El desempleo juvenil tiende a ser un indicador principal de las recesiones económicas, incluso antes de la IA, y “las líneas se ven igual” en investigaciones de Yale y Brookings.
“No encontramos diferencias en el empleo en los últimos años en las ocupaciones más expuestas a la IA y las menos expuestas”, dice Sarin. En cambio, en el propio sector tecnológico, febrero terminó con la emblemática tecno-financiera Block, cuyo CEO Jack Dorsey fue cofundador de Twitter, despidiendo a 4.000 de sus 8.000 empleados. La IA permite “equipos más pequeños”, argumentó.
IMPACTO
Otro informe, The Budget Lab at Yale, analizó los efectos de la IA generativa desde noviembre de 2022 en el mercado laboral de Estados Unidos, el de mayor datos disponibles. Concluyó que, aunque el mix de ocupaciones ha cambiado algo más rápido que en periodos anteriores de disrupción tecnológica, no se ha observado un impacto discernible de reducción del empleo o aumento del desempleo atribuible a la IA.
Tampoco se detectó cambios importantes en la proporción de trabajadores en ocupaciones con “alta exposición teórica” a la IA. Los autores advierten que los datos disponibles son limitados, que los efectos podrían manifestarse a medio-largo plazo, y que por ahora el panorama sugiere estabilidad más que crisis.
A la lista de evaluaciones de un futuro inquietante se sumó nada menos que la corporación Anthropic -en el ojo de la tormenta mediática por su gran disputa sobre datos con el Pentágono- con su informe Labor Market Impacts of AI: A New Measure and Early Evidence, publicado en marzo.
En resumen dice que “la IA no viene por los camareros ni los albañiles, sino por los analistas financieros, los programadores y las gestoras administrativas. La automatización del Siglo XXI tiene un sesgo de clase y de género que invierte el de la anterior, porque por primera vez la revolución industrial afecta al trabajo intelectual y no tanto al manual”.
Lo que hoy es una evidencia es que cuanto más se invierte en IA y más empleados de las compañías que desarrollan los modelos de lenguajes son despedidos, al final, más invierten en innovación los megamillonarios "hiperescaladores" que las controlan.
Pero, como suele decirse, el futuro ya llegó. Víctor Storchan, ingeniero en machine learning y jefe de IA en Morgan Chase, describió a su modo el ritmo de los avances de los que somos testigos en el terreno de la inteligencia artificial.
En 2022, la IA no era capaz de realizar cálculos aritméticos básicos de forma fiable. Habría afirmado con certeza que 7 × 8 = 56. En 2023, era capaz de aprobar el examen de acceso a la abogacía. En 2024, podía escribir software funcional y explicar conceptos científicos de nivel universitario.
A finales de 2025, algunos de los mejores ingenieros del mundo declararon que habían confiado la mayor parte de su trabajo de codificación a la IA. El 5 de febrero de 2026 llegaron nuevos modelos, dando la impresión de que todo lo que les había precedido pertenecía a otra época. “Si no has probado la IA en los últimos meses, lo que existe hoy en día te resultaría irreconocible”, ironiza Storchan.
MEJOR O PEOR
Según el tecnólogo Andy Kessler, tanto el entusiasmo por la IA como la reacción violenta ante la hipótesis de que la IA que mata empleos están provocando histeria pública.
Kessler describe un primer escenario histérico de utopía y menciona a Dario Amodei, de Anthropic, cuando sugiere que "estamos cerca del final de la exponencial" y próximos a un "país de genios en un centro de datos", en un contexto de desempleo masivo en el que recomienda sentarse a dejarse llevar en casa por los videojuegos porque la propia economía proveerá sustento a todos.
El segundo escenario al que alude, el de la distopía, se vincula con la descripción de cómo "oligarcas tecnofascistas" al estilo Elon Musk convierten a los actuales trabajadores en “mascotas bien cuidadas" que likean en redes, bajo un nuevo orden mundial de "neofeudalismo totalmente automatizado", en el que las personas son siervos entre vehículos autónomos, policías robot y terminators.
Hay otros pronósticos, igualmente inquietantes. Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, estimó sobre "el trabajo de oficina, donde uno está sentado frente a una computadora, ya sea como abogado, contador, gerente de proyecto o empleado de marketing: la mayoría de esas tareas serán completamente automatizadas por una IA en los próximos 12 a 18 meses".
Pero Suleyman dijo tareas, no empleos. ¿Marcará la IA el comienzo de una nueva era de productividad? ¿O la mitad de todos los trabajos básicos habrán de desaparecer y el desempleo en economías como la de Estados Unidos llegar al 20%? “Ninguno de los dos escenarios ocurrirá, al menos no en este siglo. Queda demasiado por hacer”, según Kessler.
“La realidad será un tercer escenario: obsolescencia y crecimiento a ritmo. La productividad siempre es positiva para la sociedad, pero no cambia las cosas de la noche a la mañana. Como el concepto de destrucción creativa introducido por Joseph Schumpeter, la nueva tecnología comienza en lo más alto, donde es económicamente factible (IA para codificación y servicio al cliente hoy) y luego desciende a lo largo de décadas, filtrándose en la economía sector por sector”.
Sarin coincide: “Esta revolución podría reducir la necesidad de mano de obra en general. Quizás el mundo cambie hacia alguna versión de la semana laboral de 15 horas que predijo John Maynard Keynes. Más probablemente, surjan nuevos empleos, como en el pasado, y compensarán los menos necesarios en un mundo donde todos tenemos laptops y sin mecanógrafos. Habrá ganadores y perdedores.
Llevado al campo real, el de la economía de Estados Unidos, según Daniel Keum, profesor de la Columbia Business School que estudia la IA en los lugares de trabajo, la IA está provocando una caída en la demanda de trabajadores de “cuello blanco”, consecuencia de un "shock tecnológico" con dos partes distintas.
La primera ya está aquí: la IA está reemplazando la mano de obra de cuello blanco, no aumentándola, al menos en Estados Unidos, porque baja costos despidiendo personas. La segunda es que la IA crea un shock positivo en el lado de los ingresos, porque ayuda a las empresas a generar nuevos productos, servicios y, por lo tanto, nuevos empleos, aunque esa dinámica podría tardar años.
CAPITAL Y TRABAJO
Eso no quita una realidad incontrastable de la economía actual atravesada por la tecnología y la IA, según el comentarista del Wall Street Journal Gregg Ip: sus premios se destinan desproporcionadamente al capital en lugar de al trabajo.
Así, mientras se reporta un aumento de los despidos y las ofertas de empleo caen en picada en Estados Unidos, especialmente para los profesionales expuestos a la IA, el índice Dow Jones Industrial Average cierra en niveles récord.
En 1980, el trabajo recibió 58% de los ingresos totales del PIB en Estados Unidos. Para el tercer trimestre de 2025, esa cifra había caído al 51,4%. La participación de las ganancias, mientras tanto, aumentó del 7% al 11,7%.
Ahora, "la IA no es un sustituto de trabajos humanos específicos, sino más bien un sustituto laboral general para los humanos", razonó Dario Amodei, CEO del principal fabricante de modelos de IA Anthropic.
Para Restrepo, a medida que las empresas integren la IA en sus operaciones, una parte cada vez menor de sus ingresos se destinará a la mano de obra, como sucedió con las fábricas en décadas pasadas. Y, así como los salarios de los trabajadores manuales sufrieron como resultado, también lo harán los de los trabajadores de “cuello blanco” desplazados por la IA.
Habrá ganadores, dijo Restrepo: trabajadores cuyos trabajos requieren habilidades sociales, proximidad o trabajo manual, y consumidores, que obtienen productos y servicios más baratos. ¿Los mayores ganadores de todos? Los accionistas.
