Una comparación que exige rigor histórico

¿Es ´Alternativa para Alemania´ una reedición del nazismo?.

Por Pedro von Eyken*

En el debate público alemán, que sigo como politólogo y diplomático por haber vivido en la República Federal durante varios años entre 1986 y 1998, es frecuente comparar al partido “Alternativa para Alemania” o “AfD”, por sus iniciales en alemán, con el Partido Nazi. Sin embargo, desde una perspectiva histórica y de la ciencia política, ambas organizaciones presentan diferencias sustanciales en su ideología, objetivos, métodos y contexto. Reconocer estas diferencias no implica ignorar las controversias que rodean a “AfD” ni las críticas que recibe, sino distinguir entre fenómenos políticos distintos.

En nuestro país es común etiquetar a dirigentes políticos a partir de generalizaciones carentes de rigor histórico, con la sola pretensión de descalificar. Por ejemplo, ¿es correcto llamar fascista -o “facho"- a todo dirigente o partido situado a la derecha del espectro político? Si fascismo se utiliza como categoría histórica y politológica, debería reservarse para movimientos que compartan los rasgos esenciales del fascismo clásico: un Estado fuerte, subordinación del individuo a la nación o al Estado, liderazgo carismático, rechazo del liberalismo político y, sobre todo, una persecución violenta a toda oposición o crítica. Si toda derecha termina siendo fascista y todo nacionalismo es nazi, ya no estamos describiendo la realidad sino renunciando a distinguir entre fenómenos políticos diferentes.

En el caso de la “Alternativa para Alemania” y el nazismo, debe preservarse el rigor conceptual en el debate político y diferenciar aspectos relevantes. Elijo seis aspectos por razones de espacio: 1) Relación con la democracia, 2) Antisemitismo, 3) Concepción racial, 4) Violencia política, 5) Economía, y 6) Política exterior.

1)- Relación con la democracia:  el NSDAP (iniciales germanas del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), perseguía explícitamente la eliminación de la democracia parlamentaria para instaurar un Estado totalitario dirigido por un líder absoluto. La AfD participa en elecciones, ocupa bancas en los parlamentos federales y regionales y actúa dentro del marco constitucional alemán. Es observada de cerca por la Oficina Federal de Protección de la Constitución, que prohíbe taxativamente el surgimiento de partidos que contradigan el orden democrático libre. Después de 1949 el Estado democrático no está obligado a tolerar a quienes pretenden destruir el propio orden constitucional. Si bien algunos dirigentes han realizado declaraciones consideradas antidemocráticas y el partido se halla bajo vigilancia de los servicios de inteligencia por presunto extremismo, su actividad política se desarrolla mediante procedimientos electorales.

2)- El antisemitismo: era un elemento central e irrenunciable de la ideología nazi. Los judíos eran definidos como un enemigo biológico cuya eliminación se convirtió en política de Estado y terminó en el Holocausto. En contraste, AfD no sostiene oficialmente un programa antisemita. El partido reconoce el derecho a la existencia de Israel y varios de sus dirigentes han manifestado apoyo al Estado israelí. De hecho, parte de su discurso presenta ese apoyo como consecuencia de su oposición al islamismo. Esto no significa que AfD esté exenta de controversias, ya que algunos miembros individuales han sido acusados de emplear estereotipos antisemitas o de relativizar aspectos de la memoria histórica alemana. Pero esas posiciones no constituyen el núcleo oficial de su programa político, como el antisemitismo definía al nazismo.

3)- La concepción racial: el nazismo defendía una teoría biológica de razas, con la supuesta superioridad aria y la inferioridad de otros pueblos. Mientras tanto, la AfD centra gran parte de su discurso en cuestiones de inmigración, integración e identidad nacional. Aunque los críticos consideran que algunos planteamientos fomentan la xenofobia o el nacionalismo étnico, el partido no propone oficialmente una jerarquía biológica de razas comparable a la doctrina nazi.

4)- La violencia política:. El movimiento nazi utilizó, desde antes de ser gobierno,  organizaciones paramilitares como la Sturmabteilung (SA, Tropas de Asalto) para intimidar y eliminar a sus adversarios, sabotear movimientos revolucionarios, interrumpir mítines públicos de otros partidos y participar en peleas callejeras. Las Schutzstafel (SS, Escuadrones de Protección), oficiaban de guardia personal de los altos dirigentes del partido. La AfD, en cambio, carece de estructuras paramilitares y participa en la competencia política mediante campañas, elecciones y procedimientos parlamentarios.

5)- La economía: el régimen nazi estableció una economía dirigida hacia el rearme y la guerra, con fuerte intervención estatal y subordinación completa de la actividad económica a los objetivos del Estado. La AfD, en cambio, propone una economía de mercado, reducción de impuestos en distintos ámbitos y menor intervención estatal en numerosas políticas económicas.

6)- La política exterior. El nazismo perseguía una expansión territorial mediante la guerra y el concepto de Lebensraum o espacio vital. La AfD no defiende una política expansionista ni propone modificar fronteras mediante el uso de la fuerza.

La guerra entre Rusia y Ucrania constituye un ámbito en el que AfD se distingue claramente del consenso político alemán. Mientras que la mayoría de los grandes partidos respaldan el suministro de ayuda militar a Ucrania y el mantenimiento de las sanciones contra Rusia, la AfD defiende el fin del envío de armamento, la apertura de negociaciones de paz y el restablecimiento gradual de las relaciones diplomáticas y económicas con Moscú.

Dicha postura responde a argumentos pacifistas, realistas y de defensa de los intereses económicos alemanes, especialmente en materia energética. Esta posición no implica un apoyo explícito a la invasión rusa, que AfD ha calificado como una violación del derecho internacional. Analistas y adversarios políticos sostienen que algunas declaraciones de dirigentes de AfD han tendido a minimizar la responsabilidad del Kremlin y a reproducir narrativas favorables a Moscú. La AfD rechaza esa caracterización y sostiene que su prioridad es evitar una escalada militar y defender los intereses nacionales de Alemania.

 

CONCLUSION

A mi juicio, la AfD no propone una política expansionista ni una hegemonía alemana sobre Europa comparable a los proyectos imperiales del pasado, aunque su concepción de la integración europea difiere sensiblemente de la que defendía Helmut Kohl para la reunificación alemana -que presencié de cerca desde 1990-, ya que reclama una devolución de competencias a los Estados nacionales y una profunda reforma de la Unión Europea. Con todo, criticar el actual proceso de integración europea o defender una mayor soberanía nacional no equivale, por sí mismo, a propugnar un proyecto nacionalista expansionista como el del Tercer Reich.

* Politólogo y diplomático.