TEATRO

Una comedia como las de antes, en el teatro alternativo

‘El mayordomo’ recupera un estilo de obras con enredos y giros inesperados.


‘El mayordomo’. Dramaturgia: Natalia Silvina Figueiras. Dirección: Gastón Dufau. Escenografía: Silvina Salazar. Vestuario: Silvina Salazar. Video y edición: Rocío Carrera. Actores: Santiago Vicchi, Ricardo Larrama, Natalia Figueiras, Bautista Duarte, Carina Buono. Los viernes a las 20 en Espacio Callejón (Humahuaca 3759).


 

La comedia teatral es un género dramático cuya finalidad principal es provocar la risa en el público recurriendo a situaciones absurdas, diálogos ingeniosos o personajes exagerados. No obstante, y más allá de entretener, la comedia suele incorporar una crítica social o moral utilizando el humor como una herramienta para explorar y cuestionar costumbres, instituciones o creencias.

En líneas generales, ‘El mayordomo’ incorpora elementos de este género. Una trama poco compleja con giros inesperados y enredos cómicos donde los personajes suelen intentar resolver problemas mediante planes que, lejos de simplificarse, se complican cada vez más a lo largo de la historia. La dramaturgia de Natalia Figueiras no apela a la ironía dramática, ese recurso que ofrece al espectador información que los personajes ignoran, lo que genera expectativas y complicidad con la escena, sino más bien a un suspenso jubiloso que mantiene al público expectante, sin develar todos los datos, para que disfrute de las revelaciones y giros junto a los personajes.


ESCENOGRAFIA REALISTA

Ambientada en un living, la escenografía realista de Silvina Salazar introduce al espectador en un salón de aire sesentoso, decorado con piezas antiguas y una clara sensación de tiempo detenido. Desde la izquierda del espacio escénico, una fotografía enmarcada en gran formato de una mujer enigmática observa la escena. Podríamos imaginar un leve aroma a pisos encerados y escuchar el crujido sutil de la madera bajo los pasos, que refuerzan la atmósfera nostálgica y expectante del lugar sugiriendo historias pasadas que aún habitan el espacio y nos invitan a experimentarlo con todos los sentidos. Con dos actrices y tres actores sobre el escenario, esta comedia no solo garantiza risas sino también invita a la reflexión sobre los vínculos familiares impulsado por el interés, y el rescate de la amistad fiel y sincera.

La historia gira en torno a una extraña herencia: una antigua casona cargada de secretos familiares. Cuando los herederos se reúnen en el salón principal para reclamar su parte, salen a la luz los verdaderos rostros de cada uno. Las rivalidades latentes, las ambiciones ocultas y resentimientos que parecían olvidados emergen con fuerza, desatando un torbellino de disputas y situaciones absurdas que exponen lo más oscuro y humano del alma ante la codicia y el deseo de poder.

Cada uno arrastra heridas y motivaciones profundas. El deseo de mantener el control se enfrenta a la necesidad de reconectar con el pasado; las soluciones pragmáticas y los idealismos chocan con la ambición de los avarientos que, como caranchos, circundan la carroña, pero la justicia poética una vez más se encargará del destino de los personajes, marcado por sus propias acciones, reforzando una visión ética del universo narrativo.


SIN PRETENSIONES

El director Gastón Dufau, en su debut, comenzó bien, destacándose por evitar pretensiones absurdas y símbolos oscuros para demostrar su capacidad intelectual. Por ejemplo, en la escena inicial Dufau opta por una narrativa directa. La historia fluye sin distracciones innecesarias. Además de esta sencillez, el director logra que los actores transmitan emociones auténticas y mantiene un ritmo ágil durante toda la obra, lo que contribuye a una propuesta original y cercana. Su enfoque claro y honesto en la dirección potencia el vínculo entre los personajes y los espectadores, reforzando el humor y la reflexión que caracterizan la puesta en escena, que no solamente aporta fuerza visual – especialmente los cambios de vestuario- sino que también carga la atmósfera de tensión y conflicto, subrayando la batalla entre intereses personales y deseos ocultos que impregnan la historia.

Para plasmar estas abstracciones es fundamental contar con un elenco capaz de dar vida a personajes complejos y convincentes, y en este aspecto Dufau cumple con creces. Natalia Figueiras y Bautista Duarte encarnan a Nicole y Ricardo, quienes representan el estereotipo de los new rich: buscan demostrar su posición social con actitudes ostentosas y comentarios arrogantes, lo que los distancia del resto del elenco. Sus gestos exagerados y su afán de mostrar lujos contrastan con el entorno y generan situaciones cómicas que evidencian su inseguridad y deseo de aceptación.

Por su parte, Santiago Vicchi interpreta al heredero que se transforma en mucamo dentro de su propia casa. Este giro le aporta al personaje una dimensión tragicómica: su rol de amigo fiel y antihéroe se hace palpable en cada escena, mostrando tanto su resignación como su nobleza, y subrayando el contraste entre los que buscan aparentar y quienes, a pesar de las adversidades, mantienen la autenticidad y la lealtad.

En esa dirección, el experimentado Ricardo Larrama aporta profundidad a su personaje, Osvaldo, dotándolo de la sabiduría y desconfianza propias del hombre de la calle. Esta actitud cautelosa de Osvaldo no solo lo protege a él, sino que también sirve de guía para sus amigos, ayudándolos a evitar engaños y tomar decisiones más acertadas. Carina Buono logra dotar a su personaje, Patricia (está muy poco en escena), de un toque mágico. Posee el mismo nombre de la antigua hada que aparecía en programas infantiles allá lejos y hace tiempo.

Calificación: Muy buena