Una bestia portátil que cambia la forma de jugar

Finalmente llegó el día. Finalmente en La Prensa tuvimos oportunidad de probar el último lanzamiento de Asus, la ROG Xbox Ally X. Y la verdad no nos defraudó; para nada.
Durante años, la promesa de jugar grandes títulos de videojuegos en cualquier lado fue eso: una promesa. Ahora, después de varios días probando hasta el hartazgo la nueva ROG Xbox Ally X, podemos decir que estamos mucho más cerca de esa idea de “PC gamer en la mochila” sin resignar potencia ni calidad.
No es simplemente una consola portátil. Es una PC con Windows 11 disfrazada de consola, posee ADN gamer y viene con la clara intención de competir en lo más alto del segmento. Pudimos probarla con títulos exigentes como el FallOut 76 o el Doom Eternal, en sesiones largas y también como equipo de trabajo ocasional. Y la experiencia no defraudó.

ROBUSTA Y PREMIUM
Lo primero que se nota al sacarla de la caja es el peso y la construcción. Se siente sólida, bien armada, y posee una ergonomía claramente inspirada en los controles de Xbox. Los grips laterales son cómodos y permiten jugar durante bastante tiempo sin fatiga excesiva.
La pantalla de 7 pulgadas Full HD a 120 Hz es uno de sus grandes diferenciales. Los colores son vibrantes y su brillo es suficiente incluso para entornos iluminados. Por otro lado la fluidez en juegos competitivos se nota muchísimo. Activar los 120 Hz en títulos compatibles realmente marca una gran diferencia.
En términos de diseño no es minimalista, es como todo producto gamer, grande pero no exagerada. Tiene ese equilibrio justo entre la sobriedad y el carácter de Republic of Gamers (ROG).

DONDE REALMENTE BRILLA
El corazón de la ROG Xbox Ally X es el procesador AMD Ryzen Z2 Extreme con capacidades de IA, acompañado por 24 GB de RAM LPDDR5X y un SSD de 1 TB. Traducido a la práctica: mueve prácticamente todo.
Hemos probado juegos pesados con configuraciones gráficas medias y altas, ajustando el TDP según el caso, y la experiencia fue sorprendentemente estable. En títulos, AAA logra tasas de cuadros muy jugables, especialmente si se utiliza FSR para optimizar rendimiento.
No es una notebook gamer
, pero está más cerca de eso que de una consola portátil tradicional. La multitarea también es fluida: navegar, instalar juegos, usar la app de Xbox, Steam o incluso abrir un navegador mientras descargo contenido no genera cuellos de botella.
La memoria de 24 GB es un salto importante frente a versiones anteriores. Se siente preparada para el futuro inmediato.

EXPERIENCIA XBOX Y WINDOWS
Uno de los grandes atractivos es la integración con el ecosistema Xbox. Iniciamos sesión y en minutos teníamos acceso a la biblioteca personal y a Game Pass. La sensación de continuar partidas en formato portátil es fantástica.
Pero no deja de ser Windows 11. Eso tiene ventajas enormes -compatibilidad total con Steam, Epic Games, launchers varios, emuladores- pero también implica lidiar con un sistema operativo que no está 100% pensado para una pantalla táctil pequeña.
ASUS y Xbox hicieron un buen trabajo simplificando accesos y agregando software propio para manejar perfiles de rendimiento, ventiladores y consumo. Aun así, en algunos momentos tuvimos que usar la pantalla táctil o configurar cosas que no son tan intuitivas como en una consola cerrada.
Es potente, versátil… pero requiere cierto conocimiento o paciencia.

EL EQUILIBRIO INEVITABLE
La batería es otro de los grandes puntos fuertes. Comparada con otros dispositivos del segmento, ofrece una autonomía muy superior. En juegos que lo ameritan, y usando perfiles de alto rendimiento, se rondó la hora y media y dos horas y media dependiendo del título. Bajando la exigencia gráfica o jugando títulos más liviano, se puede estirar bastante más.
Eso sí: cuando se la exige, se nota. Los ventiladores se activan con claridad (sin ser molestos, pero audibles) y el equipo levanta temperatura en la parte superior. Nada alarmante, pero es el precio de tener tanta potencia en un cuerpo compacto.

PROS Y CONTRAS
Esta portátil apuesta fuerte al combinar potencia y versatilidad en un formato compacto. Su rendimiento es uno de los grandes puntos a favor: para su tamaño, mueve títulos actuales con muy buena calidad gráfica y fluidez.
La pantalla de 120 Hz también marca la diferencia, aportando una experiencia visual más dinámica y precisa. A eso se suman sus 24 GB de RAM y 1 TB SSD, una configuración generosa que la deja bien preparada a futuro. Además, no es sólo una consola: puede funcionar como una PC completa conectándola a monitor, teclado y mouse.
Del lado negativo, la autonomía en modo máximo rendimiento es limitada, especialmente si la idea es jugar títulos exigentes sin cargador durante varias horas. Y aunque Windows ofrece enorme libertad, no siempre resulta tan cómodo y simple en formato portátil como una consola tradicional.

¿VALE LA PENA?
Después de varios días de uso, la conclusión es clara: la ROG Xbox Ally X no es para todo el mundo, pero para el público correcto es espectacular.
Si lo que se busca es una experiencia cerrada, simple y totalmente optimizada tipo consola tradicional, tal vez haya opciones más directas. Pero si querés potencia real, acceso total al ecosistema PC y Xbox, y la posibilidad de jugar cualquier título en formato portátil, esta máquina es difícil de superar.
Es, sin dudas, una de las consolas portátiles más potentes que tuvimos oportunidad de probar, y lo más interesante es que no se siente como el futuro: se siente como el presente del gaming portátil.