Un relato tan atroz como esperanzador

‘Las catadoras del Führer’ (‘Le Assaggiatrici’, Italia-Bélgica-Suiza, 2024). Dirección: Silvio Soldini. Guion: Doriana Leondeff, S. Soldini, Lucio Ricca. Actores: Elisa Schlott, Max Riemelt, Alma Hasun. Duración: 123 minutos. Clasificación: apta para mayores de 13 años con reservas.

Pese a que fue tan absoluto y definitivo el desastre que ocasionó la Segunda Guerra Mundial, pareciera que las historias inverosímiles y urticantes nunca terminan de sorprender. Y depende del director que las aborde, se las puede abrazar o repeler en mayor o menor medida. En esta ocasión, la vida de Margot Wölk, una de las quince mujeres que el círculo más íntimo de Adolf Hitler eligió para que cada día (mediodía y noche) probaran su comida una hora antes, para ver si había sido envenenada por algún asistente traidor.

Silvio Soldini, experimentado director italiano, creador de obras maestras como ‘Pan y tulipanes’ y ‘Cosa voglio di più’, pone a rodar a Rosa Sauer (Elisa Schlott), quien escapando de los bombardeos de Berlín llega a la casa de sus suegros en un pequeño pueblo de la frontera oriental, muy cerca de la Guarida del Lobo, el cuartel general donde Hitler pasó casi los últimos dos años y donde sucedió el fallido atentado por parte de Claus von Stauffenberg (La Operación Valquiria).

La mirada de Soldini al inicio genera resquemor. Rosa les pregunta a sus suegros si saben algo de su hijo Gregor, quien está en tierras rusas defendiendo el Tercer Reich. Y sin saber si volvería para Navidad, un cuadro de Hitler cuelga detrás de la conversación, como siendo testigo de la indefectible tragedia que está por llegar a esa casa en carta donde creen que la victoria alemana está asegurada. Sabido es que casi ningún soldado volvió del frío de Stalingrado. Era una mañana de noviembre de 1943 y de forma intempestiva, dos soldados de las SS se llevan a Rosa sin ninguna explicación. Una vez en la unidad y frente a un almuerzo digno de hotel cinco estrellas, se entera cuál será su trabajo por los siguientes 18 meses.

En Rosa, Soldini, director y guionista, vierte toda su ironía y acidez. Ella es bellísima pero con códigos un tanto corridos de eje. No es la mujer vulnerable que sufre todo tipo de atropello, pero tampoco una persona que se mueve solo por interés. Un gris que hace quererla y odiarla a la vez. Y así, durante los ratos muertos de su trabajo -la espera entre el almuerzo y la cena donde vuelve a probar los manjares que hace el chef de Hitler-, inicia un romance con su implacable empleador, un suboficial que por su trabajo le paga doscientos marcos mensuales. Una especie de síndrome de Estocolmo, no motivado por un factor intrínsecamente psicológico, sino también por la soledad de lo trágico.

 

NATURALEZA DEL ABUSO

‘Las catadoras del Führer’ es atroz por mostrar la naturalidad del abuso que se vivía en ese momento. La vía libre que tenían las fuerzas de seguridad alemanas para hacer lo que quisieran con todos sus subordinados. Y por contar una historia de amor dentro de los límites del horror, que el espectador no sabe si celebrar o repudiar. La certeza de Soldini es prender una vela y sembrar una rosa (valga la analogía) donde imperan la oscuridad y el espanto.

La presente historia se descubrió en 2012, cuando Margot Wölk, a quien se la conocía solamente como una de las tantas secretarias de Hitler, poco antes de morir a sus 96 años, confesó su etapa de catadora.

 

Calificación: Muy buena