¿Un nuevo orden comercial?

Por Embajada Abierta

La Unión Europea (UE), Canadá, Reino Unido, China e India protagonizaron en este comienzo de 2026 una serie de acuerdos más o menos ambiciosos que, en conjunto, comienzan a dibujar un nuevo mapa comercial global como respuesta a la guerra arancelaria de Estados Unidos.

La seguidilla fue tan impactante que empujó al propio Donald Trump a cerrar el acuerdo que había retaceado durante meses a India. Cansada de esperar, India ya había creado con la UE la Unión Europea (UE) la mayor zona de libre comercio del mundo, negociada también por años.

Trump aceptó entonces rebajar los aranceles a India, del 50% a 18%, a cambio de que Nueva Delhi deje de comprar petróleo a Rusia (parte del BRICS, como China) y lo haga en Estados Unidos y Venezuela. India eliminará aranceles a productos estadounidenses y comprará 500 mil millones de dólares en energía, tecnología y bienes agrícolas.

"Cuando dos grandes economías y las mayores democracias del mundo trabajan unidas, beneficia a los pueblos y abre enormes oportunidades para cooperación en beneficio mutuo", dijo el presidente Narendra Modi.

Días después, enmarcado en su nueva Doctrina Monroe y su concepto de seguridad económica para el Hemisferio Occidental, Estados Unidos Cerró otro acuerdo de "reciprocidad" comercial e inversiones con Argentina, cuyo gobierno es el más alineado de la región con Washington.

 PROTECCIONISMO

El proteccionismo había sido una impronta de la primera presidencia de Trump (2017-2021), pero el Liberation Day arancelario de 2025 desató una guerra comercial de la Casa Blanca que, como en otras áreas, corrió a Estados Unidos de su histórico rol de creador y garante de un orden global general desde 1945, que desde los 90 incluyó como regulador a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El golpe alteró naturalmente los circuitos del suministro comercial global, como lo habían hecho antes la pandemia y la guerra de Ucrania, mientras Trump ejercía un transaccionalismo agresivo que abrió una sucesión de renegociaciones, algunas todavía en marcha como con China, blanco principal de la ofensiva.

Entonces, potencias medias y países menos desarrollados comenzaron a pergeñar alternativas al hormiguero pateado por Washington y a considerar nuevos mercados para sus bienes y servicios, o potenciar los existentes -como Europa y América Latina- ahora que el gran destino de EEUU encarecía sus exportaciones. No está claro aún si habrá una restauración del multilateralismo sin Estados Unidos.

Trump tiene académicos que avalan el abandono del antiguo orden comercial, hijo de un mundo unipolar extinto reemplazado por la amenaza del gran superávit de China y en el que, para compensar esa ventaja exportadora a nivel global, el dólar perdió 10% de su valor en 2025.

“Los líderes que lo sucedan pueden y deben basarse en aquellos elementos de su enfoque disruptivo que, de hecho, representan pasos hacia una formulación de políticas comerciales más pragmática y menos centrada en las reglas que reinó durante la mayor parte de la historia de Estados Unidos”, sostiene Peter E. Harrell.

Pero Trump II, agitando la bandera del America First, revisó no sólo todo el orden comercial mundial, sino el geopolítico en general, desde Groenlandia a Venezuela pasando por Irán.

Entonces llegó el Foro Mundial de Davos 2026 y el discurso del primer ministro canadiense Mark Carney, quien resumió el sentir del resto.

Ante el contraste con la estrategia general Beijing, que sin dejar de responder se ofrece como una referencia previsible, el mundo ya considera seriamente un giro hacia China. Sólo en enero visitaron Beijing líderes de Francia, Reino Unido, Irlanda, Canadá, Corea del Sur y Uruguay.

"Ningún aliado estadounidense quiere desacoplarse de Estados Unidos. Pero casi todos están tratando activamente de reducir los riesgos", comenta Ian Bremmer. "México (que siente que no tiene otra opción) e Israel (Trump es muy popular allí) son las dos excepciones significativas".

Carney proclamó “el fin de una ficción agradable”, el orden mundial liberal nacido en la posguerra del Siglo XX, y “el comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”. Y dio su receta: las potencias medias y “su capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de reforzar nuestra posición en casa y de actuar juntos”.

TODO CAMBIA

“Esta no es la década de 1930”, había dicho Jacob Kirkegaard, investigador principal en Bruselas del Instituto Peterson, en alusión al antecedente de la guerra comercial que Trump ha citado como inspiración histórica. “No es el fin del sistema de comercio mundial. Estamos yendo a un sistema de comercio mundial diferente”.

Antes y después de ese histórico discurso de Carney desafiando la estrategia de Trump, el mundo asistió a la negociación o concreción de una serie de acuerdos comerciales de países y bloques que marcará el inicio de un nuevo orden comercial todavía en ciernes, pero con potentes señales que a continuación resumimos.

Estos cambios se recortan sobre la disputa entre las dos mayores potencias económicas, China y Estados Unidos. Así, mientras Trump persigue un dólar más débil que licue la pesada deuda pública de Estados Unidos y le dé competitividad a sus exportaciones, Xi Jinping propone al yuan como futura moneda global de reserva.

Y, en tanto, siguen negociando su propia tregua comercial a largo plazo.

En 2025, en plena guerra arancelaria, el superávit comercial de China alcanzó un récord de 1,2 billones de dólares, su ingreso mensual de divisas tocó otro de 100 mil millones, el uso global de su moneda, el yuan, se ha expandido y su economía -con problemas internos de burbuja inmobiliaria y deflación- creció a un ritmo de 5%.

Trump elevó los aranceles a China a más del 100% en abril de 2025, antes de revertir parcialmente y conformarse con una tregua temporal, mientras que Beijing impulsó sus exportaciones a mercados no estadounidenses y lanzó medidas de apoyo para sus empresas y mercados privados.

Los envíos chinos a Estados Unidos cayeron 20% en 2025, pero aumentaron 25,8% a África, 7,4% a América Latina, 13,4% al sudeste asiático y 8,4% a la UEa el año pasado.

La Unión Europea (UE), un mercado de más de 500 millones de consumidores alcanzado de lleno por aranceles que Trump rebajó a 15% en 2025 pero amenazó con subir otra vez si Europa resiste la anexión de Groenlandia, cerró tres nuevos pactos comerciales: Suiza, el Mercosur y, “la madre de todos los acuerdos”, con India, y negocia otros con México y Malasia.

"Esto es solo el principio", vaticinó la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Úrsula von der Leyen, después de haber firmado acuerdos con Mercosur y Suiza. Con India, las negociaciones arrancaron el 2007, se estancaron y ahora que Estados Unidos electrizó el tendido comercial global se aceleraron. Tanto como para dejar atrás el intento de Trump de forzar a India a cerrar un acuerdo bilateral parecido en 2025.

India y la UE formarán la zona de libre comercio más grande del mundo, unos 2.000 millones de consumidores, y ahorrarán 4 mil millones de euros en aranceles (se eliminan en el 95% de bienes indios). India abre su mercado a los automóviles europeos y el sector agrícola -que demoró por años el UE-Mercosur por la queja de los agricultores de Francia y otros países- queda básicamente excluido del tratado.

La UE ya es el primer socio comercial de India (el 11% del total) pero el país asiático es el noveno socio de los Veintisiete (2,4%).

Los intercambios se han duplicado en la última década, en la que el bloque importa más de lo que vende, pero es uno de los principales inversores extranjeros en suelo indio, con más de 140.000 millones de euros en 2023, y presencia de unas 6.000 empresas.

La UE espera duplicar las exportaciones europeas a India, que en 2024 llegaron a 48.800 millones de euros. Las importaciones llegaron a 71.300 millones.

 MERCOSUR

Después de 27 años de tortuosas negociaciones, y alentados por el escenario de creado por la guerra comercial, la UE y el Mercosur firmaron en enero el acuerdo que crea un área de libre comercio de más de 700 millones de consumidores, pese a la resistencia final de varios países agrícolas europeos.

Una mayoría suficiente de 21 de los 27 países de UE aprobaron el acuerdo con el Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), pese a la oposición de Francia, Polonia, Irlanda, Austria y Hungría (votaron en contra, Bélgica se abstuvo).

Pero la resistencia persistió y, a la hora de conseguir la aprobación del Parlamento Europeo esa mayoría de los gobiernos se debilitó y por 334 votos a 324 los grupos políticos impusieron la obligación de hacer pasar el tratado por el Tribunal del Justicia Europeo, con el argumento de que podía violar normas internas del bloque.

El primer ministro alemán, Friedrich Merz, uno de los máximos impulsores del acuerdo, calificó la decisión del Europarlamento como “lamentable. No interpreta correctamente la situación geopolítica”, dijo, y clamó: “Basta de demoras”.

El acuerdo suprime más del 90% de aranceles a las exportaciones europeas, lo que ahorraría a las empresas de la UE más de 4.000 millones de euros anuales en aranceles, mientras ofrece a los cuatro países del Mercosur mercados más amplios para sus alimentos y productos básicos.

Continuando una tendencia de décadas, en 2025 el peso de la UE en el comercio exterior argentino fue el más bajo en al menos 45 años.

A finales de enero, cuando ya se sabía que la justicia europea podría tomarse hasta dos años para revisar el acuerdo pero también que Bruselas podría decidir una adopción “provisional” apenas los países del Mercosur lo ratifiquen, los productores agrícolas de Francia y España seguían manifestándose en las calles.