Un mundo donde prevalecerá la doctrina de las esferas de influencia

 

El presidente Donald Trump está decidido a utilizar la fuerza para imponer su visión estratégica sobre el orden internacional. No es una novedad. Así lo había anunciado tiempo atrás desde la página oficial del gobierno de los Estados Unidos donde ese pensamiento figura como una “prioridad” para “proteger nuestras fronteras”. Cualquier persona que quiera interiorizarse con mayores detalles puede ingresar al sitio White House.

También allí se publicó el cuatro de diciembre último la nueva Estrategia de Seguridad Nacional que contiene dos premisas concretas: Restaurar la fortaleza de EE.UU. en el mundo y reafirmar su poder en “Nuestra región”, es decir en América Latina. Aunque no figuran nombres propios en ese documento, México, Colombia y Cuba deberían prepararse para experimentar profundas correcciones.

Lo ocurrido en Venezuela refleja fielmente las directivas impulsadas por Trump. La polémica no tardó en aparecer: ¿A Washington le interesa más el petróleo venezolano o restaurar la democracia en ese país? Objetivamente la cúpula del régimen que encabezaba Maduro sigue en el poder y Trump se aseguró 50 millones de barriles de petróleo.

Los más alarmados son los países europeos, a cuyos líderes Trump tildó de “cobardes” que conducen un continente “en decadencia civilizatoria”. Se preguntan si el uso de la fuerza para dirimir cuestiones de Estado podría estar justificando la invasión de Rusia a Ucrania y mañana a cualquier otra nación de Europa. A Dinamarca le preocupa el futuro de Groenlandia, sin olvidar que Taiwán está bajo presión de China. Todo ello aparenta constituir un nuevo paradigma global donde prevalecerá la doctrina de las esferas de influencia.

El estado de alarma es tal que ha llevado a decir al canciller alemán Friedrich Merz que “el ataque de Rusia a Ucrania es parte de un plan dirigido contra toda Europa”. Por su parte el secretario general de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte, afirmó que “debemos prepararnos para una guerra de una magnitud comparable a la que vivieron nuestros abuelos”.

Se trata de dos funcionarios que tradicionalmente han cultivado una actitud prudente y mesurada.

Finalmente, como dijo el poeta: “No nos gusta el mundo en el que estamos viviendo”.