Un homenaje a Leopoldo Marechal

En el centenario de “Días como flechas”, segundo poemario del poeta argentino.

Por Fernando Adrián Bermúdez *

El 11 de junio de 1900, nacía en Buenos Aires Leopoldo Marechal, uno de los escritores más importantes de la Argentina. Poeta, dramaturgo, novelista y ensayista, autor de una infinidad de obras, entre otras su monumental “Adán Buenosayres”, hito en la literatura argentina del siglo XX y cuya lectura nos sigue interpelando todos los días. En su producción se pueden nombrar “El banquete de Severo Arcángelo” y su “Megafón, o la guerra”; así como sus poemas “Odas para el hombre y la mujer” o “Laberinto de amor”, entre otros. Bien ha dicho Leonardo Castellani que Dios concede a los países uno o dos poetas por siglo; Marechal es, sin lugar a dudas, uno de ellos.

En la presente nota, quisiéramos rendir un homenaje al poeta, recordando el centenario de su segundo poemario titulado Días como flechas de 1926. Si bien su poemario, titulado “Los Aguiluchos” de 1922, es el primero, podemos coincidir con la crítica literaria en que su iniciación poética, con rasgos propios del autor, será con su segundo poemario. Esto no significa para nada desmerecer su primer libro, donde se pueden ver los inicios de una carrera poética notable y cuyos vestigios anticipan a un Marechal con todas las letras en las obras posteriores. Como ejemplo de esta afirmación, podemos ver el siguiente poema titulado Amor y su influencia en lo que será su posterior Laberinto de Amor: “Aún recuerdo lo mucho que reíste / esa noche, mi bien. / Yo estaba triste, inmensamente triste / no sabía por qué. / Y tus risas de pájaro, esas risas / que suenan a metal, /se unieron a mis penas indecisas / como una pena más. / Fue egoísmo tal vez, quizá amargura / o acaso crueldad; / pero esa noche azul de tu ventura / lo hubiera dado todo, en mi locura / por mirarte llorar…”.

 

UNA OBRA UNITIVA

Pedro Luis Barcia, uno de los críticos literarios más importantes de la Argentina y uno de los más estudiosos del poeta, afirma que toda la obra de Marechal puede ser calificada con precisión de unitiva, ya se trate de novela, ensayo, teatro o lírica. En el estudio preliminar de Adán Buenosaires, Barcia describe en ocho puntos los rasgos esenciales del autor: “1) una dinámica de búsqueda, una tensión hacia un centro, y el trazado del camino para alcanzarlo, propuesto como símbolo de viaje; 2) un movimiento ascensional de verticalidad que tiende hacia la trascendencia religiosa; 3) una dimensión metafísica que sostiene y anima toda su producción; 4) la figura de una mujer polisemántica que se constituye en la clave reveladora de la realidad; 5) la existencia de un orden cósmico, resultado de la armonía de contrarios; 6) el artista concebido como un pequeño dios; 7) una articulación fluida entre lo racional y lo universal en el manejo de símbolos ancestrales, reencarnados y actualizados en el aquí y el ahora: y 8) una acepción gozosa de la Creación, sustentada en un optimismo comprensivo, un humorismo tolerante y humanismo dialogante”.

En su poemario Días como flechas, se podrá observar parte de estos tópicos hilvanados de manera unitaria en su tono, forma y vitalidad, celebrando la creación del mundo en sus formas y fuerza, mostrando su vuelo poético y el manejo de la palabra.

 

EL POETA

A lo largo del poemario, vemos la figura del poeta que canta a la creación, recordando su vocación y compromiso con las cosas creadas. Así, en el Poema sin título que inicia el poemario, dice: “En una tierra impúber desnudarás tu canto / junto al arroyo de las tardes. / Tú sabes algún signo para pedir la lluvia / y has encontrado yerbas que hacen soñar. / Pero no es hora, duermen / en tu pie los caminos. / Y danzas en el humo de mi pipa / donde las noches arden como tabacos negros…”.

En el Poema de veinticinco años, también se puede observar la figura del poeta en la imagen del cazador furtivo en su isla de palabras: “He ahí – dicen- el cazador furtivo, / el que busca plumajes raros en la copa del sueño: / está sólo en su islote de palabras, / más triste y sólo que un rey sin sus dos hijas…”. Como se puede ver, habla del poeta como el cazador furtivo en su pequeña isla de palabras.

 

ELOGIO Y CANTO A LA CREACION

Como se ha dicho, el poema es un canto, un elogio lírico y armonioso a la creación. En el primer poema que abre el poemario se ve la intención del poeta al cantarle en primer lugar a la patria y al poeta que le canta, para luego tomar las referencias del arroyo, del río, de la luna, de los días, de la noche, de los bambúes y de los animales:

“¡Yo sé que tu cielo es redondeo y azul como los huevos de perdiz / y que tus mañanas tiemblan, / gotas pesadas en la flor del mundo! / Por tus arroyos los días descienden como piraguas. / Tus ríos abren canales de música en la noche; / y la luna es un papagayo más entre bambúes / o un loto que rompen a picotazos las cigüeñas”.

En su poema Canción, se ve también este claro elogio del poeta a las cosas creadas y cómo a partir de ellas se canta y se sueña, cuya memoria y recuerdo el poeta remonta para que no lo olvidemos ni lo descuidemos: “El Río de tu Sueño cantará el abecedario del agua. / Tendrá árboles, como llamas verdes / chisporroteando alondras; / y altos bambúes cazarán el girasol de las lunas / en el Río de tu Sueño que sólo tú remontas. / El alba será un loto que perfuma / la muerte de tus noches; / de picotear estrellas estarán ebrios tus pájaro-mosca. / Con mi remo inútil, a lo largo de las noches, / busco el Río de tu sueño que sólo tú remontas”.

 

CAMINO DE OTOÑO

Por último, quisiéramos traer a colación un poema que sintetiza este elogio a la creación titulado “Elegía de un camino en otoño”, donde Marechal describe y canta con un gozo sin igual una estación significativa para el poeta, cuyo símbolo y nostalgia transmite en cada uno de sus párrafos. Comparando la naturaleza del otoño con las figuras humanas, el poeta nos introduce en un recorrido estacional como etapa existencial. En sus partes principales, nos canta:

“Cada hoja es un párpado que se cae de sueño. / Yo he mirado la aguja de tus pies diminutos: /hilvanabas el traje del otoño / con hojas muertas. / Ahora tus voces llorarán perdidas / en una encrucijada del silencio… / Crujen tus manos, espigas que maduraban sin remedio; / todo porque se deshojó una rama del calendario / y el Otoño empolva su nariz del viejo comediante”.

Para terminar nuestro homenaje, recordamos una carta de Jorge Luis Borges escrita en el mismo año de la publicación del Poemario, digna de recordar en este centenario: “Querido Leopoldo: la felicitación pública por tus Días como flechas la hará nuestro querido don Ricardo; y no quiero dejar de felicitarte privadamente. Tu libro, tan huraño a mis preconceptos, teorías y otras intentonas pretenciosas de mi criterio, me ha entusiasmado. No te añado pormenores de mi entusiasmo, para no plagiarte, pues todavía estoy en el ambiente de tus versos leídos y releídos. Sin embargo, ¡qué versos atropelladores y dichosos de atropellar, qué aventura para la sentada poesía argentina! Vuelvo a felicitarte y me voy”.

Por todo lo dicho, rindamos en este centenario un homenaje a Leopoldo Marechal y su contribución a la poesía que, como bien ha dicho Rilke, es el acontecimiento radical de la existencia.

* Docente Universitario UM – UNCuyo.