Había una vez...

Un héroe incorruptible

- Padrino, ¿viste la serie “El Eternauta”?

- Creo que lo más nuevo que vi fue “El fugitivo” de la década del 60… Aunque me gusta también Bonanza…

- No dale, ¿la viste?

- No, sí leí la historieta.

- ¿Es buena?

- La primera sí. La tengo por allí. Había en esa época mucha historieta buena… Ahora las llaman “comics”, pero casi nadie los lee.

- Dicen que su autor fue el mejor.

- Lo dicen por razones políticas. Se había metido en un grupo terrorista llamado “Montoneros” y eso siempre da prensa. Fue bueno, aunque creo que hubo mejores. Pero cuando los mejores no le hacen el coro a la izquierda, que son los que manejan eso que llaman “cultura”, desaparecen.

- Por eso se está librando “la batalla cultural”, ja.

- Querés hacerme enojar, pero no me voy a enganchar. Solo te digo que no puede dar batalla cultural los que no saben qué es la cultura… La izquierda internacional fue hábil y atacó a fondo lo que quería, destruyendo la educación, adueñándose del arte, y falsificando todo lo que es verdaderamente cultural reemplazándolos por engendros dedicados a sus propios fines: la lucha por el poder.

- ¿Lo logró?

- Sí… bastante. Aunque al final perderá, porque sus fundamentos son falsos, antinaturales. Y eso se derrumba siempre. Es cuestión de esperar y el cadáver pasará por la vereda... Pero está claro que no morirá porque lo combatan bufones, gatos o pajarracas…

***

- ¿Dónde están tus comics? ¿Me prestás algo para las vacaciones?

- Lo que quieras. Yo seguiré llamándolas “historietas”. Busque nomás. Están en la bibliotequita de la sala de estar.

Al rato volvió con una pila: unos tomos de Nippur de Lagash, algunas revistas de Editorial Columba, medio destartaladas y dos tomos de “El Eternauta”. Mirando el segundo me preguntó:

- ¿Vale la pena?

- Te confieso que a mí “me da pena”. Ahí el mismo autor, German Oesterheld, se pone como protagonista y junto al “eternauta” combate a los invasores. Dibuja su personaje como un torpe héroe al que las circunstancias lo llevan a combatir con valentía. Se vio siempre como una defensa del terrorismo que militaba, aunque esos tipos, que secuestraron y mataron inocentes, no tuvieron nada, absolutamente nada de heroicos. Probablemente a él le hubiese gustado ser un héroe, de hecho, el heroísmo es un tema que está muy presente en todas las historietas de esa época y también en las suyas; quizás le hubiese gustado, pero terminó combatiendo en un bando cobarde y criminal. Y entonces, de héroe, nada… triste historia.

- ¿Lo leo entonces?

- No es de lo mejor, tiene como te decía su sutil tara ideológica, pero no es tan mala... ni buena como la primera.

La de Nippur de Lagash, en cambio es una gran “saga”. Te la recomiendo. Su autor Robin Wood, es el mayor genio que dio el género en la Argentina; era paraguayo de sangre gringa. La imaginación más prodigiosa que he visto, acompañada con una notable cultura general. Realmente escribe bien, a veces poéticamente, siempre con fuerza. Y derrocha imaginación y originalidad. Nippur, un héroe sumerio, encarna la honestidad extrema y el honor inquebrantable. Nippur es fiel: a su palabra, a su honor, a sus amigos, a su tierra. Siempre. Pese a todo. Contra todo. Por eso lo llamaban “el incorruptible”.

- ¡Como a los políticos argentinos!

- Ponele, ja. Robin Wood ha escrito historias que recorren todos los lugares del mundo y todas las épocas: de la antigüedad hasta nuestros días, desde los gauchos, hasta las guerras contemporáneas o imaginando tiempos apocalípticos. A diferencia de Oesterheld, Wood nunca se politizó, aunque es en el fondo “contracultural”, “antisistema en serio”. Me acuerdo haber leído una frase que define su obra (y su obrar): "Creo en el honor, creo en la palabra dada, creo en la honestidad." Lo pudo haber dicho Nippur o cualquiera de sus personajes, porque era en lo que creía su autor.

- ¡Una verdadera reliquia de otros tiempos!

- Cierto. Por eso la izquierda culturosa dominante nunca lo apreció, siempre lo “ningunearon”. Pero también por eso, porque supo hablar al corazón de sus lectores; su obra es un tesoro. Mirá, te voy a decir algo que es indemostrable: estoy convencido que buena parte del heroísmo de nuestros malvineros, se forjó leyendo a Nippur, o en general, las revistas de Editorial Columba. Para ser justos junto a Wood allí había muchos más: Armando Fernández, Julio Álvarez Cao Ricardo Ferrari, Jorge Morhain.... y muchos otros excelentes… Esos tipos sí hicieron cultura popular en serio.

- ¿Por qué desaparecieron?

- Un poco porque se dejó de leer, otro porque una buena historieta es algo caro de editar, otro por esa presión “pseudocultural” para la cual el “honor”, la “valentía” la “palabra” y hasta la sana “amistad” son cosas de fachos y hay que cancelarlos… No sabría decirte con exactitud. La cosa es que fue una pérdida grave.

***

- Las revistas, mejor te las dejo, se van a romper más de lo que están.

- Yo creo que hoy la mejor manera de leer historietas, o comics, como te gusta decir a vos, es con una Tablet. En la red hay muchos sitios que te ofrecen los archivos. Te instalás un programita lector (a mí me gusta GonVisor, pero nunca comparé), y ¡a disfrutar!

- Te la tomo, ¡qué moderno que estás! ¿Y los derechos de autor?

- El mayor derecho que tienen los buenos autores es no caer en el olvido… Ahhh… ¡no te olvides de leer a “Gilgamesh el inmortal”!