Un general vinculado con el atentado a la AMIA ascendió a un lugar clave en Irán
Por Jom Gambrell
DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos (AP)
Mientras las negociaciones con Estados Unidos penden de un hilo, se cree que un general iraní conservador, vinculado a notorios ataques dentro y fuera del país en las últimas décadas como el de la Argentina, se ha hecho con un lugar decisivo en el poder iraní.
El general de brigada Ahmad Vahidi, que dirige la Guardia Revolucionaria paramilitar de Irán, se ha convertido en una figura clave para formular la postura firme de la República Islámica en la negociación de un posible fin de la guerra con Estados Unidos, según expertos. Se cree que forma parte de un pequeño círculo en contacto directo con el líder supremo, el ayatolá Moytabá Jamenei, quien permanece oculto tras resultar presuntamente herido en los ataques israelíes del 28 de febrero que acabaron con la vida de su padre, el ayatolá Ali Jamenei.
Como ocurre con todo en Irán desde que comenzó la guerra, sigue sin estar claro quién controla en última instancia la toma de decisiones. A medida que la gente en las altas esferas de la teocracia iraní compite por el poder, pueden ganar o perder el favor rápidamente. El propio Vahidi no ha sido visto en público desde el 8 de febrero, semanas antes de que empezara la guerra. La prensa iraní publicó el jueves reportes contradictorios sobre una reunión entre Vahidi y el ministro del Interior de Pakistán en Teherán, quien trasmitió un mensaje sobre las negociaciones con Estados Unidos y se reunió con otros altos cargos iraníes.
Vahidi, un veterano del sistema gobernante, ayudó a dar forma al apoyo de Irán a grupos insurgentes en toda la región, está acusado de haber participado en el atentado con bomba de 1994 contra la Asociación de Mutuales Israelitas Argentinas (AMIA) en Argentina y, en 2022, dirigió a las fuerzas de seguridad internas en una sangrienta represión contra manifestantes.
Ascendido a comandante de la Guardia tras la muerte de su predecesor al inicio de la guerra, dirige la fuerza más poderosa de Irán, con su arsenal de misiles balísticos y su flota de pequeñas embarcaciones que amenazan el transporte marítimo en el golfo Pérsico.
“Vahidi y miembros de su círculo íntimo probablemente han consolidado el control no solo sobre la respuesta militar de Irán en el conflicto, sino también sobre la política de negociaciones" del país, señaló el Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington.
La estrategia bélica de la República Islámica ha consistido en mantener un férreo control sobre el estrecho de Ormuz, bloqueando las exportaciones de petróleo y gas y provocando una crisis energética global. Al mismo tiempo, ha atacado con dureza instalaciones petroleras, hoteles e infraestructura en naciones árabes del golfo.
En las negociaciones, se ha mantenido firme frente a las exigencias de Estados Unidos de entregar las reservas de uranio altamente enriquecido, apostando a que puede resistir más que Washington en la pulseada en curso y a que el presidente Donald Trump se mostrará reacio a reanudar una guerra abierta que podría causar mayores daños a los aliados de la Casa Blanca en la región.
Eso podría reflejar el estilo de confrontación Vahidi. “Viene de esa mentalidad de revolución interminable, de resistencia interminable”, apuntó Kenneth Katzman, investigador principal de The Soufan Group, un centro de estudios con sede en Nueva York. Vahidi cree que “a Estados Unidos hay que desafiarlo en cada paso”, agregó Katzman, un destacado experto en Irán que asesoró al Congreso de Estados Unidos durante más de 30 años.
Vahidi se jactó en enero de que el poder defensivo de Irán se ha desarrollado hasta convertirlo en un “alto riesgo para cualquier acción militar de un enemigo”.
Vahidi, un punto central en las conversaciones
En abril, Pakistán acogió conversaciones entre una delegación iraní —encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf— y otra estadounidense, liderada por el vicepresidente, JD Vance. Pero terminaron sin acuerdo alguno.
Qalibaf y el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, regresaron a casa para enfrentar críticas internas en la teocracia que sugerían que estaban demasiado dispuestos a hacer concesiones. Qalibaf tuvo que insistir públicamente en que las conversaciones contaban con el respaldo del líder supremo.
Desde entonces, Vahidi se ha convertido en el principal punto de contacto para quienes negocian con Teherán, según un funcionario regional con conocimiento directo de las labores de mediación. El funcionario habló bajo condición de anonimato para abordar la delicada diplomacia.
El extremo aislamiento y el desconocimiento del estado del líder supremo han alimentado especulaciones sobre maniobras entre dirigentes para acceder a Jamenei e influir sobre él. A principios de mayo, el presidente del país, Masoud Pezeshkian, a quien muchos consideran marginado de la influencia por la Guardia, se esforzó por decir que “pudo ver a nuestro querido líder” y habló con él durante unas dos horas.
Pero Holly Dagres, investigadora principal del Washington Institute for Near East Policy, dijo que es probable que el nuevo líder supremo “esté en total sintonía con una (Guardia) más de línea dura, como su padre, pero en una forma más audaz e intransigente”.
El analista Kamran Bokhari escribió que figuras como Vahidi “no solo están gestionando la guerra: están reconfigurando activamente la sucesión, consolidando la autoridad en torno a un líder supremo debilitado y, en la práctica, ‘capturando’ el Estado mediante una gobernanza de crisis”.
Vahidi, forjado por años al frente de la Fuerza Quds
Nacido con el nombre de Ahmad Shahcheraghi en la ciudad sureña de Shiraz en 1958, Vahidi, como muchos jóvenes tras la revolución de 1979, se unió a la Guardia Revolucionaria y combatió contra la invasión del líder iraquí Saddam Hussein, que desencadenó una sangrienta guerra de ocho años.
Ingresó en el incipiente brazo de inteligencia de la Guardia y pronto supervisaba operaciones fuera de Irán. Se ganó el favor de poderosos padrinos, entre ellos Akbar Hashemi Rafsanjani, quien más tarde fue presidente. Rafsanjani escribió en su autobiografía que Vahidi estuvo implicado en el escándalo Irán-Contra de la década de 1980, en el que el gobierno del presidente estadounidense Ronald Reagan vendió armas a Teherán en un intento de liberar a rehenes retenidos por insurgentes respaldados por Irán en Líbano. Más tarde, Washington utilizó el dinero de esas ventas para financiar a los rebeldes contras en Nicaragua.
Rafsanjani intervino después para proteger a Vahidi cuando el entonces líder supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini, buscó procesar a miembros de la Guardia que no lograron detener una incursión de combatientes armados de un grupo iraní en el exilio a finales de la década de 1980, durante la guerra.
Por esa época, Vahidi asumió el mando de la recién creada Fuerza Quds, o de Jerusalén. Durante décadas, la Fuerza ayudó a crear una red de grupos insurgentes aliados y gobiernos afines en todo Oriente Medio. Según fiscales, el grupo comandado por Vahidi ayudó a planificar el atentado con bomba de 1994 contra el mayor centro comunitario judío de Argentina, que causó 85 muertos y 300 heridos. Irán ha negado su implicación.
Investigadores estadounidenses también creen que, bajo el mando de Vahidi, Irán organizó el atentado de 1996 contra las Torres Khobar en Arabia Saudí, en el que fallecieron 19 militares estadounidenses y cientos resultaron heridos. Teherán también ha negado estar implicado en ese ataque.
Vahidi dejó la Fuerza Quds en 1998. En 2010, cuando era ministro de Defensa, Estados Unidos le impuso sanciones por su presunta participación en el programa nuclear iraní y su búsqueda de armas de destrucción masiva.
Más recientemente, como ministro del Interior, Vahidi supervisó unidades policiales implicadas en una sangrienta represión de varios meses contra las protestas por la muerte en 2022 de Mahsa Amini, quien falleció bajo custodia policial tras ser detenida por no llevar el pañuelo con el que debía cubrirse la cabeza según el criterio de las autoridades.
Más tarde, un periódico iraní publicó un documento clasificado que mostraba que el Ministerio del Interior de Vahidi ordenó a los organismos de seguridad vigilar y fotografiar a mujeres que no llevaban hiyab, algo que él había negado que estuviera ocurriendo.
Por entonces, Vahidi afirmó públicamente que los llamados a retirar el hiyab eran un “plan colonial” de los enemigos del país para socavar la República Islámica. “El hiyab ha sido una gran barrera contra el avance de la afeminada cultura occidental”, sostuvo.
El papel de Vahidi hace que alcanzar un acuerdo con Irán sea aún más difícil para Estados Unidos, igual que la persistente falta de claridad sobre el liderazgo iraní.
Trump quiere un único interlocutor para las negociaciones, pero “todo el sistema ha cambiado”, dijo Hamidreza Azizi, experto en Irán del Middle East Institute.
“No es un espectáculo de un solo hombre. Vahidi es uno más entre otros”, manifestó Azizi. “A algunos los conocemos y a otros no”
