Un fresco de la condición humana
El estreno de ‘Djævel, el mito’ en el Teatro de Pueblo.
Malcolm X, activista y defensor de los derechos humanos, dijo alguna vez: “La única cosa que respeta el poder es el poder”.
Por Miguel Angel Diani *
‘Djævel (El mito)’. El poder sobre el poder mismo. El poder como único deseo. Sobre esa premisa comencé a escribir este texto. El mundo de las ambiciones. De la crueldad. El abuso sistemático para lograr beneficios económicos, manipular, dominar, sin importar a quien se perjudique y sin la más mínima empatía. Arme el texto con estructura de cuento, con personajes que parecen escapados de la pluma de los hermanos Grimm. Tratado desde el absurdo y la neocrueldad. La farsa social arrastra a los personajes hacia los límites de la crueldad psicológica. Un juego teatral donde el espectador está pendiente y se entera conjuntamente con el personaje de lo que está sucediendo. La intriga del absurdo de la vida se ve reflejada a cada instante. El humor (negro por momentos) hace que la historia fluya jugando con el compromiso del espectador/espectadora. Tal vez, más de una vez, se verán riendo de algo que siente que le está sucediendo en su propia vida. Ese es el juego del poder. Hacernos creer que sólo somos espectadores, pero cuando descubrimos que en realidad somos los protagonistas, ya es tarde. La caja hizo su trabajo.
FUERA DE TIEMPO
Un circo de Frikis llega a un paraje perdido, de cualquier lugar, de cualquier tiempo y espacio, pero que podría ser tu propio lugar. Como todo mito es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico real pero que sirve para situarse en acontecimientos que uno podría reconocer. Allí su dueño, el señor Truman, recibe un ofrecimiento para incorporar una nueva rareza al circo. Pero al conocerla se abre un mundo oscuro. Mágico. Extraño y peligroso.
La dirección de Mariano Cossa profundiza ese mundo que está al límite entre lo real y lo fantástico. Entre el absurdo y el realismo mágico. El vestuario y la escenografía tienen algo de atemporal y “extrañado”. Mariano plantea algo de retro futurismo en lo estético, idea que parte de ese no tiempo y no lugar en el que se desarrolla el conflicto de esa única escena. Sólo tres personajes llevan adelante la acción. El señor Truman es el arquetipo del especialista en fenómenos humanos, dueño de una feria. Trafica con seres humanos, les saca provecho económico exhibiéndolos, pero además los hace sufrir. Incluso goza con ello. Es en apariencia encantador, desconfiado, brutal y codicioso a más no poder.

Vera y Benicio, hermanos, dicen ser hijos de Djævel, una madre extraña, un fenómeno que trasladan dentro de una caja y de quien se dice que tiene la capacidad de cambiar de forma, a cualquier cosa, no importa su tamaño, textura o color. Ellos llevan esta enorme caja a cuestas, proponiendo venderla al codicioso que desee poseerla; no se sabe de dónde provienen ni cuánto tiempo llevan haciendo este viaje.
Pero Djævel es la verdadera protagonista de la obra. O más bien la caja que la contiene. Una caja de importantes dimensiones, casi único elemento escenográfico, cuyo contenido interior sólo veremos al final.
ARTE QUE RESPIRA
Un texto teatral se convierte en espectáculo cuando un grupo de actores y un director le dan vida. El teatro es un arte que respira, llora y ríe. Y que vibra de forma única con el espectador.
El elenco de esta obra (Déborah Fideleff, Pablo Finamore, Román Lamas) es un lujo. Artistas comprometidos con la cultura y con la lucha por la defensa del teatro independiente, que encontraron en Mariano Cossa, director y músico de la obra, el lazarillo ideal para poder transitar esta metáfora sobre el abuso del poder. Un cuento que nos adentra en un mundo que conocemos muy bien y que padecemos. Adriana Yasky nos da el marco propicio desde la producción ejecutiva, para poder soñar y hacer soñar por una hora y cuarto, que estamos dentro de ese extraño mundo.
Mi teatro siempre bucea en la intriga, en el desconocimiento. Cambios que retoman su marcha cuando parecen detenerse. Personajes que deambulan en mundos extraños, bizarros, atrapados en situaciones límites que los llevarán inevitablemente a la tragedia. Porque la escena remite siempre a la realidad. Una realidad que desnuda a una sociedad que no se reconoce ni en sus orígenes ni en su descendencia. Personajes que caminan en la cornisa de lo amoral y la asfixia existencial. Víctimas y victimarios a la vez. Y como en este caso de Djævel, con un claro anclaje en nuestro colectivo imaginario.
El humor, siempre presente en mis obras, nos acompaña aquí también, enmarcando este fresco de la condición humana que nos identifica con los tiempos que vivimos.
* Dramaturgo. Autor de ‘Djævel, el mito’, que debuta este viernes a las 22 en el Teatro Del Pueblo (Lavalle 3636). Funciones, todos los viernes en el mismo horario.
