El rincón del historiador

Un francés al servicio de la patria

El próximo 20 de febrero se cumplirán dos siglos de la muerte del coronel Federico Brandsen en la batalla de Ituzaingó. El general Tomás de Iriarte, testigo presencial, escribió en sus críticas Memorias que "Brandzen era un hombre bravo e inteligente en su arma de caballería", y a pesar de calificarlo como propenso a la chismografía por estar siempre cercano a sus compañeros en la Campaña de los Andes, reconoció que la carga que terminó con su vida fue porque "Alvear, que estaba en aquel momento arrobado del éxtasis o insania que se apoderaba de él cuando pretendía hacer el héroe (le faux Napoleón), le contestó con palabras equívocas, malsonantes, que indicaban al pundonoroso y valiente coronel que se le creía con miedo, y que la zanja no existía, reiterándole la orden de cargar. Brandsen, lleno de ardor y aguijoneado por las ofensivas expresiones del general en jefe, se lanzó como un rayo sobre la falange enemiga, pero no pudiendo pasar el obstáculo interpuesto, la zanja, volvió caras sobre los fuegos de la fusilería que continuaron asestándose sobre las espaldas de aquellos valientes, y Brandsen, herido mortalmente por dos balas de fusil, rindió en el momento su valiente esperanza. Quedó tendido en el campo de batalla".

El intendente Torcuato de Alvear, hijo del general en jefe en aquella contienda, dispuso, cuando era intendente de Buenos Aires, que se le levantara un monumento funerario en el cementerio de la Recoleta, al que había sido trasladado el bravo coronel a instancias de su viuda Rosa Jáuregui, con quien había tenido tres hijos.

Digno homenaje al soldado de Napoleón, en una ciudad que su máxima autoridad intentaba imitar como a París, al soldado de San Martín, que hizo la campaña del Sur de Chile, luego en el Perú, y lució en su pecho la Orden del Sol, para recibir la corona de la gloria en la guerra contra el Imperio de Brasil. Y más que digno homenaje, porque bien se sabía quién había sido el responsable de la muerte; como pocas veces se le puede aplicar al intendente Alvear aquello de que honrar honra.

También el pueblo de Brandsen decidió honrarlo con motivo del centenario de su nacimiento, el 28 de noviembre de 1885, con la colocación de la piedra fundamental del monumento a erigir en su memoria. Para ello se constituyó una comisión presidida por Rufino M. Martínez, a quien acompañaban Ramón J. Segade, Juan Albino Llanos y un grupo de caballeros, que para darle un reconocimiento de carácter nacional decidieron levantar una suscripción en todo el país.

TREN EXPRESO

El gobierno de la provincia fletó un tren expreso para conducir a los invitados desde Plaza Constitución, que partió a las 8.30; en él, además, se trasladaba la "oficialidad del Regimiento 6° de Infantería, una compañía del Regimiento 1° de Caballería y dos bandas de la guarnición".
El público de la localidad y de pueblos vecinos colmaba los andenes de la estación ferroviaria cuando, poco después de las 9.30, arribó el convoy, lo mismo que la plaza y el templo parroquial, donde se celebró un oficio religioso; para solemnizar esta ceremonia "habían viajado desde esta ciudad músicos y cantores".

Acto seguido, las autoridades se dirigieron a la plaza, donde se colocó, en un pozo abierto al efecto, una urna de mármol blanco, en la que se guardaron los periódicos del día, medallas conmemorativas, un pergamino con el acta firmada por los miembros de la Comisión, el padrino de la ceremonia —el doctor Luis Sáenz Peña, propietario de un establecimiento de campo en la zona— y algunos de los presentes. Las medallas eran de plata y níquel, y llevaban en el anverso un sol naciente sobre el horizonte de agua, con esta inscripción: "El coronel Federico de Brandsen, nació el 28 de noviembre de 1785 y murió el 20 de febrero de 1827 en Ituzaingó".

En el reverso, en el campo, y rodeado de palma y laurel, un brazo revestido de armadura sosteniendo una lanza con banderola, lleva esta frase: "En el primer centenario de su natalicio celebrado en el pueblo de su nombre. República Argentina"
Después de cerrada, la urna fue bendecida, y los presentes se trasladaron a un tablado, cubierto con un toldo y rodeado de banderas, en el que se había colocado un hermoso retrato al óleo ejecutado por Luis Felipe Goulú. Nos animamos a decir que era una copia del original que reproducimos en esta nota.

Entonadas las estrofas del Himno Nacional, hicieron uso de la palabra el doctor Sáenz Peña, don Rufino Martínez por la comisión, el mayor de caballería Eleodoro Damianovich y Spiro por el ejército, y el doctor Ángel J. Carranza. Éste, en un discurso que recogió la prensa de la época, afirmó que era la glorificación del héroe y, después de evocar la trayectoria militar, manifestó que "declarado por el Congreso Heroico Defensor de la Patria —las prendas de su corazón, su carrera esmaltada con servicios eminentes y su fin gloriosísimo lo hacen digno de tan extraordinario honor— y, si las generaciones se disipan en el espacio como el humo, su nombre, victorioso de la muerte, se perpetuará en este pueblo floreciente, en el bronce que inauguramos ahora y en la gratitud de los argentinos que lo aclaman como fundador de cuatro Repúblicas y fundador de nuestra nacionalidad".

Terminados los discursos, los invitados pasaron a la municipalidad, "bonito edificio recién construido", en una de cuyas salas se había dispuesto una mesa para cien cubiertos, mientras que en otra se instalaron las señoras. La sala de la municipalidad se convirtió después en una pista de baile, hasta la salida, a las 4 p.m., del tren de regreso.

Consigna el cronista que "entre los manjares dispuestos figuraba la tradicional carne con cuero, suministrada por la friolera de dieciocho vaquillas". Al final no faltaron los brindis, mientras que en la calle las bandas animaban con sus músicas, a la vez que se tiraban bombas de estruendo y cohetes, y alrededor de la plaza los paisanos corrían la sortija. Por la noche hubo nuevos bailes, fuegos artificiales y fiestas. Así se recordaba, en el centenario, a este hijo de un diplomático holandés ante la corte de Luis XVI que sirvió a las armas francesas con honor, ofreció su espada a la causa de la independencia americana, y que en nuestro país, en Chile y en Perú se convirtieron en celosos custodios de su gloria.
No es el caso comentar ahora los siguientes homenajes materiales, como la inauguración de este monumento —que terminó siendo un busto— y del sepulcro en el cementerio de la Recoleta, en noviembre de 1890.

BICENTENARIO

Un nuevo tributo se prepara para comienzos del año próximo, en ocasión del bicentenario: esta vez, un libro con una recopilación de correspondencia, documentos y papeles referidos al coronel Federico de Brandsen, a cargo del doctor Horacio S. Garcete, titular de Villa Ediciones. Quizás las mejores palabras para recordar lo que fue Brandsen sean las breves líneas que el general San Martín le escribió a Tomás Guido desde Bruselas en junio de 1827: "Muy sensible me ha sido la muerte de Brandzen, con dificultad se podrá reemplazar su pérdida".