Un brunch entre bosque y ciudad
El restaurante ‘Musgo’ de Palermo abrió su versión diurna con una propuesta que combina producto patagónico y técnicas asiáticas en clave relajada. Hay platos muy bien resueltos, clima amable y una experiencia pensada para estirar la sobremesa sin apuro.
Existen lugares que de noche construyen una atmósfera y de día parecen otros. No es exactamente lo que pasa en ‘Musgo’, pero algo de eso hay: la ampliación del horario los fines de semana -de 10 a 16- corre el foco, afloja el ritmo y deja ver otra cara del mismo proyecto. La estrella del día es el brunch y la sensación es que el restaurante encontró un registro más relajado sin perder identidad.
Los dueños del espacio son el chef Konstantin Voronin y su esposa Ksenia Romantsova, ambos de origen ruso, quienes, se nota, pusieron todo el amor y atención para hacer un espacio especial.
Madera, verde, luz filtrada: el famoso “bosque” del que habla el chef no es solo una idea de marca. Funciona. A la mañana y mediodía, con menos densidad que en el servicio nocturno, el lugar respira distinto. Hay algo muy amable en el clima, más de sobremesa larga que de salida planificada. La coordinación, a cargo de Camila Caballero, acompaña ese tono -cercana, atenta, sin invadir- y ayuda a que la experiencia no se vuelva rígida ni sobreactuada.
En la mesa aparece rápido la lógica del menú: no es desayuno ni almuerzo, sino ese punto intermedio que permite moverse sin demasiadas reglas. Hay platos que podrían ir en cualquiera de los dos mundos, y ahí está uno de los aciertos. Aparecen unas exquisitas berenjenas fritas con tomates reliquia de la huerta y salsa asiática que terminan siendo de lo más interesante de la carta, por textura y contraste.
También se destaca un bowl con salmón ahumado, stracciatella, tomates y papines andinos que juega en un registro más fresco, más de mediodía, y funciona como opción liviana sin caer en lo previsible.
Otras opciones de la carta, para compartir, el plato de mariscos -ostras, vieiras, ceviche, mejillones, salmón, langostinos- empuja el brunch hacia un terreno más festivo, casi de almuerzo extendido con algo de celebración.
El concepto “patagandi” -esa mezcla de producto patagónico con técnicas asiáticas- se mantiene, pero en versión más suelta. Se nota una intención de simplificar sin perder carácter, y sobre todo de darle más espacio a la verdura y al producto de temporada. Parte de eso viene de una finca asociada que abastece al restaurante, y se siente: hay coherencia en lo que llega al plato, más allá del discurso.
En bebidas, la carta acompaña bien el recorrido. Café de especialidad en distintas versiones, matcha, chai, opciones frías como iced latte o cold brew, jugos, kombucha, limonadas. También combinaciones más lúdicas -espresso tonic, orange espresso- que encajan con la idea de un brunch que no se apura.
El cierre fue con una crème brûlée con cardamomo y ciruela, delicada, sin excesos de azúcar, con un perfume especiado que aparece de a poco. Un final en la misma línea de todo lo anterior: sin estridencias, pero con gran calidad.
Nicaragua 4758
Brunch: sábados y domingos de 10 a 16
Cena: todos los días desde las 20
Instagram: @musgo.ba
