Opinión
Ucrania y Groenlandia, a finales de enero de 2026
Hace pocos días decíamos en La Prensa: “Se podría decir que los conflictos y las pugnas de la actualidad se explican en gran medida como desafíos a la hegemonía estadounidense proyectada de forma internacional, atravesada por intereses regionales; en Ucrania, como el antagonismo entre una Unión Europea y Rusia, incomodada por una Organización del Tratado del Atlántico Norte siempre creciente, y en el Medio Oriente, donde Israel representa sus intereses contra Irán. Y recientemente vemos como los vínculos y la cooperación entre los Estados antagonizados por la hegemonía estadounidense, confluyen en Venezuela, principalmente Irán, China y Rusia.
Esta intervención no es un retorno al orden. Es una lucha por retrasar el colapso. Desde el congelamiento de las reservas rusas en 2022, el mundo ha estado alerta. El dólar no es neutral. Es un arma. Y si se puede convertir en un arma, se puede reemplazar. Esta medida le da tiempo a Estados Unidos. Pero también envía un mensaje a todos los demás países que consideran la liquidación en oro o alternativas al dólar. El sistema es frágil. Tan frágil que ahora requiere fuerza para sostenerlo”
“SOLO UNA BATALLA A LA VEZ”
Después de casi 4 años de análisis y seguimiento de la guerra de Ucrania, podemos concluir que Rusia cree en la política de “librar solo una batalla a la vez”, lo cual es sensato para evitar el estiramiento imperial, que ha sido el talón de Aquiles de todas las grandes potencias en declive. Estas potencias son propensas al hubris (Palabra que significa orgullo o arrogancia extremos que a menudo conducen a la ruina. Tiene su origen en la antigua mitología griega, donde se refería a desafiar a los dioses.) y al exceso de alcance imperial, que es aparentemente según entendemos, lo que está haciendo Estados Unidos.
Destacados y respetados geoestrategas, como el profesor Mearsheimer y veteranos como el coronel D. McGregor piden cautela y "refrenar los caballos" para no tropezar, ya que aun el tema de Venezuela no es un asunto resuelto y todo este espectáculo no fue por las drogas, sino por el petróleo.
Es en este contexto que podemos indicar la confirmación de un patrón ya consolidado: “el sistema internacional opera bajo una lógica de confrontación estructural, no de crisis pasajera.
La guerra de Ucrania sigue siendo el principal foco de inestabilidad europea; Oriente Próximo permanece en una tregua frágil sin salida política visible; y AsiaPacífico continúa desplazándose hacia una competencia abierta impulsada por la presión china. Mientras como dijimos, desde EE.UU. la doctrina “Donroe”, trata de acomodar las fichas en su espacio de influencia.
VALOR ESTRATEGICO
Hoy queremos intentar una “aproximación” al tema Groenlandia:
Es la isla más grande del mundo y a su vez el territorio menos poblado. Pero el valor estratégico de Groenlandia la convierte en un bien muy preciado, hasta el punto de que Donald Trump ha pedido que Estados Unidos la compre o se haga con ella por otros medios. Todo esto mientras Groenlandia es un territorio autónomo dentro del reino de Dinamarca. Por el momento, tanto el gobierno danés como el gobierno autónomo groenlandés aseguran que el territorio no está en venta.
Recordemos:
1- ¿Cómo llegó esta isla a formar parte de Dinamarca y qué intereses tiene ahí Estados Unidos? Groenlandia tiene apenas 56,000 habitantes y la mayoría de ellos son Inuit, lo que antes se conocía como esquimales. Cerca de un 80% de su superficie está helada y su población se concentra en torno a la capital Nuuk, que está en la costa sudoccidental. Su economía se basa sobre todo en la pesca y depende mucho de los subsidios que recibe del gobierno de Dinamarca, aunque en los últimos años ha surgido un interés por sus recursos naturales como las tierras raras, el hierro o el uranio.
A finales del siglo X, exploradores y colonos nórdicos llegaron a Groenlandia, pero cinco años después sus asentamientos habían desaparecido y no fue hasta 1721 cuando el misionero danés Hans Egede, un pastor luterano que llegó desde Noruega, financiado por la corona danesa, con el objetivo de evangelizar a los inuit y encontrar antiguas colonias nórdicas, estableció la misión en lo que hoy es Nuuk.
En 1953 se incorporó oficialmente al reino de Dinamarca y sus habitantes pasaron a ser ciudadanos daneses. En 1979 Groenlandia adquirió el estatus de territorio autónomo tras un referendo por el que el gobierno local se hizo con gran parte de las competencias y 30 años después otro referendo amplió estas competencias y abrió la puerta a una posible independencia de Groenlandia.
Mientras tanto digamos que, el interés de Estados Unidos en Groenlandia no es nuevo; para empezar, la idea de Estados Unidos de comprar nuevos territorios viene de lejos. En 1803 le compró Luisiana a Francia, en 1819 Florida a España y en 1867 Alaska a Rusia. Incluso ya le compró a Dinamarca un territorio en 1917. Fueron las Indias occidentales danesas, unas islas en el Caribe que pasaron a llamarse Islas Vírgenes de Estados Unidos. Cuando Estados Unidos se hizo con Alaska, ya contempló también comprarle Groenlandia a Dinamarca y la idea quedó en el aire durante las siguientes décadas hasta la Segunda Guerra Mundial. Entonces, la Alemania de Hitler ocupó Dinamarca y Estados Unidos reaccionó tomando el control de Groenlandia.
Pero la presencia militar estadounidense allí no acabó al terminar la guerra. Incluso en 1946, el expresidente Harry Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares en lingotes de oro para comprar Groenlandia, lo que equivaldría a más de 1,000 millones de dólares actuales, aunque la oferta fue rechazada por el gobierno danés. Cuando Dinamarca asumió que los militares estadounidenses no iban a marcharse de Groenlandia, firmó en 1951 con Estados Unidos un acuerdo que regulaba su presencia en la isla. Washington mantuvo allí elementos de su sistema de alerta temprana antimisiles y la base aérea Yon Tool, hoy llamada base espacial Pituffik.
EXPANSIONISMO
Trump lleva varios meses expresando sus intenciones expansionistas refiriéndose a múltiples objetivos. Dijo que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos. Llamó al canal de Panamá "Canal de Estados Unidos" y sugirió cambiar el nombre del Golfo de México por el de "Golfo de América". Pero ningún territorio parece ser tan codiciado como Groenlandia y Trump amenazó incluso con imponer aranceles a Dinamarca si no cede a sus pretensiones.
2. ¿Qué tiene de especial esta enorme isla? Primero, su posición estratégica. Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla significaba una forma de contener el avance global de los nazis y durante la Guerra Fría servía para controlar las rutas marítimas entre Europa y América del Norte. Además, Groenlandia es muy rica en recursos naturales.
Según algunos informes, en la isla hay depósitos de 38 minerales incluidos en la lista de materiales esenciales elaborados por la Comisión Europea. No solo hay altas concentraciones de minerales como cobre, grafito, niobio, titanio y rodio, sino que también existen grandes depósitos de las llamadas tierras raras, algunas de las cuales son fundamentales en la fabricación de motores de vehículos eléctricos y turbinas de viento.
Según le dijo el geólogo Adam Simon a la BBC, Groenlandia podría contener hasta el 25% de todos los recursos de elementos de tierras raras del mundo. Y el control sobre estas tierras raras tiene además un enorme valor energético. Actualmente las dos empresas mineras que trabajan con tierras raras en Groenlandia son australianas, pero una de ellas tiene como inversor a una empresa estatal china. Y es que China domina claramente el mercado de las tierras raras.
Son responsables de alrededor de un tercio de las reservas conocidas, del 60% de la extracción y del 85% del procesamiento de estos productos. Es por eso que China lleva tiempo buscando aumentar su presencia en Groenlandia. Por ejemplo, empresas chinas intentaron construir al menos dos aeropuertos en la isla, aunque al final fueron relegadas por empresas danesas. Para Donald Trump, el control de estas tierras raras se considera fundamental para la seguridad nacional de Estados Unidos, por lo que el control y la influencia sobre Groenlandia puede ser un tema central en la política internacional de los próximos años.
Ahora es evidente que el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha llevado las relaciones transatlánticas entre Estados Unidos y Europa a su punto más bajo, probablemente desde la posguerra. La gota que colmó el vaso fue la amenaza del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles punitivos a cualquiera que se interpusiera en sus planes de adquirir Groenlandia, territorio danés soberano.
El presidente estadounidense escribió que, a partir del 1 de febrero, se impondrán aranceles del 10 % a Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Países Bajos y Finlandia. “A partir del 1° de junio de 2026, estos aranceles aumentarán al 25 %”, declaró el magnate, afirmando que los derechos se pagarán “hasta que se llegue a un acuerdo para la compra total de Groenlandia”. Pero a los pocos días se desdijo: El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció un acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sobre Groenlandia, que será "muy bueno para Estados Unidos y todos los países de la OTAN", y suspendió la amenaza de aranceles a partir del 1 de febrero contra ocho países europeos.
Es interesante destacar lo expresado por el analista argentino Ricardo Auer: “Tres meses atrás, un portacontenedores chino, sin la asistencia de un rompehielos, atravesó el Ártico entre China e Inglaterra en solo 20 días, marca aún no igualada por otro barco comercial. Como hemos explicado anteriormente, por los efectos del calentamiento global, esta nueva ruta marítima resulta mucho más barata y el doble de rápida que las vías tradicionales, como el canal de Suez o el cabo de Buena Esperanza. Eso lo convierte en uno de los epicentros geopolíticos centrales. Durante casi tres meses de verano, el vasto Océano Ártico se vuelve muy navegable para el comercio y para acceder a territorios que disponen de recursos naturales inexplotados. En los últimos años los países con orillas en ese océano intensificaron sus reclamos territoriales y todas las potencias buscan influir en las decisiones que tratan estos asuntos”.
Sin duda podemos sumar otro factor determinante al tema Groenlandia: Los pasos árticos son un verdadero “caramelo” para las navieras. Ofrecen una ventaja difícil de ignorar: acortan distancias, además de evitar pasos congestionados.
PARA CERRAR
Ucrania y Groenlandia: La brecha transatlántica se amplía. La sensación de urgencia se agudiza para los europeos en dos frentes simultáneos: el ucraniano y el ártico, tensionado por el pulso de Washington sobre Groenlandia y por el retorno de la amenaza arancelaria como instrumento de coerción.
Así a finales de enero de 2026, la palabra “paz” volvía a circular en los despachos europeos en este arranque del convulso 2026. Tras casi cuatro años de guerra, Ucrania ha entrado en una fase de diplomacia acelerada, sin que se vislumbre un horizonte claro de salida.
Pero el tablero se ha ensanchado y, a esa carrera, se suma ahora otra: la necesidad de contener el choque transatlántico abierto por Donald Trump en Groenlandia y su amenaza de una escalada arancelaria.
“Groenlandia, esa inmensa extensión de hielo y minerales, se ha convertido así en algo más que un territorio remoto. Es un espejo del mundo que emerge: un orden internacional cada vez menos regido por normas y cada vez más por la fuerza. Lo que ocurra en sus fiordos y en sus bases militares puede anticipar, mejor que ningún discurso, cómo será la política global en los años que vienen”.
Esta intervención no es un retorno al orden. Es una lucha por retrasar el colapso. Desde el congelamiento de las reservas rusas en 2022, el mundo ha estado alerta. El dólar no es neutral. Es un arma. Y si se puede convertir en un arma, se puede reemplazar. Esta medida le da tiempo a Estados Unidos. Pero también envía un mensaje a todos los demás países que consideran la liquidación en oro o alternativas al dólar. El sistema es frágil. Tan frágil que ahora requiere fuerza para sostenerlo”
“SOLO UNA BATALLA A LA VEZ”
Después de casi 4 años de análisis y seguimiento de la guerra de Ucrania, podemos concluir que Rusia cree en la política de “librar solo una batalla a la vez”, lo cual es sensato para evitar el estiramiento imperial, que ha sido el talón de Aquiles de todas las grandes potencias en declive. Estas potencias son propensas al hubris (Palabra que significa orgullo o arrogancia extremos que a menudo conducen a la ruina. Tiene su origen en la antigua mitología griega, donde se refería a desafiar a los dioses.) y al exceso de alcance imperial, que es aparentemente según entendemos, lo que está haciendo Estados Unidos.
Destacados y respetados geoestrategas, como el profesor Mearsheimer y veteranos como el coronel D. McGregor piden cautela y "refrenar los caballos" para no tropezar, ya que aun el tema de Venezuela no es un asunto resuelto y todo este espectáculo no fue por las drogas, sino por el petróleo.
Es en este contexto que podemos indicar la confirmación de un patrón ya consolidado: “el sistema internacional opera bajo una lógica de confrontación estructural, no de crisis pasajera.
La guerra de Ucrania sigue siendo el principal foco de inestabilidad europea; Oriente Próximo permanece en una tregua frágil sin salida política visible; y AsiaPacífico continúa desplazándose hacia una competencia abierta impulsada por la presión china. Mientras como dijimos, desde EE.UU. la doctrina “Donroe”, trata de acomodar las fichas en su espacio de influencia.
VALOR ESTRATEGICO
Hoy queremos intentar una “aproximación” al tema Groenlandia:
Es la isla más grande del mundo y a su vez el territorio menos poblado. Pero el valor estratégico de Groenlandia la convierte en un bien muy preciado, hasta el punto de que Donald Trump ha pedido que Estados Unidos la compre o se haga con ella por otros medios. Todo esto mientras Groenlandia es un territorio autónomo dentro del reino de Dinamarca. Por el momento, tanto el gobierno danés como el gobierno autónomo groenlandés aseguran que el territorio no está en venta.
Recordemos:
1- ¿Cómo llegó esta isla a formar parte de Dinamarca y qué intereses tiene ahí Estados Unidos? Groenlandia tiene apenas 56,000 habitantes y la mayoría de ellos son Inuit, lo que antes se conocía como esquimales. Cerca de un 80% de su superficie está helada y su población se concentra en torno a la capital Nuuk, que está en la costa sudoccidental. Su economía se basa sobre todo en la pesca y depende mucho de los subsidios que recibe del gobierno de Dinamarca, aunque en los últimos años ha surgido un interés por sus recursos naturales como las tierras raras, el hierro o el uranio.
A finales del siglo X, exploradores y colonos nórdicos llegaron a Groenlandia, pero cinco años después sus asentamientos habían desaparecido y no fue hasta 1721 cuando el misionero danés Hans Egede, un pastor luterano que llegó desde Noruega, financiado por la corona danesa, con el objetivo de evangelizar a los inuit y encontrar antiguas colonias nórdicas, estableció la misión en lo que hoy es Nuuk.
En 1953 se incorporó oficialmente al reino de Dinamarca y sus habitantes pasaron a ser ciudadanos daneses. En 1979 Groenlandia adquirió el estatus de territorio autónomo tras un referendo por el que el gobierno local se hizo con gran parte de las competencias y 30 años después otro referendo amplió estas competencias y abrió la puerta a una posible independencia de Groenlandia.
Mientras tanto digamos que, el interés de Estados Unidos en Groenlandia no es nuevo; para empezar, la idea de Estados Unidos de comprar nuevos territorios viene de lejos. En 1803 le compró Luisiana a Francia, en 1819 Florida a España y en 1867 Alaska a Rusia. Incluso ya le compró a Dinamarca un territorio en 1917. Fueron las Indias occidentales danesas, unas islas en el Caribe que pasaron a llamarse Islas Vírgenes de Estados Unidos. Cuando Estados Unidos se hizo con Alaska, ya contempló también comprarle Groenlandia a Dinamarca y la idea quedó en el aire durante las siguientes décadas hasta la Segunda Guerra Mundial. Entonces, la Alemania de Hitler ocupó Dinamarca y Estados Unidos reaccionó tomando el control de Groenlandia.
Pero la presencia militar estadounidense allí no acabó al terminar la guerra. Incluso en 1946, el expresidente Harry Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares en lingotes de oro para comprar Groenlandia, lo que equivaldría a más de 1,000 millones de dólares actuales, aunque la oferta fue rechazada por el gobierno danés. Cuando Dinamarca asumió que los militares estadounidenses no iban a marcharse de Groenlandia, firmó en 1951 con Estados Unidos un acuerdo que regulaba su presencia en la isla. Washington mantuvo allí elementos de su sistema de alerta temprana antimisiles y la base aérea Yon Tool, hoy llamada base espacial Pituffik.
EXPANSIONISMO
Trump lleva varios meses expresando sus intenciones expansionistas refiriéndose a múltiples objetivos. Dijo que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos. Llamó al canal de Panamá "Canal de Estados Unidos" y sugirió cambiar el nombre del Golfo de México por el de "Golfo de América". Pero ningún territorio parece ser tan codiciado como Groenlandia y Trump amenazó incluso con imponer aranceles a Dinamarca si no cede a sus pretensiones.
2. ¿Qué tiene de especial esta enorme isla? Primero, su posición estratégica. Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla significaba una forma de contener el avance global de los nazis y durante la Guerra Fría servía para controlar las rutas marítimas entre Europa y América del Norte. Además, Groenlandia es muy rica en recursos naturales.
Según algunos informes, en la isla hay depósitos de 38 minerales incluidos en la lista de materiales esenciales elaborados por la Comisión Europea. No solo hay altas concentraciones de minerales como cobre, grafito, niobio, titanio y rodio, sino que también existen grandes depósitos de las llamadas tierras raras, algunas de las cuales son fundamentales en la fabricación de motores de vehículos eléctricos y turbinas de viento.
Según le dijo el geólogo Adam Simon a la BBC, Groenlandia podría contener hasta el 25% de todos los recursos de elementos de tierras raras del mundo. Y el control sobre estas tierras raras tiene además un enorme valor energético. Actualmente las dos empresas mineras que trabajan con tierras raras en Groenlandia son australianas, pero una de ellas tiene como inversor a una empresa estatal china. Y es que China domina claramente el mercado de las tierras raras.
Son responsables de alrededor de un tercio de las reservas conocidas, del 60% de la extracción y del 85% del procesamiento de estos productos. Es por eso que China lleva tiempo buscando aumentar su presencia en Groenlandia. Por ejemplo, empresas chinas intentaron construir al menos dos aeropuertos en la isla, aunque al final fueron relegadas por empresas danesas. Para Donald Trump, el control de estas tierras raras se considera fundamental para la seguridad nacional de Estados Unidos, por lo que el control y la influencia sobre Groenlandia puede ser un tema central en la política internacional de los próximos años.
Ahora es evidente que el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha llevado las relaciones transatlánticas entre Estados Unidos y Europa a su punto más bajo, probablemente desde la posguerra. La gota que colmó el vaso fue la amenaza del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles punitivos a cualquiera que se interpusiera en sus planes de adquirir Groenlandia, territorio danés soberano.
El presidente estadounidense escribió que, a partir del 1 de febrero, se impondrán aranceles del 10 % a Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Países Bajos y Finlandia. “A partir del 1° de junio de 2026, estos aranceles aumentarán al 25 %”, declaró el magnate, afirmando que los derechos se pagarán “hasta que se llegue a un acuerdo para la compra total de Groenlandia”. Pero a los pocos días se desdijo: El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció un acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sobre Groenlandia, que será "muy bueno para Estados Unidos y todos los países de la OTAN", y suspendió la amenaza de aranceles a partir del 1 de febrero contra ocho países europeos.
Es interesante destacar lo expresado por el analista argentino Ricardo Auer: “Tres meses atrás, un portacontenedores chino, sin la asistencia de un rompehielos, atravesó el Ártico entre China e Inglaterra en solo 20 días, marca aún no igualada por otro barco comercial. Como hemos explicado anteriormente, por los efectos del calentamiento global, esta nueva ruta marítima resulta mucho más barata y el doble de rápida que las vías tradicionales, como el canal de Suez o el cabo de Buena Esperanza. Eso lo convierte en uno de los epicentros geopolíticos centrales. Durante casi tres meses de verano, el vasto Océano Ártico se vuelve muy navegable para el comercio y para acceder a territorios que disponen de recursos naturales inexplotados. En los últimos años los países con orillas en ese océano intensificaron sus reclamos territoriales y todas las potencias buscan influir en las decisiones que tratan estos asuntos”.
Sin duda podemos sumar otro factor determinante al tema Groenlandia: Los pasos árticos son un verdadero “caramelo” para las navieras. Ofrecen una ventaja difícil de ignorar: acortan distancias, además de evitar pasos congestionados.
PARA CERRAR
Ucrania y Groenlandia: La brecha transatlántica se amplía. La sensación de urgencia se agudiza para los europeos en dos frentes simultáneos: el ucraniano y el ártico, tensionado por el pulso de Washington sobre Groenlandia y por el retorno de la amenaza arancelaria como instrumento de coerción.
Así a finales de enero de 2026, la palabra “paz” volvía a circular en los despachos europeos en este arranque del convulso 2026. Tras casi cuatro años de guerra, Ucrania ha entrado en una fase de diplomacia acelerada, sin que se vislumbre un horizonte claro de salida.
Pero el tablero se ha ensanchado y, a esa carrera, se suma ahora otra: la necesidad de contener el choque transatlántico abierto por Donald Trump en Groenlandia y su amenaza de una escalada arancelaria.
“Groenlandia, esa inmensa extensión de hielo y minerales, se ha convertido así en algo más que un territorio remoto. Es un espejo del mundo que emerge: un orden internacional cada vez menos regido por normas y cada vez más por la fuerza. Lo que ocurra en sus fiordos y en sus bases militares puede anticipar, mejor que ningún discurso, cómo será la política global en los años que vienen”.
