Toto promete
Porque se vive en un prematuro clima electoral es que reina cierto aire de forzada concordia. El reloj marca la hora de construir puentes, tejer alianzas, hacer guiños y perdonar afrentas. Por ahora, al menos, urge guardar en el cajón las diferencias ideológicas. Es tiempo de enamorar a los indecisos.
Falta un año aun para las elecciones presidenciales y en la mesa de arena los generales de campaña ya hacen sus primeros movimientos. Atisban un camino que será arduo, escrutan además las estrategias de un adversario que, en la penumbra, no termina por definirse.
Las elecciones en otros países de peso en el continente -Estados Unidos y Brasil, ni más ni menos- permiten sopesar el humor social, percibir si el péndulo ha comenzado a volcarse hacia el otro lado. Es como sacar el periscopio para mirar mas allá, aunque la problemática a resolver esté mas acá, a la vuelta de la esquina.
Los desafíos están a la orden del día. En la semana el ministro de Economía, Luis Toto Caputo, se hizo presente en la 32° Conferencia anual de la Unión Industrial Argentina (UIA), que dado el sesgo del programa económico actual es algo así como meterse hasta la cintura en los arrozales de Vietnam. Pisó campo minado, pero salió airoso.
Los empresarios industriales no miran con buenos ojos -por decirlo de manera elegante- la política económica libertaria de matriz netamente exportadora. Se habían ilusionado con las promesas de campaña que acentuaban la reducción de impuestos, pero en cambio recibieron apertura de mercados y un clima hostil donde la competencia externa los supera.
Para el Gobierno lo primordial es el equilibrio fiscal y la obtención de dólares, que llegan mayormente desde la exportación de tres sectores clave: los hidrocarburos de Vaca Muerta, el sector agropecuario y la incipiente minería, que avanza a paso redoblado. Se desdeña, en cambio, al sector productivo enfocado hacia el consumo interno.
De allí que Toto Caputo se moviera con pie de plomo sobre el escenario de la UIA. ¿Qué palabras de consuelo llevarle a un sector que experimenta quebrantos, desempleo y un futuro que, dado el peso de los impuestos y el nivel de las importaciones, asoma oscuro? Algo, sin embargo, escondía bajo el poncho.
En el momento menos esperado de su discurso, el Messi de las finanzas abrió la caja de sorpresas y ofreció:
1) Freno a ejecuciones fiscales: se suspenden los embargos por parte de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) hasta mayo de 2027, con el objetivo de dar margen de caja y tiempo a las empresas para ordenar sus cuentas.
2) Ampliación del plan de pagos de ARCA: se extiende la moratoria de hasta 18 cuotas. Se podrán incorporar deudas tributarias vencidas hasta el 31 de octubre (el límite anterior era al 30 de junio).
3) Uso del 100% de saldos a favor para deudas aduaneras: las pymes exportadoras pueden utilizar el 100% de sus creditos/saldos a favor por exportación o IVA de exportación para cancelar deudas aduaneras. El objetivo es avanzar hacia una cuenta corriente única tributario-aduanera entre las empresas y la ARCA.
4) Créditos a tasa fija para la industria: a través del Banco Nación, se habilitaron líneas de financiamiento a plazos de entre 3 y 5 años con una tasa fija cercana al 20% para impulsar el sector industrial (incluyendo la adquisición de vehículos/bienes de capital).
5) Propuesta para eliminar el Impuesto a los Sellos: el Gobierno impulsará un acuerdo con las provincias para derogar este gravamen provincial. Nación ofreció compensar el 50% de lo que recaudan los gobiernos provinciales por este impuesto a aquellas jurisdicciones que lo eliminen.
Si la necesidad de estas medidas era tan evidente, dado el estrangulamiento económico, ¿por qué no las tomaron antes? Otra vez, promesas de campaña.
SONRISAS Y LLANTO
Y pese a todo, aunque surge evidente que el Gobierno tiende la mano y afloja la cincha sólo porque necesita sumar voluntades a las puertas de un año electoral, los empresarios, con cierto candor o pudoroso pragmatismo, volvieron a sonreír.
Por lo pronto, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) calificó como “positiva” la promesa del ministro Toto Caputo, y recordó que en el mes de junio la entidad ya le había solicitado al Gobierno que se suspendieran los embargos.
Un puñado de días antes IDEA organizó un encuentro de abogados de empresa cuyos reclamos tuvieron como común denominador la búsqueda de seguridad jurídica, estabilidad y previsibilidad. Lo de siempre. Los economistas invitados, que también los hubo, dijeron que esquemas como el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) no son más que un puente temporario hacia la reforma impositiva profunda que, según ellos, el país necesita a gritos.
Claro que no todos se mostraron tan amables y entusiastas. Sin ir más lejos, los empresarios textiles volvieron a clamar por su situación desesperada. En su último informe denunciaron que “la cadena de valor textil e indumentaria acumula 14 meses consecutivos de caída interanual de la producción”.
“A nivel general, la industria manufacturera acumula en los primeros ocho meses de 2026 una caída del -2,7% interanual y del -12,1% respecto de igual período de 2023. La caída es generalizada: 11 de los 16 sectores relevados por el Indec muestran retrocesos frente a 2025”, acota el documento.
ALGO CRUJE
Por factores externos, como la decisión de la Reserva Federal estadounidense de subir las tasas en septiembre o las elecciones de medio término en ese mismo país, pero también porque la Argentina no termina de ser confiable para casi nadie en el mundo de los mercados, el riesgo país cabalga por encima de los 800 puntos.
Si hay algo que el Gobierno no tiene ni va a tener es tranquilidad. Siempre habrá una mirada corrosiva sobre sus acciones. Pese a que el Banco Central compró en octubre u$s 1.395 millones -acumuló casi u$s 16.000 millones en el año-, algunos especialistas hicieron foco en lo pobre que venían las compras en noviembre.
Hubo también una consultora que en la construcción de escenarios catastróficos llegó a pronosticar que el año que viene podrían faltarle al programa financiero nada menos que u$s 15.000 millones. No dejan de ser especulaciones sensacionalistas en tiempos calientes.
“Para Argentina no cambia nada. Era un resultado esperado. Yo ya lo hablé con el Tesoro (de los Estados Unidos) en el G20. No va a cambiar esencialmente en la relación. Los fundamentals de Argentina son sólidos”, dijo el ministro Caputo luego de que la ola azul pintara buena parte del mapa de la Unión tras las elecciones de medio término celebradas el martes.
El temor disparaba una sola pregunta: ¿se quedará la Argentina sin el respaldo del Tesoro estadounidense justo en 2027, en medio de la volatilidad propia de las elecciones presidenciales y cuando vencen u$s 20.000 millones de deuda en dólares?
Calma, Toto responde: “La gente que intentó apostar contra el peso debiera haber entendido que por algo esta vez no lo lograron. Es evidente que hay un programa atrás que es cada vez es más sólido. Se compraron u$s 16.000 millones y no se imprimieron pesos y tenemos el swap con Estados Unidos”.
Lo cierto es que en términos políticos la aprobación de la imagen de Javier Milei como presidente de la Nación subió por tercer mes consecutivo. De acuerdo a una encuesta de la consultora Zentrix, sobre 1.728 casos, “se registra una recuperación sostenida desde julio, aunque la desaprobación sigue en el 55,5% y el potencial electoral del Presidente no supera el 35%”.
El documento aclara que los ejes del salario, la incertidumbre y el desempleo encabezan las preocupaciones, mientras que la inflación cayó al noveno lugar. “De cara a 2027, el 24,3% asegura que lo votaría seguro a Milei y un 10,6% adicional dice que podría hacerlo, lo que arroja un potencial de 34,9%. Del otro lado, el 59,2% afirma que jamás lo votaría”, subraya Zentrix.
Por otra parte, en la clase media la imagen positiva del presidente llega al 46,7% y prácticamente empata con la negativa (46,9%). En la clase baja, en cambio, la positiva cae al 25,9% y la negativa escala hasta el 70,5%.
La clase alta, en tanto, presenta un comportamiento singular: la aprobación (44,3%) supera a la desaprobación (36,2%), pero también se concentra la mayor proporción de indefinidos, ya que el 17,8% no aprueba ni desaprueba; el 19,5% le asigna una imagen regular y el 12,6% no sabe si lo votaría.
La visita del Papa fungirá en este contexto como un efímero paréntesis para una Argentina siempre en tensión, acalorada. Nos esperan, se sabe, días de vértigo.
