UNA MIRADA DIFERENTE
Todo marcha acorde al plan (¿del FMI?)
La reciente orden-sugerencia del Fondo obliga a reflexiones sobre la presente y futura política fiscal del gobierno, que podría llegar a ser más dolorosa aún que su baja del gasto con licuadora, motosierra y venda en los ojos.
El Presidente y su ministro de Economía vienen anticipando que se avecina una revisión profunda de la política fiscal en sus aspectos impositivos. Por el tono de sus declaraciones era casi obvio suponer que se pensaba en un mecanismo de eliminación de impuestos confiscatorios y paralizantes y la implementación de un régimen de mayor equidad.
En su reciente bula, el Fondo Monetario, luego de sus clásicos elogios previos, de estilo en estos casos, acaba de recomendar que uno de los puntos centrales de esa reforma sea el aumento de las alícuotas del Impuesto a las Ganancias de las categorías salariales de más altos niveles y a los monotributistas. El tono del ente parece mostrar que cree que ese aumento tendrá un impacto significativo en la recaudación que permitirá reducir quien sabe qué otras exacciones.
Esa propuesta se opone frontalmente al repetido relato presidencial sobre la generación de empleo, el aumento de consumo, la lucha contra la injusticia, el robo del estado, el derrame del crecimiento económico, la idea de ajustar bajando el gasto y no subiendo las gabelas y otras frases por el estilo. Pese a la urgente desesperación de la conducción económica y del propio organismo internacional por comprar divisas para amortizar o pagar y renovar parte de la deuda externa y la interna, habría que reclamarle al Gobierno que no siga esos lineamientos. O exigírselo.
Sus efectos caerían sobre la misma sociedad apaleada con un ajuste salvaje hecho a puro Excel, oficina y distancia, como esta idea de ahora, sino que su efecto tendrá un efecto contrario a las propias esperanzas del Presidente y su grito antiestatal en términos económicos, sino que sería comprarse una derrota instantánea en el futuro electoral.
La clase media alta y media ha sufrido tanto o más los efectos del ajuste que el resto de la población, aunque no con el nivel de sufrimiento y dolor al que se enfrentan las clases más necesitadas. Desde el punto de vista del consumo, esos sectores son los que más contribuyen a su aumento y al empleo indirecto generado por cualquier actividad, al gastar sus ingresos en rubros de mayor valor agregado y en la mayoría de los casos dentro del circuito legal, además de haber soportado una igualación para abajo en muchos casos.
Si ese segmento de consumo cae, los efectos serán terribles, sobre todo en las Pymes, que siguen siendo por lejos las mayores generaciones de empleos en el país.
Un mundo de fábula
La ponencia de aumentar las tasas de contribución de los monotributistas sólo puede ser formulada por funcionarios que viven en un mundo de fábula sin contacto alguno con la realidad, mucho menos con las realidades locales. Y no es está hablando de solidaridades ni derechos humanos, sino del efecto que pueden tener estas propuestas ignorantes sobre la economía que intentan mejorar, se supone. No es una cuestión ideológica ni teórica. Es partir de la realidad y no de elucubraciones de escritorio y de redes sociales manipuladas.
O el Fondo ha decidido aceptar ciegamente la prédica gubernamental de que los salarios han aumentado por encima de la inflación y que se están recuperando y que también ha crecido el empleo, o una vez más sus burócratas están demostrando que no perciben la realidad ni las consecuencias de las medidas que proponen, basadas en quién sabe qué planilla de cálculos o en qué matemáticas tenebrosas sin la menor evidencia empírica ni reconocimiento por ninguna teoría económica seria.
No hace falta explayarse demasiado para explicar que los salarios locales son miserables a todos los niveles, al igual que los niveles de empleo privado, (los funcionarios estatales, como se sabe, son también en ese sentido privilegiados). Eso significa que no solamente semejante propuesta raya en la estupidez, sino que la recaudación adicional puede ser lafferianamente magra y los efectos negativos de todo orden gravísimos. Y cuanto más se recaude, más duro serán los efectos negativos en varios planos.
Además, esta forma de equilibrar el déficit es un modo de convalidar el robo a mansalva, el pillaje de mecheras políticas, el acomodo, el despilfarro y el reparto de prebendas que inundan el sector público, cuya reducción ayudaría más al equilibrio y a hacer a Argentina grande de nuevo que cualquier motosierra o impuestazo.
El Fondo monetario inefable
La otra idea que ha descubierto el FMI (Fondo monetario inefable) es la de liberar el mercado de cambios, y entre otras medidas, eliminar las retenciones y dejar de usar el tipo de cambio de la divisa como ancla inflacionaria, y en cambio recurrir a un mecanismo de metas de inflación y a la utilización de las tasas de interés y no del tipo de cambio como elemento regulador del valor del peso.
La liberación total y en serio del mercado de cambios es algo que se viene pidiendo desde la primera presidencia de Perón hasta ayer. El propio Milei hizo de ese punto su principal estandarte electoral, (tal cosa es la dolarización) y el famoso incendio del Banco Central, que evidentemente ha reforzado notoriamente su sistema de matafuegos y sprinklers y ahora parece ser el mejor Banco Central del mundo. El control cambiario ha sido siempre, y sigue siéndolo, la herramienta fundamental de la política económica, y también uno de los vehículos de negocios raros más usado, tanto por el sector privado de amigos como de los propios funcionarios, y sigue siéndolo. No se debe olvidar que los funcionarios tienen una inside information más valiosa que el oro sobre el valor de las divisas, con lo que el carry trade es una fuente de riqueza sin riesgo, esfuerzo, tecnología ni generación de empleos. Y libre de impuestos, claro.
En cuanto a la utilización de tasas para controlar la inflación, es un concepto keynesiano, pero sobre todo erróneo. (En muchos aspectos se está a un paso de revertir el odio al no economista inglés). Es usado por la Fed, con resultados sólo teóricos, y a veces tan mal como creer que un aumento de la inflación es bueno para producir más empleo, política que tuvo recientemente su momento cúlmine con la performance del no economista Sergio Massa.
Usar la tasa para controlar la inflación implica en primer lugar que se ha fracasado en la tarea de eliminar el déficit. Como se sabe, en la pérdida de valor del peso intervienen esencialmente dos factores: la emisión y la velocidad de circulación de la moneda. La emisión no puede pararse por ese camino si se emite constantemente en exceso. Se recurre entonces a controlar, mediante la tasa manipulada, la velocidad de circulación del dinero, o sea el crédito y el nivel de ahorro de la sociedad. Al aumentar la tasa se neutraliza el efecto de la emisión y el déficit, pero a un costo tal vez más grave.
Lo ideal es equilibrar el gasto público de modo que pueda financiarse con impuestos razonables y no desestimulantes, paralizantes o confiscatorios. Tanto la manipulación del tipo de cambio como la de la tasa de interés son negativas, con efectos que a veces terminan entremezclándose. Si se quiere hacer una recomendación seria, lo mejor sería dejar que los dos valores que surjan de la oferta y la demanda, que cada vez parece más difícil cuando la democracia del mundo está llena de burócratas que se quedan con parte del botín y de ciudadanos que creen tener derechos humanos y de los otros en tantos aspectos, que votan siempre a quien se los promete. Tocqueville lo describió hace 200 años con gran precisión.
También en este punto Milei tenía un buen discurso. Lo pudo llevar adelante muy bien, aunque lograr ese equilibrio presupuestario con un ajuste al voleo y usando alternativamente el dólar y la tasa como anclas. No es un tema fácil ni se logra instantáneamente. Es muy difícil hacer recomendaciones o admoniciones en este tema, aunque se trate del Fondo Monetario. Hay que seguir la tendencia hasta naturalizar el concepto de la libertad de ambos mercados. La columna preferiría que se mejorara la calidad del ajuste, con funcionarios más capaces que conocieran mejor cada actividad y las técnicas adecuadas. Aunque parezca una exageración, si pudiese detenerse el robo de la burocracia y sus socios privados en todos los órdenes, este espacio sostiene que se podrían reducir los impuestos sin elementos artificiales ni artificios y artilugios que en definitiva son terminan siendo mecanismos de control. El control de la tasa de interés termina influyendo directamente sobre el tipo de cambio, lo que el Fondo no parece comprender, más bien parece alentar.
Tampoco es tan simple dejar libre el tipo de cambio sin liberar completamente la importación de bienes y servicios. La competencia y el equilibrio de la oferta y demanda, junto a un sistema impositivo razonable y racional, hacen que el tipo de cambio y la tasa de interés tiendan a ser determinados saludablemente. Mientras eso no se logre, seguirán las situaciones dudosas, cambiantes y contradictorias. Y tampoco se logrará con una ley que determine todos esos equilibrios razonables de un plumazo. Tal vez sea más difícil liberar la importación que ningún otro objetivo. La importación y todas sus reglamentaciones ha sido el negocio más importante de la burocracia y sus amigos (la casta) desde el virreinato hasta ahora.
Los dos juguetes de Milei
El Fondo en cambio parece no darle importancia al RIGI y súperRIGI, los dos juguetes favoritos de Milei y sus expertos, que lo consideran una innovación digna de algún Nobel. Ahora que ya se ha enviado el proyecto de ley del RIGI bis, como si el primero no hubiera sido suficiente, la columna tiene que repetir algunos conceptos sobre este tema.
Como se sabe, se trata de un proyecto para estimular las inversiones, básicamente en petróleo y minería. La primera reflexión, es que en ninguna parte del mundo se otorgan exenciones a las actividades extractivas. Este tipo de empresas no esperan tal cosa, ni les importa demasiado. Les basta que un país permita la explotación y no restrinja el pago de dividendos o capitales, ni manipule el tipo de cambio. Tampoco importa si el gobierno es una dictadura o una democracia o de izquierda o derecha. Al contrario, suele cobrárseles una sobretasa al tratarse de recursos no renovables.
La rebaja empieza a tornarse sospechosa cuando se advierte quiénes son los candidatos o postulantes a esas inversiones, ergo a esos subsidios. Una serie de personajes complicados de la vida nacional, a veces asociados con empresas extranjeras, como requiere la ley para dejarlas participar. Algunos protagonistas previos de maniobras que le costaron mucho dinero al país. En muchos casos, tienen tanta experiencia en las actividades en que están incursionando como el lector o el autor de esta columna. O sea que estos inversores no se diferencian de los tradicionales inversores en el país.
Se dice que esas futuras empresas realizarán inversiones colosales. No se dice en cuanto tiempo, ni si se tratará de capital propio o de préstamos, como suele suceder. En este último caso habrá que ver el efecto futuro de esos préstamos, que finalmente serán deuda externa. Y también habrá que ver si la prometida inversión se realiza o si se usan las utilidades futuras para reinvertir, lo que tal vez se llamará en los libros del futuro “la inversión de Eskenazi”.
Se están contestando este tipo de crítica, primero con expresiones insultantes y luego diciendo que producirán una cantidad inconmensurable de empleos. Absolutamente en todos los casos de exenciones, subsidios y regímenes especiales previos, de todos los gobiernos, se usó el mismo argumento. No fue cierto nunca, y en muchos casos al Estado le habría convenido pagar esos sueldos con un cheque en vez de dejar de percibir los impuestos y otras prebendas.
Promesa incumplida
El Gobierno ha prometido bajar los impuestos. El RIGI va a demorar o impedir que eso pase. Además de un problema de igualdad ante la ley y de equidad tributaria, esa demora va a seguir fundiendo Pymes, que no hay que olvidar generan entre el 60 y 70 por ciento del empleo nacional, además de exportar valor agregado en muchos casos. Unas 25.000 pymes que han cerrado con el ajuste representan varias veces los empleos que generarán las empresas exentas. La casualidad de que se desgraven estos emprendimientos mientras se trata de aumentar los gravámenes los trabajadores en relación de dependencia y monotributistas, es cuanto menos, un hecho triste.
El otro punto sobre estas inversiones francamente fabulosas en el sentido lato del término, algo que sí menciona el Fondo, es el riesgo de la llamada Dutch Disease, o enfermedad holandesa, que se produjo ante fuertes inversiones con motivo de la obra pública, que terminaron provocando una devaluación mortal del florín, lo que provocó a su vez una ola de desempleo. Ese puede ser un fuerte riesgo en Argentina, con y sin mercado controlado. Lo último que necesita la economía es perder empleos. También por esa razón hay que equilibrar los estímulos y buscar la manera de que si efectivamente tienen los niveles promocionados pueden tener efectos no deseados muy fuertes.
Una de las maneras posibles es liberar por completo las importaciones, por supuesto que aliviando antes la carga impositiva de las empresas, porque tal medida obligaría a los productores locales a competir en dura lucha contra los demás países por el mercado interno, y tampoco se pueden perder los impuestos que se ganan por otro lado o más. Por eso no sería improcedente tratar de hacer un proceso gradual de esa entrada de fondos, o por ejemplo un plan de pagos de la deuda externa, no renovándola sino reduciéndola devolviendo los préstamos y pagando los bonos. Eso equilibraría el mercado de divisas. Éste debería ser libre, ya que sería ruinoso intentar controlarlo con semejantes montos en juego.
La otra manera es el caso de Noruega. Cuando descubre la existencia de petróleo y comienzan a llover las inversiones y las exportaciones, toma la decisión de que tanto los fondos de capital como las futuras ganancias, no entraran nunca en el circuito interno del país. Entonces se crea el famoso fondo de protección de las jubilaciones, en definitiva, un gigantesco monto de reservas y una renta financiera asegurada que tampoco entra al mercado local. Incidentalmente, Noruega les cobra a las petroleras la alícuota máxima del impuesto a la Renta, más un porcentaje adicional, más una tarifa por la explotación de recursos naturales. Y debe tenerse en cuenta que Noruega no tenía un Vaca Muerta, que alivia enormemente los costos de explotación en el caso local.
Esto significa que el tema requiere análisis y decisiones inteligentes y sostenibles en el tiempo. Resulta entonces vital que haya una política de Estado, algo tan difícil de lograr en este medio, y que se constituyan grupos de trabajo de técnicos de al menos las tendencias más importantes para estudiar y discutir las posibles acciones, que deben ser sistemáticas y creativas, para no desaprovechar semejante oportunidad porque no se puede contrarrestar sus efectos negativos ni tampoco planificar a largo plazo sus efectos positivos. Hasta habría que empezar a pensar en separar todo el manejo de las extractivas exportadoras y confiarlo a un directorio separado que no esté sujeto a la decadencia de la política nacional y mundial que inunda el globo.
Esa situación y el modo de solucionarlo puede llevar no sólo a la liberación del mercado cambiario, que también sería un cambio copernicano en la economía nacional, sino a que los impuestos de las ventas en dólares sean pagados en la misma moneda, justamente para evitar distorsionar groseramente el mercado. De pasada obligará a modificar el Código Civil en lo que se refiere a la contratación y pago en divisas, que ahora prácticamente lo impide con una serie de artículos contradictorios. Eso también evitaría que los privados tengan la obligación de venderle al estado perentoriamente los dólares que le exportan, y el estado que comprar esos dólares de vuelta cuando los necesita. Una distorsión inmanejable.
Para dejar este punto claro, no se trata de regular el mercado, sino de determinar el modo en que manejará el Estado estos fondos, lo que no sólo sería caótico, sino que expondría ese caudal de ingresos a la corrupción desaforada multipartidaria y multisectorial.
Seguramente lograr algún sistema similar que sea eficiente y honesto es más providencial y milagroso que descubrir un Vaca Muerta, pero se trata de un escenario que es inevitable y también urgente, para evitar desde un principio que el mercado vuele por los aires y neutraliza los efectos positivos de la explotación.
De esto el Fondo no habla. El Gobierno tampoco. La oposición menos. La prensa no se ocupa de estos temas. Justamente el gran desafío nacional es dejar de prohijar gobiernos de improvisados y corruptos y pasar a gobernarse con profesionales honestos que piensen más allá de sus intereses y ambiciones patrimoniales y se pongan a trabajar para el futuro. Tal cosa no existe hoy. Pese a quien pese.
