Por Danilo Albero
Por amor a un extranjero, una princesa traiciona a su familia y, juntos, abandonan el país, es un carácter romántico o naturalista, digno de Zola o Ibsen; no para los cánones griegos clásicos, donde la mujer es un ser sumiso, sometido a la autoridad y arbitrariedad de su padre, hermanos o esposo. Por estas razones la arrinconada Medea ayudó a Jasón, oportunidad para huir de la misoginia que le negaba, como mujer, un lugar en el mundo heroico; la historia solo pudo acabar de la manera que terminó la tragedia de Eurípides.
Jasón, educado por el centauro Chirón, había regresado a Yolco para reclamar por su reino. Al presentarse ante su tío Pelias para exigir su trono, recibió una demanda previa: traer el Vellocino de oro desde uno de los confines del mundo, la Cólquide -en las costas de Georgia en el Mar Negro-. Con la ayuda de la diosa, Atenea, Jasón reclutó héroes en toda Grecia y zarparon en la nave Argo.
El viaje de Jasón, patrocinado por Hera y Atenea, es una generación anterior a los de Odiseo y ambos ha sido comparados, entre ellos hay diferencias antónimas. Odiseo es “pródigo en recursos” (polymechanos); Jasón tiene “incapacidad de recursos” (amechanía); el éxito de su aventura se debió a las artes, estrategias, grandezas y miserias de Medea.
Eetes, rey de la Cólquide, aceptó otorgar el Vellocino, previo realizar una serie de trabajos -muy difíciles para un humano; más para un amechanos-; Hera y Minerva encontraron la solución para ayudar a su héroe, solicitan el apoyo de Venus, Medea y Jasón fueron fulminados por el amor; y éste le propuso casamiento, previo superar las pruebas y obstáculos para apropiarse del Vellocino.
Medea, diestra hechicera, resentida con su padre y hermanos, puso sus saberes al servicio de su amado. Cumplidas las exigencias, Eetes se rehusó a respetar su promesa; Jasón, Medea y sus compañeros huyeron con el Vellocino. La travesía los llevó por el mundo conocido; viaje intermediado por asesinatos y felonías realizadas por los argonautas, ayudados por la ahora esposa de Jasón.
POCIONES MAGICAS
En Yolcos, a su vez, Pelias se negó a restituir el trono a Jasón, Medea se junta con las hijas de Pelias y les revela un artilugio para rejuvenecer al padre. Mata y descuartiza a un cordero viejo, lo cocina y transforma en uno joven; convence a las hijas para que, con pociones mágicas, hagan lo mismo con el padre; el resultado no fue el que éstas esperaban. De resultas de este nuevo incidente, Jason y su familia huyeron a Corinto.
Fue el comienzo de la tragedia de Medea, Jasón la abandonó para casarse con Glauce, hija del rey de Corinto. En venganza, Medea le regala a la novia un vestido envenenado que arde y abrasa ella junto a su padre cuando intenta socorrerla. A continuación Medea mata a sus hijos. En la tragedia de Eurípides, Jasón le recrimina por haber llevado a cabo el peor castigo para un griego, dejarlo sólo y sin descendientes. En respuesta, Medea pone en evidencia las intenciones de Jasón: luego de la boda, despojarla de sus hijos y expulsarla de Corinto.
BACO Y ARIADNA
En otra historia de traición, Ariadna enamorada de Teseo, contrariando los designios de sus padres, Minos y Pasífae, lo ayuda y le entrega una espada para matar al Minotauro y un ovillo, el hilo de Ariadna, para poder salir del laberinto después de matar al monstruo. La pareja huye, pero, mientras ella duerme en la playa de la isla de Naxos, Teseo, la abandona. Cuando la nave del fugitivo está por llegar al horizonte, Baco llega a la isla proveniente de sus viajes y conquistas por Oriente; la historia cuenta que aparece en un carro tirado por leopardos, acompañado de un cortejo de sátiros y ménades; de inmediato queda flechado por Ariadna.
El encuentro cuando el dios, ebrio de rijosidad, salta, semidesnudo, de su carro en dirección a Ariadna, está magistralmente reflejado en Baco y Ariadna, óleo de Tiziano (1,80 x 1,90 m.) en la National Gallery. Ella está representada a la izquierda, aislada y estática, su cuerpo traza un movimiento de retroceso.

Es una figura casi escultórica. A la derecha Baco, rodeado por el thíasos (séquito báquico) de sátiros, ménades y silenos, brinca del carro. Es impulso, su cuerpo rompe la estabilidad. No es una escena de cortejo; es epifanía. La historia cuenta que se casaron y Ariadna fue elevada a unirse a los dioses.
Para Roland Barthes el punctum de una fotografía -aún tratándose de un cuadro, vale el concepto- es aquello que hiere al espectador de manera íntima e involuntaria. Se define por oposición al studium, lo que comprendemos culturalmente -en este caso: el tema de la pintura-; en otras palabras, lo que podemos compartir a través de una lectura o conocimiento previo y nuestro saber del tema, o explicación de la obra.
El punctum, con frecuencia, ni siquiera es objetivable, se trata de un detalle que rompe el equilibrio de la imagen y produce una conmoción privada. El punctum no informa, afecta. Cuando se racionaliza e integra a nuestro saber, se convierte en studium, hasta que aparece otro punctum resistente a ser revelado.
En el óleo de Tiziano el punctum se me apareció en el azul intenso del manto de Ariadna y una de las ménades. El color, azul de ultramar, provenía de lapislázuli, piedra semipreciosa que se traía de lo que hoy es Afganistán y de un valor incalculable, y esta opción pictórica es un manifiesto del poder económico del mecenas (Alfonso I de Este, duque de Ferrara).
Contraste con los ocres, verdes y carnosos del mundo báquico. El azul separa a Ariadna del caos: es pureza, distancia, humanidad. En este óleo, el color no sólo ilustra; narra. Conocidos estos detalles, el punctum pasó a ser mi studium.
Estudiando de nuevo el cuadro, a la izquierda, por encima de las nubes, a la altura de la cabeza de Ariadna, surgió otro punctum; el círculo de estrellas, alusión a su futura apoteosis. Dionisio la convertirá en la constelación Corona Borealis.
