Temas eternos bajo la mirada de la poesía

Oficio mudo

Por Beatriz Vottero

Caballo Negro Editora. 52 páginas

 

El registro asombrado de los hechos simples de cada día, la evocación fugaz de sentimientos y personas queridas, el recuerdo del “insondable” amor vivido y perdido o tal vez anhelado. De todo eso y algo más hablan las breves páginas de Oficio mudo, el primer libro de poesía de la escritora cordobesa Beatriz Vottero.

Su materia son versos libres, sencillos, sobre temas eternos. Vuelve a la infancia para desandar “el principio de la trama”. Celebra el ansiado descanso al final de la jornada. Y hasta se permite mentar en un par de poemas los traumáticos y recurrentes incendios en las sierras, que “todavía no se apagan. / Como pústulas / renacen. / El viento barre lo que apenas queda / y sube, insolente / en conos de llamas”.

El recorrido también puede ser más introspectivo y animarse a describir de qué hasta compuesta la amarga “costra del amor”: “Es fea y dura / como esas protuberancias / de sal vieja / en los barcos encallados”.

En general la memoria preside la escritura y orienta las imágenes, que a la vez resultan cotidianas y sutiles, una feliz combinación. Un buen ejemplo puede condensarse en el poema “Lontano”: “El aroma del café / es una taza / que me envuelve / en el refugio de la cocina. / Inefable, / tiene nostalgia / de una tierra lejana, / recuerdos prendidos en el pecho”.

“Determinación” es como la cifra de todo el poemario. Son cuatro líneas expresivas: “Un náufrago bebe / la última gota de la botella. / Luego la arroja al mar / como si fuera un poema”.

Vottero (Córdoba, 1960) estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Trabajó como profesora y dirigió equipos de investigación sobre escritura en taller y enseñanza de la literatura. Ahora ejerce la docencia en posgrado.

Oficio mudo, libro que, como se explica en una “Nota final”, debe el título a un juego infantil que a su vez resonaba en una expresión que la madre de la autora profería ante la poblada y silenciosa mesa familiar, ha sido el fruto de un taller con Diana Bellessi.