Tarda en llegar

“A largo plazo, todos estamos muertos”. La frase, que ha trascendido las barreras del tiempo, lleva la firma de John Maynard Keynes y fue incluida en 1923 en su obra Un tratado sobre la reforma monetaria. Le cabe, como anillo al dedo, a la Argentina de hoy.

No es que el economista británico desdeñara la planificación años vista, sino que algunas circunstancias coyunturales exigen soluciones inmediatas. Hay veces, y no son pocas, en que la gente no puede esperar. Pedirles paciencia, fe y esperanza resulta obsceno.

La economía argentina del 2026, a dos años de la asunción de Javier Milei como presidente de la Nación, se presenta como un fenómeno bifronte: sobresale en sus números macro pero se desangra en la micro. Sostiene el superávit fiscal y se vanagloria del resultado de la balanza comercial mientras cierran las empresas y se multiplica el desempleo. En el proceso de reconversión, liberalismo mediante, la economía crece.

La semana que pasó fue una fotografía clara de este escenario. Los datos elaborados y difundidos por el Indec confirman el sesgo exportador de la Argentina, basado sobre la explotación y venta de recursos naturales. El contraste está dado por la caía del consumo, la merma del poder adquisitivo y la proliferación del empleo precario e informal.

La situación genera preguntas. Algunos creen tener las respuestas. El economista Salvador Di Stéfano explicó en una entrevista que, gracias a la cosecha récord, no hay desempleo en Rosario y la zona. Y que el beneficio del auge exportador, tarde o temprano, llegará también a las zonas que no están conectadas directamente con el sector.

No caben dudas de que los números saludables del comercio exterior lubrican la economía, sobre todo en los polos productivos donde se explotan los recursos. Pero el plan económico, si lo hubiera, debería también implementar algún tipo de políticas para las regiones que no se ven beneficiadas, como los grandes cascos urbanos y sus alrededores. Pedirles que aguarden el derrame no hace más que fogonear la bronca, azuzar el descontento.

NO ALCANZA

Uno de los datos centrales de los últimos días arroja que los salarios registrados cayeron en marzo por séptimo mes consecutivo y acumularon una baja de 4,8% real. Frente a la inflación del 3,4% en el tercer mes, el deterioro de los ingresos es palpable. La merma del fogonazo inflacionario en abril (2,6%) pudo haberle puesto paños fríos al flagelo.

“La combinación de estancamiento en los sectores vinculados a la demanda interna -que concentran la mayor parte del empleo formal- y una inflación todavía elevada hizo que el salario real del sector privado registrado acumule siete meses consecutivos de caída, con una pérdida acumulada del 4,8% con respecto a agosto del año pasado”, explicó Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics.

Otro tanto ocurrió con los jubilados. Según explica el economista Nadin Argañaraz, titular del Instituto Argentino de Análisis Fiscal, “en el mes de abril de 2026 el haber jubilatorio fue, en términos reales, un 7,8% superior al de noviembre de 2023. Por su parte, el ingreso del jubilado que cobra el haber mínimo y el bono registró una caída real del 10,3%”.

Lo cierto es que el poder de compra de los salarios se desploma en un escenario donde la inflación apenas recula -está muy lejos de alcanzar la meta fijada por el Gobierno- y en el cual las negociaciones paritarias están atadas a no superar el 2%. Un estudio de la consultora Bumeran reveló que al 73% de los trabajadores les dura menos de dos semanas el sueldo y casi el 90% considera que su salario no es suficiente para cubrir sus necesidades básicas.

En este ciclo envenenado de la economía, muchas empresas bajan sus persianas. De hecho, según un relevamiento realizado en febrero por Fundar, 13.163 compañías cerraron en el último año, número que asciende a 24.437 si se toma como referencia a noviembre de 2023.

En el programa Buenas Tardes China, la economista Marina Dal Poggetto dio sus razones sobre la caída del empleo y la consecuente retracción del consumo. “China está exportando saldos con subsidios muy altos en términos fiscales, pero sobre todo con una estructura productiva mucho más eficiente -explicó-. Además, está subsidiando la tasa. Lo que debería derramar la construcción, hoy se está importando llave en mano. Tengo un amigo que está importando un hotel”.

Y agregó: “Estamos en un mundo que es raro. Hay una oportunidad inédita con sectores que tienen la capacidad de producir lo que el mundo está demandando. Y los precios internacionales ayudan. Pero estamos en un juego adonde hay una discusión que no se está dando”.

DOLARES

La otra cara de la Argentina está representada por un comercio exterior pujante, que exhibe cifras para el asombro. Si el fenómeno continúa con su parábola ascendente, llegará el día -todavía lejano- en que la Argentina no sufra el problema de la falta de divisas y la restricción presupuestaria.

Los medios de comunicación calificaron como récord la balanza comercial superavitaria en u$s 2.711 millones, número que la llevó a hilvanar nueve meses consecutivos en verde. Las exportaciones totalizaron u$s 8.914 millones, registrando una suba de 33,6% interanual.

Una vez más los sectores que hicieron punta fueron el agro, los hidrocarburos y la minería, aunque llamó la atención la excelente performance del rubro de Combustibles y Energía (las ventas crecieron 85,9%); las manufacturas de origen agropecuario (14,1%) y las manufacturas de origen industrial (43,3%), que cuestionan la narrativa de una economía basada sólo en el extractivismo.

Los valores importados totalizaron u$s 6.204 millones en abril, lo cual implicó un descenso de 4,0% respecto al mismo mes del año anterior. Se registró una contracción de 7,7% interanual en las cantidades ingresadas, con una expansión de 4,0% de los precios pagados.

La merma del ingreso de insumos importados responde a la caída de la producción local, que no los demanda; la retracción de la compra de bienes finales se vincula al estancamiento o caída del consumo, que no tracciona la economía. Al menos esa explicación ofrecen algunos expertos.

Los datos del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), difundidos el jueves, parecerían desmentir esta idea. Según el Indec, el indicador registró un incremento interanual de 5,5% en comparación con el mismo mes del año anterior. En términos desestacionalizados, el índice aumentó en 3,5% respecto del mes anterior.

El número de marzo viene a revertir un ciclo negativo que encadenaba la caída del 0,2% registrada en enero, y la baja del 2,7% de febrero. De esta manera, el acumulado anual de la actividad fue 1,7% superior al del mismo período del año pasado.

A la hora de explicar el salto, se destaca que el gran motor fue el agro, que creció 17,9% respecto del mismo mes del año pasado. Luego le siguieron la industria manufacturera (+4,6%), el sector de petróleo y minería (+16,3%) y el de transporte y comunicaciones (+4,7%).

Las estadísticas, sin embargo, no armonizan con lo que se aprecia en las calles de la Argentina ni con lo que suele expresar el termómetro del humor social. Tal vez se trate de un fenómeno in crescendo, de un proceso que a la larga bañará a todos con sus beneficios. Pero tarda en llegar.

“Lo más significativo del dato no es solo el número agregado sino la composición. Es importante destacar que 14 de los 15 sectores crecieron en términos interanuales. Eso es muy distinto al patrón de los meses anteriores, donde la economía mostraba una marcada heterogeneidad con minería y agro empujando y la industria y el comercio cayendo”, señaló Iván Cachanosky, economista jefe de Libertad y Progreso.

Y concluyó: “Esta heterogeneidad que veníamos observando no debe leerse como una anomalía sino como el resultado esperable de una economía que está cambiando su matriz productiva después de 60 años de proteccionismo”.

Quizás los números muestren la punta del iceberg. El ánimo social, en cambio, es otro. Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA revela;

 

* El 42,4% de la población adulta urbana considera que su situación económica es peor que la de sus padres.

 

* El descenso no se distribuye de manera homogénea: alcanza al 51,9% de las personas del estrato muy bajo, frente al 34,2% del estrato medio alto.

 

* El deterioro respecto de la generación anterior no cancela la expectativa de futuro. El 71,6% de la población adulta cree que las nuevas generaciones tendrán más oportunidades.

 

Como escribió Gustavo Cerati: “Tarda en llegar / Y al final / Al final, hay recompensa”.

 

Veremos.