Tándem Norte: inclusión que pedalea
En Vicente López se desarrolla una inspiradora red de ciclismo donde la discapacidad no es un límite. Surgida de la iniciativa de Sandra Dajnowski y José Toso, la actividad recreativa transforma cada sábado el vial costero en un espacio de encuentros y abrazos. Voluntarios y guiados superan barreras.
Son las nueve y media de un sábado a la mañana en el vial costero de Vicente López. El panorama es el de cualquier fin de semana soleado frente al Río de la Plata en que grupos de personas practican deporte al aire libre o simplemente comparten un mate bajo un cielo celeste. Sin embargo, a la altura de la calle Urquiza, un grupo se destaca del resto por el brillo de sus estructuras metálicas y la particularidad de sus movimientos que provienen de las bicicletas Tándem, esos vehículos de dos o más ruedas diseñados para que el esfuerzo de pedalear sea una tarea compartida.
Lo primero que impacta al acercarse no es el despliegue técnico, sino la calidez del encuentro. Muchos se saludan con abrazos apretados, esos que solo se dan los viejos compañeros de ruta en una actividad que, por suerte, cada vez se difunde más en nuestro país. Aquí, el ciclismo no es solo una disciplina deportiva, sino que es el pretexto para una red de contención que desafía los límites de la discapacidad.
La historia de Tándem Norte es una historia de resiliencia que nació de la necesidad de recobrar la autonomía. El motor inicial fue Sandra Dajnowski, una arquitecta y empresaria que perdió la vista de forma paulatina. En su búsqueda por "recuperar la vida que había tenido", se acercó a la Asociación Tiflonexos, la biblioteca digital más grande de Latinoamérica para personas con ceguera, buscando libros, pero terminó encontrando una nueva forma de libertad sobre ruedas a través de las bicicletas Tándem. Estos vehículos tienen la particularidad de tener dos o más ruedas diseñado para que dos o más personas pedaleen al mismo tiempo, generalmente una detrás de la otra. El ciclista delantero, o "Guía", dirige y frena, mientras que el trasero, o "Guiado", ayuda a pedalear.
"Me empecé a dedicar a lo que era el esparcimiento y la diversión que la había perdido con la penumbra de la ceguera", recordó a La Prensa Sandra que cuando se enteró que en la Asociación estaban organizando una actividad en Tándem sintió que era una oportunidad increíble que no quería dejar pasar. Ella ya tenía su propia bicicleta Tándem de la época en la que aún conservaba algo de visión y salía con su entrenadora y guía, y esa unidad se convirtió en la cuarta bicicleta del nuevo grupo que comenzó a funcionar en el circuito KDT. José Toso, otro de los pilares fundamentales y el voluntario con más trayectoria en el grupo, se sumó en septiembre de 2018 gracias al dato de una cuñada con baja visión. Junto a Sandra, enfrentaron el desafío de la pandemia, que cerró el KDT y dejó allí las bicicletas atrapadas por meses. "Un día Sandra me plantea que, ya que el Gobierno autorizó el ciclismo al aire libre, podíamos ir a buscar las bicicletas y empezar a andar por la calle", señaló a La Prensa el voluntario que no se cansa de guiar durante cada encuentro. Así, a mediados de 2020, con apenas ocho personas y un grupo de WhatsApp, nació formalmente Tándem Norte, uniendo inicialmente los trayectos entre San Isidro y Tigre.
CONVIVENCIA
Para Sandra y José, el proyecto ha mutado de un simple pasatiempo a una misión social profunda. Sandra es tajante al diferenciar los conceptos que hoy rigen su vida al mencionar que "A veces el problema no es la discapacidad, es la sociedad, que es mucho más discapacitante que la ceguera". Al ser consultada sobre el tema, la referente prefirió hablar de "convivencia" antes que de "inclusión", esa palabra que a veces suena vacía.
"La inclusión hay que cargarla de contenido y aprender a convivir es el punto", resaltó la influencer que tiene una cuenta en instagram @sandradajnowski donde la siguen más de 52 mil personas. Allí destaca su filosofía que es “Vivir nuestras pasiones siendo fiel a nuestra esencia”.
Por su parte, José, destacó que el objetivo principal es la inclusión social a través del deporte. "Nuestro grupo tiene mucho de social. Se festejan cumpleaños, se hacen salidas y compartimos la misma pasión por el ciclismo", explicó Toso. El voluntariado, aclara, va mucho más allá de pedalear, ya que implica también arreglar las bicis, acompañar a las personas al baño, al transporte público o simplemente estar presente para una charla.
Hoy, el grupo cuenta con más de 100 voluntarios en su base de datos, de los cuales unos 50 están activos regularmente. Cada sábado, de 9 a 12, cerca de medio centenar de personas se reúnen en el Vial Costero para dar vueltas en un circuito que ofrece seguridad, sombra y, sobre todo, pertenencia. Sus encuentros están plasmados en las publicaciones que hacen en la cuenta de instagram @tandemnorte donde reciben también las consultas de quienes quieran asistir a las reuniones como guiados o como guías. Además, las juntadas también tienen otros grupos de pedaleo en el Palomar y en Costanera.
VOCES QUE PEDALEAN
En los últimos meses la actividad ha dejado de ser exclusiva para personas ciegas y ha pasado a abrazar la neurodivergencia y otras discapacidades motoras. Los testimonios de quienes asisten cada sábado pintan un cuadro de felicidad genuina.
Tal es el caso de Agustín Ciribeni que durante el encuentro al que La Prensa asistió siempre fue un referente entre los guiados por su simpatía y curiosidad. “Me gusta venir acá, dar vueltas y comer”, enumeró el joven de 26 años que tiene TEA y que ya es famoso en el grupo por conocer el nombre de todos. Su madre, Claudia Villadva, lo mira orgullosa señalando que en otros ámbitos suele ser difícil que lo acepten, pero aquí "todo fluye".
“La primera vez que vinimos fue una experiencia muy buena. Y lo más positivo es que él, que a veces no le gusta participar de las actividades, acá viene sin problema. Le decís Tándem y arranca entusiasmado”, destacó Claudia. Cabe destacar que a los ocho años Agustín tuvo un accidente en bicicleta y terminó asustado sin querer de ninguna forma subirse a un rodado. Sin embargo, Tándem Norte transformó esa mala experiencia en una oportunidad de encontrar una actividad deportiva al aire libre junto a nuevos amigos y, a tal punto, que el mismo Agustín aconseja a quienes quieran probar que “se animen, que vengan”.
En otro punto del encuentro se ubican varias personas que vinieron por primera vez a pedalear. Tal es el caso de Aníbal, el “número uno”, que junto a su amiga Estefy llegaron al encuentro desde Avellaneda y se llevan una jornada muy emotiva y positiva.
Tras ser víctima de un siniestro vial, Aníbal permaneció un año y medio en coma vegetativo. Luego de años de rehabilitación, hoy alterna el uso de la silla de ruedas con la capacidad de mantenerse erguido, lo que le permitió disfrutar de un recorrido en una bicicleta tándem con José como guía.
Siempre predispuesto para hablar, pese a sus dificultades, Aníbal recalcó que “es un lugar muy bueno, que se animen a que vamos a haber mucha gente nueva” y, al ser consultado sobre qué es lo que más le gusto de poder hacer un recorrido en bicicleta, el joven detalló que “Tuve que parar como tres veces. Primero, porque se me salió la palma y tuvieron que ajustarla; después, para acomodar la calza y regular los pedales para que quedaran seguros. Por suerte, cada vez que sentía alguna molestia podíamos parar para ajustar los detalles”.
Por su parte, Estefani recalcó que “esto ayuda un montón, no solamente de no estar en la casa solo mirando televisión, sino esto de hacer una nueva actividad que le genere seguridad y sentir el aire, el río y el sol. También tomar unos mates, hablar, no solamente que se trate del deporte, la parte social es importantísimo”.
Esta jornada es la primera experiencia sobre una Tándem para Inti, una niña de 12 años con síndrome de Down, que superó sus miedos iniciales. Su mamá, Silvina Cuman, relató con emoción como previamente a esta experiencia recreativa Inti "andaba en bicicleta con rueditas y con miedo. Verla hoy tan contenta y segura supera mis expectativas".
A los recién llegados se les suma también los que ya hace años vienen disfrutando del encuentro. Tal es el caso de Javier, quien perdió la vista de forma progresiva desde los 10 años de edad, y que explicó que la bicicleta le devolvió sensaciones que el habitáculo de un auto oculta. “Hay sensaciones que en un vehículo no se perciben. Acá hay un montón de sensaciones y hasta la irregularidades de un terreno, como una subida, una bajada, una curva, que en un vehículo, en el habitáculo de cualquier vehículo, no lo llegás a percibir como tal”, describió el guiado, que después de 25 años sin poder practicar ciclismo, el acompañamiento de los guías y el uso de este tipo de bicicletas adaptadas le permitieron retomar finalmente esta actividad.
ESFUERZO
A pesar de la alegría, sostener Tándem Norte es una tarea titánica. No cuentan con apoyo gubernamental y la logística depende del bolsillo y la voluntad de los participantes. Los usuarios pagan una cuota mínima de 10.000 pesos que se destina exclusivamente al mantenimiento técnico como son las cubiertas, frenos y accesorios de las 20 bicicletas que hoy posee la organización.
El recurso humano es el otro gran desafío debido a que ser guía requiere compromiso y capacitación. María del Carmen Canovi y Abel Gómez, cuyo taller mécanico @andarextremo brinda reparación a los equipos, son dos voluntarios que se sumaron en 2024 tras ver a los Tándem Norte participando en el Gran Fondo de Argentina. Al ser consultados sobre lo que les significa venir al encuentro, María del Carmen resumió el sentimiento general al señalar que "recibís mucho más de lo que venís a dar. Armamos una linda familia".
Luis, otro guía con cuatro años de experiencia y que llegó a a través de su hermano, destacó la tranquilidad que les da contar con el apoyo del SAME y la seguridad de Vicente López, lo que les permite concentrarse en lo importante luego de la actividad deportiva que es la "sobremesa" y el intercambio humano.
FUTURO
Tándem Norte sigue soñando y buscan sponsors para que más ciclistas puedan participar en carreras profesionales como el Gran Fondo de Argentina, donde ya han competido 10 tándems con resultados sorprendentes. El objetivo final, como dice María del Carmen, es que en cada pueblo del país exista la oportunidad de que alguien se suba a una bici y sienta, quizás por primera vez, que “su discapacidad desaparece con el movimiento de los pedales”.
Al final de la jornada, cuando las bicicletas se guardan y las heladeras portátiles quedan vacías, lo que persiste en el aire de la costanera no es el cansancio, sino la victoria de quienes se niegan a que la sociedad les diga "game over". Porque en Tándem Norte, si uno pedalea, pedalean todos.
