Susana Torres Molina: “Hay un teatro al que la gente va a pensar”

Convencida de la necesidad de ofrecer una alternativa al mero entretenimiento del espectador, la destacada dramaturga escribió y dirige ‘Responsable’, en la que vuelve a posar la mirada en los convulsionados años ‘70.

 

Mira bien directo a la cámara del Zoom. Su voz sale clarísima y agradable -tal vez tantos años de docencia teatral la ayuden-, pero no resultará alguien que regale miradas cómplices o sonrisas complacientes ni se enganchará en grandes diatribas. A sus años, mejor ni decirlos -no hace falta-, a Susana Torres Molina se la percibe como a alguien de paso firme y fuertes convicciones. Critica al Gobierno con vehemencia y vuelca toda su historia en su flamante obra. Así se la ve y así se muestra.

Premiada con el Konex y varios otros, con más de treinta obras estrenadas -muchas de ellas las dirigió-, Torres Molina conoce al dedillo el mundo teatral argentino. Empezó allá en el legendario Di Tella a fines de los ‘60 y nunca paró. Ahora, acá, lo que le interesa, sobre todo, es hablar de ‘Responsable’. la pieza que escribió y dirige, y que se presenta los domingos a las 17 en el nuevo teatro Lavalle Casabierta-Espacio de Arte.

Se la nota comprometida con un material que viene a hablar, en principio, de la militancia de los años ‘70 y que se suma a otros textos suyos fundamentales como ‘Esa extraña forma de pasión’, ‘La fundación’ y ‘Un domingo en familia’. “Es mi cuarta obra con la que toco de alguna manera y desde distintos ángulos la década de los ‘70, pero no es que me instalo en los militares y todo eso ya conocido -advierte-. Siempre trato de buscarle nuevos enfoques y complejidades”.

La vida de Torres Molina estuvo cruzada por esa época. A pesar de no ser militante, debió exiliarse en España junto con quien era su marido, el recordado Tato Pavlovsky.

-¿Qué la cautivó esta vez para volver sobre el tema?

-Tenía la imagen de una infidelidad que se descubría a partir de un operativo. Me pareció interesante bucear en eso, en las dos mujeres que se encuentran fortuitamente en la actualidad después de cuarenta y pico de años de que hubieran ocurrido los hechos.

 

TAMBIEN DIRECTORA

Silvina Katz (dueña del espacio Lavalle Casabierta) y Mercedes Fraile componen a esas dos antiguas amigas revolucionarias con pequeños gestos y mínimos movimientos. Son dos exmilitantes que tuvieron una relación con un hombre, también miembro del mismo grupo armado. Quedaron dolor, bronca y remordimiento entre ellas, y ahora, en este encuentro, pasarán cosas.

“Esta yo la escribí sabiendo que la quería dirigir porque las últimas obras no las había dirigido yo. Se las había dado a otros directores. Pero esta en particular, cuando la escribí me di cuenta de que la quería”.

Mercedes Fraile y Silvina Katz, protagonistas de ‘Responsable’.

El bello texto de Torres Molina recopila el pasado, los años de plomo, pero no se queda ahí: “El paisaje de la militancia de ese momento se conecta también con lo que está pasando ahor -asegura la directora-, porque yo, al final, dejo suspendidas algunas preguntas bastante interesantes”.

-El hijo de una de ellas no quiere engancharse mucho con ese pasa.

-Claro, el hijo, ahora grande, nunca estuvo de acuerdo con la militancia y lamenta que no conoció a su padre. Eso a mí me pegó mucho porque he conocido miembros de la Organización H.I.J.O.S. que decían que hubieran preferido tener un padre vivo antes que un padre héroe. Entonces, aprovecho para trabajar también el tema desde lo generacional. El hijo le dice: “¿De qué sirvió el sacrificio de tantas vidas?”

-¿Cómo conecta la obra con el presente?

-Es que la violencia ahora no pasa por las armas y el terrorismo sino dejar al 80 por ciento de la población en un estado de zozobra. Día a día, semana a semana, aumenta la cantidad de endeudados. Es algo terrible. Entonces, eso también es terrorismo, eso también es violencia. La gente en las calles, cada vez más. Todas esas cosas son de una violencia atroz. Y desde el Gobierno te dicen “son asuntos privados”. ¿Asuntos privados cuando se cerraron, no sé, 30.000 fábricas, y 300.000 personas se quedaron sin trabajo? ¿Qué asunto privado? Estamos viviendo en el reino del revés.

 

LA TRAICION

-‘Responsable’ también es una historia de sentimientos enfrentados.

-Es una historia de dos mujeres, de afectos, de sentimientos, enmarcada en esta situación terrible de esta Argentina nuestra. También está la traición entre ellas, por supuesto, con ese marco de los ‘70 de fondo.

-Algunas personas se resisten a que se siga hablando de esos años. Otra más de los militares, dicen. ¿Qué les contesta?

-Es que yo no hablo de los militares. Pero esa gente que no quiere conectarse con estos temas, por ahí, es la misma que vota este Gobierno, porque le parece divertido un señor con una motosierra que dice que va a destruir el Estado, que no quiere que vuelvan los peronistas. Y encima, quizás, son los que ahora están sin trabajo y no saben qué hacer. Creo que está bueno reflexionar sobre nuestra historia, tal cual nos ha pasado, no desde lugares dicotómicos y estereotipados: los militares, malos; los otros, buenos. Yo nunca trabajo desde ese lugar, si a mí me interesa escribir es porque quiero trabajar desde la complejidad.

-Un teatro para pensar, también.

-Por supuesto, está el teatro del entretenimiento, el de los grandes éxitos que vienen de afuera, y hay otro teatro al que la gente va a pensar, a llevarse preguntas. A mí no me gustan los golpes bajos, pero sí me gusta profundizar en la historia.

Susana Torres Molina es una destacada dramaturga, directora e investigadora teatral.

-La escritura teatral y luego la dirección son dos momentos distintos, dos mundos. El teatro es cuerpo antes que palabra. ¿Cómo se lleva con esa diferencia a la hora de asumir su rol de dramaturga y directora?

-Amo las dos cosas. Yo disfruto muchísimo de los ensayos porque es la parte creativa. Lo que me cansa es todo lo que viene después. En el teatro alternativo -otros le dicen independiente, pero me resisto a esa palabra porque no somos independientes de nada- no sólo hacés el trabajo de dirección. También de producción, tenés un montón de roles, no es que te sentás a dirigir y tenés todo un séquito alrededor que te soluciona las cosas.

-Usted va a todas las funciones.

-A todas. Porque una obra necesita todo el tiempo estar ecualizando. Acá están ellas dos y no hay ningún otro dispositivo o algo que distraiga; son esos dos cuerpos en un espacio muy chico, están muy observadas, desde mucha cercanía, entonces eso tiene que estar perfecto. Es un trabajo meticuloso. Me gusta muchísimo dirigir.

-Me imagino que no debe resultar sencillo para usted, que ama la escritura teatral, ver un texto suyo montado por otros directores.

-No, no soy una espectadora que va y dice: "A ver qué hicieron." Porque cuando yo escribo, escribo desde la puesta. O sea, yo ya estoy viendo la puesta; entonces me cuesta bastante. Cuando se puede, tengo muchas charlas con los directores dando mi punto de vista de por qué escribí eso y de esa manera. La verdad, hace mucho que no veo las reposiciones de mis obras porque realmente tan bien no la paso.

Torres Molina sigue firme, con proyectos. De hecho, otra obra de su autoría -junto con importantes colegas- se está dando en el Teatro del Pueblo. Se trata de ‘Aurora despierta’, que revisita con humor la historia argentina.

Reservada, al final de la charla apenas suelta algo de su cotidianidad, de sus nietos y bisnieto. No porque busque ocultar algo, aclara, sino porque simplemente le interesa hablar de su trabajo. De ese que la mantiene viva y con la mirada firme en la cámara del Zoom.