Decepción en la nueva apuesta de Hollywood

‘Supergirl’: un estreno en el abismo

 


Ficha técnica: ‘Supergirl’ (Estados Unidos, 2026). Dirección: Craig Gillespie. Guion: Ana Nogueira. Actores: Milly Alcock, Matthias Schoenaerts, Eve Ridley, Jason Momoa. Duración: 108 minutos. Clasificación: apta para mayores de 13 años.



En las películas de superhéroes existe algo por demás tranquilizador. Uno sabe que todo va a terminar bien. Y por más que el villano se muestre imbatible y vaya acumulando poder en cada maldad, el final lo mostrará derrotado. Y está bien que suceda porque son los códigos del cine de acción. Hollywood no es experimental y un desenlace como el de ‘El profesional’, con un Jean-Paul Belmondo abatido, sería inconcebible. La idea no es traumar a toda una generación sino divertirla.

Pero el problema de ‘Supergirl’ no es que cumpla las reglas establecidas y nos cuente una historia obvia, sino qué cuenta y cómo. Y aquí, el filme dirigido por Craig Gillespie (‘Cruella’, ‘Yo, Tonya’), se derrumba en todas las columnas que deberían sostenerlo: guion, actuación, fotografía y arte.

HEROINA DEPRIMIDA

La historia de Kara Zor-El (Milly Alcock), más conocida como Supergirl, comienza con ella inmersa en una depresión injustificada, de alcohol, desidia estética e irascibilidad emocional, en un mundo alejado de la Tierra, donde ella es una simple mortal. Su casa de verano, por decirlo de algún modo, es una caravana desordenada y sucia en la que vive con su perro Krypto. Ni los consejos por videollamada del mismísimo Superman parecen motivarla para celebrar un cumpleaños número 23 de manera más alegre, y por ello se va a buscar problemas a un bar donde el lumpenaje reside de manera habitual. Hasta aquí lo más parecido a Hancock, el pendenciero, malhumorado y ebrio héroe interpretado por Will Smith en 2008.

Ya en acción, Supergirl pareciera cambiarse de película e irse a la estética ‘Mad Max: furia en el camino’, protagonizada por Charlize Theron y Toma Hardy. Los escenarios, el tratamiento de la imagen, el vestuario del villano y sus secuaces nos lleva a ese Far West distópico. Y entre ellos y apostando su vida en una pulseada contra un lagarto humano gigante, conoce a una niña que busca venganza porque el malvado Krem de las colinas amarillas (Matthias Schoenaerts) mató a toda su familia. Claro, los superhéroes de DC no son vengativos, por lo que esa no podría ser la historia principal, entonces emerge una trama superadora y tierna que es la búsqueda del antídoto que le salve la vida a Kripto, que fue envenenado por el mismo Krem y sólo quedan tres días para revertir tal agonía. Así, Supergirl y su aliada Ruthye Marye Knoll (Eve Ridley) emprenden un viaje intergaláctico.

‘Supergirl’ tiene muchos aspectos difíciles de aceptar por tratarse de un filme realizado por una productora global cuyo objetivo es hacer saltar la taquilla. El primero es el guion, de una pobreza literaria pocas veces vista en filmes de este género. Y el segundo y capital, la elección de Alcock como Supergirl, quien demuestra en todas sus performances de acción que no sabe luchar, no sabe dar un golpe certero y no tiene la destreza que requiere “un gran poder que conlleva una gran responsabilidad”. El guiño empático para con el espectador queda entonces reducido a la aparición de Jason Momoa con el personaje de Lobo, un malhumorado sicario lookeado al estilo Gene Simmons de Kiss y con habano de mafioso millonario. Sus intervenciones son lo único que despabila de un filme que constantemente se dirige hacia el abismo.

Desde que comienza con una sobreactuación de Alcock que no superaría un casting de Microteatro, hasta que termina, con ella espléndida y ya sin resaca, de regreso en su hogar de Metrópolis.

Calificación: Mala