Querido Benedicto:
Escribo esta columna para hablar con vos. Todavía sos chiquito, pero, si Dios quiere, llegará un momento en el que vas a poder leer lo que hoy te escribo. Además, espero que estas reflexiones e inquietudes que periódicamente iré publicando sirvan de testimonio a otros que, como yo, están aprendiendo a ser padres. En esta oportunidad, habiendo pasado un mes de tu nacimiento, te quiero contar qué me significó tu llegada.
DIOS, PAPA Y YO
Desde que nos enteramos de tu existencia, junto a tu mamá, supimos que ibas a ser una bendición para nuestras vidas. Cada vez que te vemos, nuestros corazones rebosan de emoción, alegría, ternura y un amor que nunca habíamos experimentado.
Si bien reconozco que recién inicio este camino y que aún tengo todo por aprender, también creo ya haberme encontrado con una experiencia esencial de la paternidad: una forma particular de amor, el amor de padre. Este tipo de amor tiene como una de sus notas características la gratuidad. El padre ama incluso antes de que el hijo haga algo, lo hace más allá del mérito. Al padre le basta la existencia del hijo para comenzar a amarlo.
Experimentar este amor me está llevando a valorar mi vida de otro modo. Al reconocer los momentos en los que no lo merecí, pero igualmente poder identificar que ese amor no me abandonó, sino que se mantuvo y, más aún, me sostuvo, encuentro esa incondicionalidad. Así, amar a mi hijo me permitió verme como soy visto por mi padre. De algún modo, aprender a ser papá me está enseñando a ser hijo.
Beni, quiero darte una noticia que espero que siempre tengas presente: sos amado, sos profundamente amado. El Amor es lo que te trajo al mundo y lo que a cada instante te mantiene en él.
EL MUNDO YA NO ES COMO ERA
Hace unos días, mientras conversaba con tu abuela Myriam, se hizo recurrente una idea muy simple pero poderosa: el concepto de natalidad de Hannah Arendt. Con vos, así como con cada nueva persona que se concibe, un mundo deja de existir y, en su lugar, aparece uno nuevo. El mundo ya no es como era y nunca volverá a serlo. Tu existencia irrumpió la realidad proponiendo un nuevo comienzo, posibilitando lo inédito e irrepetible, una originalidad de la que sólo vos sos capaz.
La comprensión de las consecuencias que tiene esta verdad resignifica profundamente el sentido de nuestras vidas. La existencia de cada persona concreta depende de una combinación absolutamente singular de condiciones biológicas e históricas, por lo que su existencia no es necesaria, sino altamente contingente. En la fecundación intervienen un gameto masculino -entre millones posibles-, y un óvulo concreto. Un pequeño cambio en esta serie de causas y esa persona no hubiera existido. De esto quiero destacar dos conclusiones: la primera es que, si es mucho más fácil que una persona concreta no llegue a existir, pero aun así existe, eso nos permite reconocer que su existencia no es indiferente, sino querida por Dios. La segunda conclusión es que, para que esta novedad apareciera, fueron necesarios un hombre y una mujer que, de ese modo, se hacen cooperadores de Dios para que esto ocurriera. Dios ha querido que cooperemos libremente con Él.
En mi discernimiento vocacional tuvieron un lugar especial las palabras del salmista (139, 13-16):
Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras!
Tú conocías hasta el fondo de mi alma
y nada de mi ser se te ocultaba,
cuando yo era formado en lo secreto,
cuando era tejido en lo profundo de la tierra.
Tus ojos ya veían mis acciones,
todas ellas estaban en tu Libro;
mis días estaban escritos y señalados,
antes que uno solo de ellos existiera.
Antes de que existieras, Dios ya te conocía. Esta afirmación es muy poderosa, porque Dios ya te había pensado para que compartieras la eternidad con Él. Y la única posibilidad de que nacieras fue en las circunstancias en que se dio. Esta realidad resignifica todo mi pasado, porque fui llamado a cooperar en el plan eterno del Padre. Así, la concepción de un hijo se convierte en un hito personal que hace patente el lugar del hombre en la Historia.
UNA VIDA NUEVA
Siempre creí que los tiempos en que suceden las cosas nos hablan del significado que tienen. Con esto no quiero hacer numerología ni caer en supersticiones, sino leer los acontecimientos con una mirada de fe. Naciste el quinto domingo de Cuaresma, cerca de las 3 pm, hora aproximada en la que Nuestro Señor murió en la cruz. Por eso, tradicionalmente se consideran a las tres de la tarde como el tiempo de la redención, el momento de la misericordia. Además, el Evangelio del día fue el de la muerte y resurrección de Lázaro, en donde Cristo se revela como Señor de la Vida. Todo esto me mantuvo reflexionando durante algunos días. Sentí fuertemente a Dios llamándome a Su Gloria, a la que se alcanza por medio de la cruz. Ante esta gran responsabilidad que tengo por delante y que me pone a prueba, escucho la voz de Dios diciendo “tranquilo, Soy Yo, Papá”.
Mientras te escribo estas palabras estás durmiendo tiernamente a mi lado. Rezo a Dios para que conserves la pureza de corazón y para que mi paternidad sea un reflejo, tenue pero fiel, del Amor del Padre Eterno.
Con amor, tu papá.
El lector podrá seguir a Buena Data en:
YouTube: /BuenaData
Instagram: @buenadata
