¿Sólo un partido de fútbol?
La Argentina, como en varias ocasiones -deportivas y no deportivas- venció a Inglaterra y nuevamente les demostramos al mundo que no son invencibles y que jamás se debe poner en tela de juicio el corazón de un argentino. Porque al decir del Gran Capitán Don José de San Martín: “los argentinos no somos empanadas que se comen con el simple hecho de abrir la boca”.
Este no es un llamado a la violencia ni pretende remover rencores. Este no es una invitación al odio ni al descalabro. Todo lo contrario. No compartimos ninguna de estas posturas, puesto que no creemos ni predicamos la venganza como medio licito para alcanzar un fin -esta actitud es propia del obrar británico- sino que defendemos la justicia, como pilar constitutivo y restitutivo de la dignidad de nuestro ser nacional.
EL DICHO Y EL HECHO
Comprendo y estoy de acuerdo con el modo de encarar la situación previa al enfrentamiento deportivo de la Selección Argentina para con la Selección Inglesa. Tanto las declaraciones del equipo técnico y de los jugadores de nuestra selección reflejan el nivel de profesionalismo competitivo y su propuesta de distinguir una cosa de otra con total parcialidad. Es cierto, son futbolistas.
Sin embargo, el espíritu de la argentinidad habló y demostró ser más fuerte que todo tipo de formalismos.
Nunca vi cantar a este equipo el fragmento del Himno Nacional del modo en que lo hicieron… “Sean eternos los laureles que supimos conseguir, que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos. ¡Oh juremos con gloria a morir!”. La tensión que acompañó el primer tiempo de este encuentro también dio muestras de que no se estaba jugando un simple partido.
Por si esto fuera poco, la paciencia y perseverancia de nuestra selección, tras el 1 a 0 en nuestra contra, concluido con 2 golazos argentinos que dejaron afuera del mundial a Inglaterra, hablan por sí solos. El temple de acero de este equipo, es ejemplo de argentinos cabales, de aquellos que reman cotidianamente a contracorriente del mundo y que batalla cada una de las contiendas que la vida le va presentando, saliendo fortalecido. Estos futbolistas sienten la camiseta. Porque sienten la bandera. Porque son verdaderamente un equipo. Nuestro equipo.
Por ello, afirmamos que nuestro jugadores -conscientes o inconscientemente- sintieron el calor y cobijo de un pueblo que se resiste a ser vencido. Hoy se descubrieron siendo el eco de generaciones de argentinos que con la patria al hombro salieron al frente en cualquier tipo de dificultad, especialmente aquellas en las que el ser nacional fue cuestionado, insultado y avasallado por la Pérfida Albión.
Por ello enarbolan una pancarta improvisada que reza ni más ni menos que “Las Malvinas son argentinas”. Aquí habla la historia. Aquí el testimonio heróico. La Cuestión Malvinas es la cumbre de esta herida abierta que sólo sanará cuando la bandera azul celeste y blanca vuelva a flamear en nuestras islas del Atlántico Sur.
Por eso, gritar: “¡El que no salta es un inglés!” no es simplemente un cántico, sino que es la pura verdad de una comunidad histórica que en lo más profundo de sus raíces y entrañas, sabe que enfrentarse a Inglaterra es replantear y reafirmar su sentido, su ser, su pensar, su obrar y su existir.
LA HISTORIA ES TESTIGO
La realidad es que la rivalidad anglo-argentina constituye una problemática que lleva siglos y que ha tenido -y presenta- distintas manifestaciones: históricas, políticas, económicas, financieras, sociales y culturales. También deportivas. Dónde, inevitablemente, el pueblo hace eco de esta tensión contra nuestro enemigo histórico.
Por ello, es que afirmamos que no estuvimos ante solo un partido de fútbol. Hoy se manifestó un nuevo enfrentamiento entre dos estilos de vida, entre dos cosmovisiones, entre dos escalas de valores, entre dos identidades. Entre la Argentinidad y el mundo anglosajón. Entre el espíritu y la materia. Entre el corazón y el cálculo. Entre la calidad y la cantidad. Entre la humildad y la soberbia. Entre la honestidad y la rapiña. Entre la falacias y la transparencia. Entre el individualismo y el trabajo en equipo.
En fin, el conflicto con Inglaterra, atraviesa toda nuestra historia argentina. Tal es así, que llevó al historiador lujanense Ricardo Tabossi a titular un libro clave del pensamiento nacional: ¿Hasta cuándo Inglaterra?
COHERENCIA POR FAVOR
Como en cada una de estos acontecimientos, donde nos plantamos a los intereses británicos en nuestras tierras, nuevamente demostramos que unidos podemos hacer cosas grandes. Nuevamente este equipo demostró que si los argentinos miramos hacia un mismo lugar, los sueños pueden hacerse realidad. Nuevamente, dimos pruebas contundentes de que en equipo somos mejores.
Sería interesante ahora sí, poner las barbas en remojo y que este sentimiento se haga racional y consciente y de que este espíritu de hidalguía impregne cada acción argentina y nos congregue en el bien común completo de la Patria y en la defensa de nuestros intereses nacionales, vapuleados por doquier.
Nuestra patria está siendo regalada en cuerpo y alma. Traicionada por dentro y por fuera. Es inevitable no pensar en San Martín cuando decía que la traición a la patria es la peor de las felonías, que ni el sepulcro podía hacer desaparecer. La entrega es espantosa y descarada desde hace décadas. No es una cuestiones de partidos políticos, de izquierdas o derechas, sino de la perversión de un sistema levantado sobre la mentira.
Sin ir más lejos, mientras festejamos los triunfos argentinos hoy se discutirá la ley de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, que en fondo pretende convertir a todas las propiedades argentinas en vendibles y comprables, junto con nuestras reservas de agua -en sus diferentes estados- petróleo, litio, entre otros recursos naturales.
Si no conocemos este doloroso presente, no habrá festejo que valga. Porque seremos felices y no tendremos nada. No podemos permitir que el sacrificio permanente y constante de los argentinos de ayer y de hoy, sean tirados por la borda. No podemos hipotecar el futuro de los argentinos del mañana. No podemos permitir que este sentir se apague y se vuelva a encender cada cuatro años. Será pues, nuestro desafío saber capitalizar y gestionar este impulso inmenso y hermoso, está alegría que nos introduce en una canción épica, para ponerlo al servicio de una patria soberana e independiente.
NO ES SÓLO FÚTBOL
Por eso, no es, ni fue, ni será solamente un partido de fútbol. Estamos ante un pueblo que combate por mantener en pie su dignidad nacional. Es un alma que se sostiene por un hilo llamado Cuestión Malvinas y que reconoce en el Reino Unido a su principal adversario. Es un espíritu que busca unirnos por sobre toda división. Es un ímpetu que nos llama a ser mejores de lo que somos. Es una llamada de atención y un grito silencioso que pide reparación histórica, orden, justicia y paz. Es un corazón argentino que lucha porque ama. Y el amor, aunque parezca derrotado, siempre triunfa.
Argentinos, pongamos las barbas en remojo. Seamos coherentes y consecuentes con nuestros referentes de vida. Seamos constantes en la oración y perseverantes en la caridad. No abandonemos nuestros puestos ni le demos la espalda a la esperanza. Caminemos siempre juntos, hacia arriba y hacia adelante. Colguemos los 365 días del año nuestra bandera en balcones, ventanas, calles y plazas. Respiremos argentinidad. No bajemos los brazos. Paso a paso, con humildad, con firmeza y determinación. Como lo demuestra nuestra scalonetta y como lo han encarnado nuestros arquetipos históricos.
Seamos lo que debmos ser y, si no, seamos nada.
