Sobre la libertad
Cuando el presidente de la Nación, don Javier Gerardo Milei, asegura que “Argentina todavía no es el país más libre en el mundo", no se refiere a asumir un vínculo más maduro y soberano con los Estados Unidos; a no alinearse de manera acrítica con Israel; a discutir las condiciones con el Fondo Monetario Internacional; a reconstruir los puentes con Brasil.
Cuando el presidente pronuncia el sustantivo libertad lo hace sólo en términos económicos. Lo que busca, lo que desea es un sistema sin ninguna intervención estatal, al margen de intervenciones, impuestos y regulaciones. En el sueño libertario se impone el acuerdo entre partes. Algo así como un Disney de la oferta y la demanda.
La libertad, esa facultad a la que tanto le han cantado los poetas anarquistas que desdeñan el sistema es hoy, desde lo simbólico, propiedad absoluta de las Fuerzas del Cielo. Ha sido cooptada por el discurso oficial y lo articulan sus principales adláteres en atriles diversos.
Las fuerzas de izquierda, en su horizontalidad clasista que traspasa fronteras, se adueñaron del proletariado; el viejo peronismo, del obrero, la fábrica y el barrio; la derecha tradicional se había quedado con los símbolos patrios; el radicalismo, con la clase media aspiracional. Pero los libertarios cargan con la libertad en la faltriquera. Es, por ahora, de ellos.
Es de ellos y la sacan a relucir, de vez en cuando, como quien exhibe una moneda brillante. La muestran y la vuelven a guardar. Y como se la apropiaron, la cargan de sentido, la explican a su manera. La libertad es para el oficialismo, ante todo, la libertad de mercado.
Cosa rara también es que el presidente Milei haya pronunciado esta frase, haya clavado la daga liberal justo en el acto conmemorativo del paso a la inmortalidad del general José de San Martín. Quizás ignore que el Padre de la Patria, durante su gestión como gobernador de Mendoza promovió la primera ley de protección a la producción vitivinícola frente a los vinos y licores extranjeros; fomentó la industria y la obra pública; y consideraba que la victoria militar servía de poco sin la soberanía económica.
Con Manuel Belgrano les pasa otro tanto. Lo elogian como promotor del libre comercio y defensor de la propiedad privada, pero barren debajo de la alfombra la idea que el prócer tenía del rol del Estado al que consideraba clave como un agente activo y regulador en el crecimiento y desarrollo de la economía.
A Julio Argentino Roca los libertarios lo consideran el “padre de la Argentina moderna”, aunque descuidan una faceta relevante: la captación de inversiones extranjeras en la época se hacía sobre la base de un Estado que tomaba decisiones, entre ellas financiar fuertemente el sistema educativo público, que de ninguna manera podía quedar a merced de los vaivenes del mercado.
LA VIDA REAL
Los economistas hacen foco sobre el presente, lo analizan, le buscan una explicación. Hay quienes saludan el renovado sesgo exportador del sistema, donde relucen nichos como el campo, Vaca Muerta y la minería, que toma envión en la cordillera.
Los que se vinculan al consumo interno y la industria, en cambio, ponen reparos. El último paper firmado por Bernardo Kosacoff y Diego Coatz analiza el escenario actual pero, sobre todo, proyecto un futuro con “fierros”. Dice, entre otras cosas:
“Argentina enfrenta una encrucijada histórica: más de una década de estancamiento y volatilidad macroeconómica erosionaron los horizontes de inversión, debilitó el empleo formal y fragmentó el entramado productivo. Sin embargo, el país no parte de cero. Conserva una estructura industrial diversificada que representa el 19% del VAB, más del 22% de la masa salarial y el 54% del gasto privado en I+D”.
Y recalca que existen tres Argentinas: “Un núcleo moderno exportador, un sector intermedio orientado al mercado interno con capacidades valiosas pero con rezagos tecnológicos, y un sector informal de baja productividad que crece y profundiza la fragmentación social. Superar esa dinámica exige dejar atrás falsos dilemas -agro versus industria, mercado interno versus exportación, Estado versus mercado- y construir una estrategia que combine recursos naturales con capacidades industriales”.
En ese contexto en el cual se calibran las estrategias, la inflación dio un brinco y no logra acelerar su baja hacia una cifra menor a 1%. Al menos el jueves llegaron buenas noticias: el saldo de la balanza comercial arrojó un superávit de u$s 2.115 millones, con una fuerte huella de las Manufacturas de Origen Agropecuario -las exportaciones totales redondearon los u$s 8.854 millones.
Además, la actividad económica también dio que hablar: el Estimador Mensual registró en junio un crecimiento de 2,7% en la comparación interanual (i.a.) y de 0,8% respecto a mayo en la medición desestacionalizada. Con respecto al mes anterior subió 0,2%.
“Con relación a igual mes de 2025, doce de los quince sectores de actividad que conforman el EMAE registraron subas en junio. Se destacaron Pesca (247,6% i.a.) y Explotación de minas y canteras (15,6% i.a.)”, explica el último informe del Indec.
“El dato del EMAE deja una señal positiva, pero debe interpretarse con cautela. La actividad creció 0,8% mensual, aunque el Indec revisó a la baja los niveles de los meses anteriores. Por lo tanto, el avance es menos contundente de lo que sugiere una primera lectura. Con la nueva serie, el segundo trimestre cerró con una caída de 0,9% respecto del primero y dejó un arrastre estadístico de 1,2% para 2026”, explicó Diego Piccardo, economista jefe en la Fundación Libertad y Progreso.
OLOR A CHORIPAN
Son las 15 del jueves. La marcha de los deudores -la morosidad crediticia se quintuplicó en los últimos 20 meses- ya terminó. Por la Plaza de Mayo, como un cortinado blanco, vuela el humo de los choripanes. La desconcentración ha comenzado -los actos cada vez duran menos tiempo-. Lentamente por las avenidas las columnas sindicales que acompañaron el reclamo inician la retirada.
Sólo se quedan un rato más las agrupaciones de izquierda, con sus pancartas siempre presentes: Fuera el FMI, Basta de patria financiera; Basta Milei, son lemas que se repiten, incansables.
No hay demasiada algarabía. Los militantes asisten a la manifestación como a un ritual obligatorio o pragmático. El respaldo popular es escaso. Hace tiempo ya que el modelo de representatividad sindical está en crisis. Casi nadie se siente hoy identificado o conducido por dirigentes obscenamente enriquecidos. El contraste entre unos y otros es brutal.
Si bien Milei en el plano político es un emergente nacido al calor de la corrupción y el fracaso kirchnerista, su efecto sobre la sociedad parece menguar con el paso del tiempo. A su favor, las elecciones presidenciales quedan aún demasiado lejos y no asoman aun candidatos de la oposición que le puedan arrebatar el trono.
La última encuesta de la consultora Zentrix revela que la aprobación de la gestión de Javier Milei cerró julio en el 31,4%, su registro más bajo desde septiembre de 2025 y a más de 13 puntos del 45% que había alcanzado en febrero último, cuando por única vez en el año empató con la desaprobación. Desde ese pico la curva se invirtió sin pausa: el rechazo a la gestión volvió a expandirse hasta el 58,8%, de modo que hoy casi seis de cada diez argentinos desaprueban lo que hace el Gobierno nacional.
¿Cuáles son las razones? En primer lugar, muchos ciudadanos que votaron la opción libertaria, hartos del peronismo, sufren hoy las consecuencias del feroz ajuste. De hecho, en la semana se informó que el consumo de carne cayó casi 10% y quedó en 46,3 kilos por habitante, un mínimo histórico. Los salarios tampoco ayudan porque si bien en junio le ganaron a la inflación (2,9%), siguen por debajo de la línea de flotación en el acumulado anual.
“El dato de salarios deja tres señales. Primero, la convergencia sectorial se consolida: los tres segmentos registrados (privado, público y total) se ubican ya en torno al 29-30% interanual, en línea con la desinflación del IPC. Segundo, el salto del sector público (+3,4% mensual) recuperó movimiento luego de estar por debajo de la evolución del IPC. Tercero, el privado registrado (+1,9% mensual) profundiza su desaceleración por tercer mes consecutivo (4%, 2%, 1,9%), señal de debilitamiento del bolsillo privado”, explicó el economista Tomás Amerio.
El proceso de empobrecimiento no deja de preocupar. Según datos publicados por el economista Daniel Schteingart, desde 2014 el decil más pobre de Chile supera al argentino, y la brecha no para de crecer. “En 2025 su poder adquisitivo fue un 52% mayor”, enfatiza.
Así las cosas, el Gobierno avanza en la toma de medidas con perfil de mercado, como la licitación para la venta del Ferrocarril Belgrano Cargas, pero pierde solidez en materia de alianzas. El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, señaló en un reportaje: “Con el equilibrio fiscal no se come”.
La frase horada los cimientos del programa económico, la armonía fiscal, el corazón del ser libertario. ¿Comenzarán otros también a cuestionar el credo libertario?
