Buena Data en La Prensa

Sobre el Día de la Raza


Un decreto firmado el 4 de octubre de 1917 por el presidente de la Nación, Dr. Hipólito Yrigoyen, estableció el 12 de octubre como feriado nacional.
En su art.1° decía: “El descubrimiento de América es el acontecimiento más trascendental que haya realizado la Humanidad a través de los tiempos, pues todas las renovaciones posteriores derivan de este asombroso suceso, que a la par que amplió los límites de la tierra, abrió insospechados horizontes al espíritu”.

Más adelante expresaba: “España, descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el ardor de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la labor de sus menestrales y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad que integra la nación americana”.

Durante casi un siglo el Día de la Raza fue una fecha valorada y aceptada por la inmensa mayoría de la sociedad. A muchos, pensar en ese día, nos hace recordar las tareas alusivas en nuestros cuadernos de clase y los actos escolares.

MANIPULACIÓN E IDEOLOGÍA

El Decreto 1584/2010 del gobierno kirchnerista derogó el establecido por Yrigoyen. Con los Kirchner en el poder, se inició, se profundizó y se desarrolló un intenso ataque a la civilización cristiano-occidental: ideología de género, el mal llamado lenguaje inclusivo y el aborto, por mencionar sólo algunos. La epopeya española fue otro de los temas que había que denostar y en gran medida lo lograron.

Con el comienzo del siglo XXI surgió una oleada de gobiernos de izquierda en varios países de nuestro continente: la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay, Venezuela, entre otros. Compartieron el mismo libreto gramsciano. Había que cambiar de raíz la cultura; el 12 de octubre fue devaluado y cambiando de denominaciones: Día de la Resistencia Indígena (Venezuela-2002, Nicaragua-2007), Día de la Descolonización (Bolivia-2011), entre otros.

Con gran habilidad supieron imponer términos, manipular la historia y apuntar a la deconstrucción del ser humano y la familia. Fueron dos décadas arrolladoras de lavado de cerebros. Para acomodarse a esa nueva realidad, muchos optaron por la corrección política. No sea cosa que alguien se sienta ofendido…

Con la destrucción y traslado (2013/2015) del monumento a Cristóbal Colón (idea sugerida por el venezolano Hugo Chávez a Cristina Kirchner) que engalanaba la plaza que lleva su nombre, detrás de la Casa Rosada, se terminaron los homenajes que los representantes de la colectividad española y de otras, realizaban al pie del monumento, hoy tristemente olvidado en la Costanera Norte.

Si bien con el actual gobierno hubo normas que fueron eliminadas o que quedaron en desuso, otras siguen vigentes. La página web de la Casa Rosada volvió este año a ponderar la gran gesta realizada por España, denominando al 12 de octubre como Día de la Raza, pero aún no derogó la ley 27.399 en la que sigue figurando como “Día del respeto a la diversidad cultural”.

CONCEPTO DE RAZA

La herencia genética individual nos hace semejantes a nuestros padres y diferentes del resto de la humanidad. Es muy variable. Somos únicos e irrepetibles. La herencia genética específica, en cambio, es absoluta. Pertenecemos a la especie humana porque de dos seres humanos nace un ejemplar también humano. No hay otra posibilidad.

Sin embargo, hay un número muy pequeño de genes de nuestra especie que nos hacen semejantes a un grupo humano y diferentes de otros grupos. Obviamente, no existen las razas naturales puras, homogéneas, claramente separadas y delimitadas en casilleros como se pretendía en los siglos XVIII y XIX, pero es innegable que hay distintas manifestaciones de nuestra herencia racial: por ejemplo, diferente pigmentación de la piel, cabello lacio o rizado, algunos rasgos faciales o propensión a determinadas enfermedades.

Con perdón de la comparación, y salvando las grandes distancias, no es más perro un caniche que un doberman, pero igualándose en especie, tienen diferencias biológicas evidentes.

Actualmente existe un desprestigio del concepto ‘raza’ porque se malentiende, asociando las diferencias con jerarquías, creyendo que hablar de factores raciales implica considerar que hay una razas superiores y otras inferiores, que los miembros de una raza son necesariamente opresores y los de otra, oprimidos, por el solo hecho de pertenecer a ese colectivo identitario. Y de allí, directamente se vincula al racismo. Pero, una cosa es reconocer diferencias y otra establecer la primacía de un grupo sobre otro.

Por eso, el socioculturalismo impregnado en las ciencias sociales eyectó del habla actual el concepto de raza para sustituirlo por el de etnia, es decir grupos que comparten determinados elementos culturales, históricos, lingüísticos o de identidad. A los conceptos de raza y etnia les sucedió algo muy semejante a lo acontecido con los de sexo y género. Se fueron disolviendo los componentes biológicos concretos y objetivos entre los factores culturales mucho más flexibles, fluidos y relativos.

Así la palabra raza pasó a entrar en el debate político. Una mala palabra que huele a colonialismo, hegemonía despótica antiindigenista y que merece ser erradicada.

Pero si se parte de la idea de que el ser humano y sus derechos no dependen de las características particulares de los grupos humanos, nada tendría de malo el reconocer que con la llegada de los europeos a América se gestó una nueva raza, tan digna y respetable como cualquier otra existente en nuestro planeta. Sobre todo, considerando que cuando se estableció el día de la raza a principios del siglo XX, su significado era ajeno al debate político contemporáneo. Su condena es anacrónica.

Aún así, el encuentro de los “dos mundos” originó al criollo, que si bien se trata de una novedad biológica, no es lo más importante que se logró con la llegada de España en América.

La evangelización tiene una fuerza mucho mayor que la incursión marítima audaz o el acontecimiento cultural y lingüístico.

Es una realidad palpable que desde ese encuentro sobre todo América Latina, quedó signada por los valores cristianos. Valores que se fundieron constitutivamente en la historia común, aún de quienes se dicen ateos.

Uno de esos valores recibidos es considerar a todos los seres humanos como hijos de Dios, por lo tanto, iguales en dignidad.

El lector podrá seguir a Buena Data en:

YouTube: /BuenaData

Instagram: @buenadata