"Si gana Lula, no podrá gobernar; Bolsonaro hará reformas profundas”

El Congreso, tanto en el Senado como en Diputados, estará en poder de la derecha. La inflación, la inseguridad y el endeudamiento doméstico, claves del resultado. “Flávio reconstruirá los puentes con Argentina”, avisa el economista Gustavo Segré. Se espera un equilibrio en el vínculo con Washington y Pekín.

Sorpresa. Eso es lo que generó el pasado domingo el resultado de las elecciones presidenciales en Brasil, donde contra todo pronóstico Flávio Bolsonaro se impuso con el 47% sobre el actual mandatario, Lula Da Silva, que cosechó un 45,2%. El próximo 25, en segunda vuelta, se dirimirá quién gobernará al Gigante durante los venideros 4 años.

El economista argentino Gustavo Segré, radicado en San Pablo, tiene la mirada fina y el análisis certero a la hora de explicar las razones del inesperado resultado y, sobre todo, al momento de proyectar lo que vendrá en la política y la economía brasileña.

-¿Se puede afirmar que hay un hartazgo de la figura de Lula y de la política del PT?

-Diría que hay un cansancio de la promesa incumplida. Porque Lula ahora, por ejemplo, dice que está listo para combatir el narcotráfico. Pero está en el poder desde el 2013 hasta ahora, con excepción de seis años. Entonces no hay una explicación que justifique que no consiguió hacer lo que prometió. Por otro lado, hubo una encuesta que muestra que la voz de Lula está comenzando a irritar a la gente. El 60% de la población no aguanta más escucharlo a Lula hablando siempre de lo mismo. Mi sensación es que Lula se quedó en el modo analógico y el resto de la sociedad está en modo digital. Uno habla una cosa y los otros, otra cosa. Me da la sensación de que es por ahí.

-¿Por qué Lula no supo o no quiso formar un sucesor?

-Eso es típico de los políticos izquierdistas. Si uno piensa en la gran mayoría de los líderes de izquierda, la sucesión fue casi por obligación y hacia gente que le es subordinada. Fidel Castro a su hermano, Raúl Castro. Y para no perder fueron pasando a otros. Chávez no, sólo porque se moría, y ahí lo pone a Maduro. Maduro tampoco dejó a nadie. Tampoco Cristina (Fernández), por ejemplo, o el propio Perón. Siempre dependían de la esposa o el hijo. Cristina amenazaba con que su sucesor sería Máximo Kirchner. Lula lo que hizo durante los 40 años que tiene el Partido de los Trabalhadores es no preocuparse por dejar un sucesor. Precisamente para que nadie pueda ser mejor que él en la parte de la promesa, del compromiso con el trabajador. Es un invento de él porque no los cuida, al contrario. No lo hizo a propósito. Y cuando Lula no esté más, y probablemente después de la próxima elección no va a estar más como dirigente porque ya tiene 80 años, se van a agarrar de los pelos todos los que puedan aparecer como sucesores. Pero es difícil porque ninguno de ellos consiguió ser elegido para el próximo Congreso. No tienen ninguna articulación formal del elector que diga este fulano es el que puede continuar el trabajo de Lula. Porque no lo hay. La gran mayoría de los candidatos de los estados provinciales más importantes no entraron en el Senado.

ENDEUDADOS

-¿En cuánto influyó el nivel de endeudamiento de la población?

-Eso interfiere en el voto pero vuelve a ser la misma narrativa. Lula inventó un programa que se llama Desenrola, que significa desatá el nudo de la deuda. Hizo el número 1. Yo me acuerdo que en la televisión brasileña dije que no era bueno porque la gente endeudada iba a saber que si se volvía a endeudar iba a aparecer el Gobierno con un Desatá el nudo 2. Y fue lo que ocurrió. Cada vez había más gente. Empezaron a decir: voy a endeudarme porque después viene el Gobierno y me propone otro programa de alivio. A siete días de la elección Lula propuso el Desenrola 3. El jueves anterior a la elección en un podcast se mandó una que, en mi opinión, le sacó un montón de votos: dijo que con el presidente del Banco Central estaban evaluando limitar por persona o por familia una tarjeta de crédito solamente. Y muy probablemente dependerá del límite de crédito que le otorgue el banco. Si es gente humilde, no accede. Entonces, la gente se preguntó: ¿Este me va a decir a mí cuánto puedo gastar y cómo? Mmmm. Pero es típico de un proyecto socialista que limita lo que se puede hacer. Eso asustó un poco a gran parte del electorado. Otro dato clave: Lula perdió votos con los beneficiarios de la ayuda social. Eso llamó mucho la atención.

-¿Pudo haber impactado el aumento de los alimentos? ¿Repercutió en el nivel de inflación?

-La inflación real, que no es la oficial, está mucho más alta. La oficial está en menos de 5 puntos anuales, pero cuando vas al supermercado la plata no alcanza. Y la gente de menor renta empezó a elegir qué iba a consumir y qué debía dejar de consumir cuando llegaba a la caja del supermercado. Eso no fue bueno. El tema de la inflación sin ninguna duda también afectó. Cada uno tiene su motivo, pero si se suma todo, sin ninguna duda la inflación real de alimentos puntuales como el café, la carne, los huevos, está muy por encima de la inflación oficial.

-¿Por qué las zonas rurales apoyan a Bolsonaro?

-Porque el agro es bolsonarista. Lula trató al agro de fascista. Y siempre lo atacó. Entonces el Mato Grosso, Mato Grosso del Sur, zona oeste de San Pablo, Paraná, Santa Catarina, es todo bolsonarista. El agro fue muy maltratado por Lula e ideológicamente tiene la simpatía con aquel que trabaja desde temprano, que aporta al país, que genera recursos exportando. Esa política de derecha liberal es mucho más amigable a la zona rural que Lula.

-¿El nivel de inseguridad y la demanda de castigo al delito también jugaron en las elecciones?

-Este tema es interesante. Lula, la izquierda, el Partido de los Trabajadores, el Partido de los Trabajadores Socialistas siempre fueron en contra del aumento de penas para violadores, de la castración química. Siempre pensaron que robar un celular para tomar una cerveza no era un delito grave, que la policía no tenía que meterse en las favelas. Lula dijo que si bien el Primer Comando de la Capital, el Comando Vermelho, son terroristas en las comunidades donde actúan, no son los terroristas de Trump. La inseguridad es hoy el principal problema de los brasileros y la izquierda nunca estuvo a favor de combatir el crimen. Al contrario, son garantistas. Defienden a los bandidos y no a los policías. La gente empezó a cansarse porque no se puede salir a la calle.

-¿Se debatirá la propuesta de 5x2 en cuanto a días laborables de cara al balotaje? ¿Esto puede sumarle algo al PT?

-El Senado debe colocar en el programa de votación el fin de la escala 6x1 -seis días de trabajo por uno de descanso-, que sería la implementación del 5x2. Es una medida populista que va a generar un problema gigantesco porque la productividad de Brasil es mala. Un americano produce lo que cuatro brasileros. La carga tributaria es enorme, la burocracia es enorme. Entonces no hay eficiencia en la producción. Y si a un restaurante, una farmacia, el correo o un hospital se le saca trabajadores de un día, tendrán que aumentar el costo. No van a cerrar. Eso será transferido a la población. Se trata de un engañame que me gusta. Creo que no va a ser aprobado. Lo van a dejar para la próxima legislatura porque cambia totalmente la conformación en cuanto a representantes de la derecha y representantes de la izquierda. Estimo que no será aprobado. Y si fuera aprobada, el próximo Congreso la va a tirar al demonio.

-¿Cree que Lula puede revertir este resultado?

-Lo veo difícil porque el techo de Lula da 45% en todas las encuestas. Tanto en primer como en segundo turno. Y no había ningún candidato de la izquierda como opción a Lula que pudiera traccionarle votos en la segunda vuelta. El apostó a ganar en la primera. Los otros candidatos de la derecha, que juntos dan un 8 o 9%, tienen preferencialmente electores de derecha. Aunque los candidatos no apoyen a Flávio Bolsonaro, habrá dos que sí van a apoyar y dos que no manifestarán respaldo a ninguno de los dos candidatos y que dejarán a los electores libres. El elector es el que manda. Me parece difícil que Lula consiga revertir este resultado. Puede sacar un punto más. Sobre todo porque la abstención al voto en los lugares adonde Lula tiene preponderancia fue mucho menor que el promedio nacional. En el nordeste hubo una abstención del 17%, y la media nacional fue 21%. No creo que vaya a votar mucha más gente de la que no fue en primera vuelta. En muchos de los estados provinciales los gobernadores ganaron en primera vuelta, con lo cual el gobernador no le va a dar respaldo a Lula, y el elector va a tener que salir de la casa para ir a votar solamente al presidente. Ya eligió gobernador, diputados nacionales, diputados provinciales y senadores. Difícilmente la abstención sea menor que en la primera vuelta.

AMPLIA MAYORIA

-¿Cómo quedará conformado el Congreso?

-El Congreso, en mi opinión, es la mejor elección de todas. La Cámara de Senadores tiene 81 legisladores, de los cuales 49 son de derecha con vistas al próximo Congreso. Con 41, que es la mayoría simple, determina al presidente del Senado. En Brasil no es el vicepresidente de la república el presidente del Senado. Y esto permite que el presidente declare las pautas que son de interés para el Gobierno. Con 54, es decir que necesita 5 más, tendría mayoría absoluta. Y con la mayoría absoluta de dos terceras partes puede cambiar la constitución, pide juicio político al presidente o a ministros de la Corte. Con lo cual, si gana Lula no va a poder gobernar. Pero si gana Flávio va a haber reformas estructurales de las más lindas que se puedan imaginar. En el caso de Diputados, son 513, y 283 son de la derecha. La mayoría simple es 257, con lo cual elige al presidente de la Cámara de Diputados, determina la pauta y con un poquito más puede cambiar la constitución. Necesita 307 para reformas constitucionales. Es decir que están a un paso de tener la reforma constitucional. Esto quiere decir que si gana Lula se la va a ver complicada, y si gana Flávio podrá hacer reformas estructurales violentas.

-En caso de imponerse Bolsonaro, ¿piensa que se alineará de inmediato con Estados Unidos? ¿Cómo manejará el importantísimo vínculo comercial con China?

-Yo estoy en el equipo de Flávio Bolsonaro. Tengo un programa en un canal que es suyo. Lo conozco personalmente y estoy en contacto con su gente. Diría que acá no va a haber uno o el otro. Va a ser un retorno a mejores relaciones con Estados Unidos porque Washington le impuso a Brasil impuestos del 37,5% sobre una serie de productos que ingresan al mercado norteamericano. Pero no se va a pelear con China. El mejor superávit comercial de Brasil lo tiene con China. No me parece que esté en la bipolaridad. Va a estar con los dos.

-¿Se reconstruirán los puentes con Argentina?

-Si gana Flávio, al día siguiente. Si gana Lula, la relación seguirá como está, a las patadas. Escuchaba en algunos lugares de la prensa argentina que a Milei no le convenía que gane Flávio porque perdería en ese caso el protagonismo con Trump. No tiene nada que ver. Trump va a estar con los dos. Territorialmente Brasil es gigante, pero el potencial de Argentina es muy grande también.

-¿Cómo jugaron las iglesias evangélicas en las elecciones?

-Las iglesias evangélicas tienden a votar a Flávio. Los católicos también. Lula es evangélico, católico, umbandista, espiritualista, ateo, agnóstico. Tiene para todos los gustos. Faltando poco para las elecciones va a las iglesias, hace lo que necesite. Pero la gente no le cree más porque hay muchos discursos del pasado en los cuales decían que estaban en contra de los valores cristianos y la familia, a favor del aborto. Todo eso a los cristianos, católicos y evangélicos, no les gusta nada. Las iglesias no tienen un peso determinante pero cuando se miran las encuestas y se ve la desagregación de los datos, evangélicos y católicos tienden a apoyar más a Flávio. Los agnósticos, a Lula.

-¿Hay algún punto fuerte en la propuesta de Bolsonaro que haya sacudido el escenario?

-La reducción de ministerios. Por lo menos diez. Brasil tiene hoy 38 y Lula propone crear uno más, es decir llegar a 39. Es un gastadero de plata enorme. Bolsonaro va a ir hacia el equilibrio fiscal. Brasil tiene déficit crónico en los últimos cuatro años. La deuda pública está en las nubes. Bolsonaro padre le entregó el gobierno a Lula con el 71,6% de deuda-PBI, y hoy está en 83%. El crecimiento es desmedido. Lo que Brasil paga por año en intereses de la deuda es absurdo. Es un trillón de reales. Serían como 200.000 millones de dólares. Es una situación donde una propuesta es Brasil se va a la recesión en dos años, y la otra es volver a confiar en que las cosas se van a equilibrar. Esto haría que baje la tasa de interés, que hoy está muy alta ya que se ubica en el 13,75% al año con una inflación del 5%.