Se juega como se vive
Barrida por la euforia mundialista, la agenda económica fue a parar debajo de la alfombra. ¿A quién le importa por estos días el índice de inflación, el crecimiento, el superávit comercial o el desempleo? Y, sin embargo, están ahí, latentes.
Mañana volverá la vida real, se terminará el hechizo de este ensueño futbolero. Esencia de nuestra cultura, espectáculo, show, pero sobre todo tradición, el fútbol funge como un bálsamo sobre la herida social. Dulce veneno, por un rato nos hace olvidar las urgencias de lo cotidiano.
No hay necesidad de forzar paralelismos, pero qué puede asemejarse más a esta sociedad empobrecida que llega con lo justo a fin de mes que la Selección nacional y su repetida dinámica de sacar un conejo de la galera cuando todo parece perdido.
Reversión de los Caballeros de la angustia, el conjunto albiceleste obra milagros. Si no se sufre, no sirve. Ese parece ser el lema acuñado en esta Copa del Mundo. Esfuerzo y sacrificio, talento puesto al servicio de la causa, es casi la síntesis perfecta de un país que lo tiene todo, menos el triunfo asegurado.
Como tantos argentinos que hacen la diaria, el equipo ha aprendido a rebelarse contra el infortunio. Toma el destino adverso y lo vuelve a moldear con sus manos de orfebre, como si fuera arcilla. No una vez o dos, sino todas las que sea necesario.
Crisis, hiperinflaciones, devaluaciones, caídas abruptas de la actividad, estallidos sociales, desempleo. Frente a todo esto la sociedad se subleva, las empresas invierten. En el legado de resistencia están el incorruptible deseo de triunfar de Messi, pero también el gen maradoniano del puño apretado y el brazo en alto. No vale rendirse.
AUTOPERCEPCION
En el espíritu de lucha anida también, de manera paradójica, cierto sino pesimista. Lo muestra el último informe de la consultora Zentrix que exhibe un dato revelador: la mitad del país se percibe de clase baja y casi 9 de cada 10 personas aseguran que su salario no le gana a la inflación.
El documento resalta que “el malestar económico ya no es sólo una percepción difusa, sino un dato estructural con anclaje directo en el bolsillo: el 50,2% de los argentinos se autopercibe de clase baja, el 86,1% asegura que su salario no le está ganando a la inflación, y el 61% llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes”. ¿Y contra eso qué? Corazón y pases cortos.
“La autopercepción de clase social confirma una sociedad que se ubica mayoritariamente en la base de la pirámide: el 50,2% se define como clase baja, contra apenas un 10,5% que se reconoce en la clase alta; el resto -cerca de cuatro de cada diez- se percibe de clase media”, subraya el paper.
El fuerte recorte del gasto público y la decisión de llevar a niveles mínimos la emisión monetaria ha dado sus frutos en términos de inflación. El Indec difundió durante la semana que el IPC de junio bajó al 1,9% mensual. Tuvieron que transcurrir 10 meses para retornar a ese guarismo luego del fogonazo estival.
Por encima del promedio se ubicaron los rubros Recreación y cultura (4,2%) como consecuencia del aumento en paquetes turísticos; seguido por Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (3,3%), donde entra a tallar el permanente incremento en la boleta de los servicios.
La inflación baja pero las tarifas suben -luz, gas, transporte-, y entonces la ciudadanía experimenta el dilema futbolero de la manta corta. Si paga acá, no cubre allá. Si defiende, no ataca; si cumple, no consume.
La pérdida del poder adquisitivo tiene una fecha concreta en el calendario, como si fuera un mojón en el tiempo o las líneas que tira el VAR desde su recóndita cabina. El 61% de los encuestados llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes, y entonces quedan en posición adelantada. Sólo el 13% alcanza el día 30 y logra ahorrar.
“Es en este punto donde la autopercepción de clase deja de ser una etiqueta y se convierte en el eje explicativo de todo el informe: entre los sectores de clase alta, apenas el 11,8% se queda sin ingresos antes del día 20; entre la clase media, esa cifra trepa al 43%; y entre la clase baja llega al 86,1%”, asegura Zentrix.
Por último, a nivel país el 68,8% considera que el índice de inflación del Indec no refleja la variación de precios que percibe en su vida diaria; entre los sectores de clase baja esa desconfianza es sensiblemente mayor, unos 15 puntos por encima del promedio nacional, rozando el 84%.
Una realidad es la que protagonizan quienes tienen trabajo registrado, con todos los beneficios de la ley, y otra los que viven en la marginalidad del empleo en negro. Los primeros le tiran una gambeta a la inflación, a los segundos los muelen a patadas.
Una muestra clara de esto es el último estudio de la consultora PwC Argentina, que muestra que las empresas proyectan aumentos salariales del 27% para este año, en línea con una inflación estimada del 28,44%, y comienzan a espaciar la frecuencia de los ajustes: el 60% ya los realiza de manera trimestral o cuatrimestral.
Además, el informe refleja una mayor planificación en las políticas de compensación, con un creciente foco en beneficios y propuestas de valor para los colaboradores, más allá del salario.
POCO EMPLEO
La actividad económica avanza a tientas, con la lentitud exasperante de los equipos que tocan la pelota en abanico, de un lateral al otro, pero ignoran la vertical. Lo peor quizás sea la falta de movimiento en bloque: crecen el sector agroexportador, los hidrocarburos de Vaca Muerta y la minería; se quedan rezagados los rubros vinculados a la producción industrial y el consumo interno. El equipo está partido.
Como aquellos técnicos de ojo experimentado, los analistas observan que la estabilización económica es un logro que lleva la firma del Gobierno, pero no será suficiente el año próximo para retener el Sillón de Rivadavia en las elecciones presidenciales. Urge crear empleo.
Lo primero es conocer el terreno de juego. ¿En qué cancha jugamos? Según una investigación del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, entre 2010 y 2025 la economía continuó expandiendo el empleo pero sin mejorar su productividad, protección e ingresos.
El marco temporal del informe da cuenta de que la culpa no es toda del actual entrenador. Otros, con distintas tácticas y estrategias, también se llevan su cuota de responsabilidad. Perdimos con los que practicaban fulbito para la tribuna pero tampoco ganamos con los que se aferran a la estricta doctrina de la Escuela Austríaca.
Como en una conferencia de prensa los investigadores Ramiro Robles, Alejo Giannecchini y Valentina Ledda responden algunas preguntas en su paper:
¿Por qué no ganamos?
Porque la productividad argentina ha experimentado un estancamiento y retroceso durante los últimos años. La pérdida de dinamismo productivo y las limitaciones tecnológicas dificultan la trayectoria del crecimiento y de la generación de puestos de calidad.
¿Está partido el equipo?
Se evidencia alternancia entre dos motores de crecimiento: las ramas intensivas en empleo, pero de baja productividad media y fuerte orientación al mercado interno, y ramas dinámicas de alta rentabilidad, asociadas a recursos naturales, finanzas o servicios empresariales, pero bajo impacto directo sobre la demanda de fuerza de trabajo.
Los sectores más dinámicos de la economía no tradujeron su crecimiento en puestos de trabajo suficientes para mejorar las oportunidades de acceso a empleos más productivos y bien remunerados. Como resultado, la principal transformación ocupacional de los últimos años fue la recomposición del empleo hacia los sectores de baja productividad sin alzas en el desempleo.
¿Adonde se van los jugadores que quedan libres?
Entre 2023 y 2025 los cambios en el mercado de trabajo fueron acotados, pero entre quienes estaban desocupados creció el pasaje hacia el autoempleo informal. Al mismo tiempo, disminuyeron las chances de acceder desde la desocupación a puestos asalariados formales o públicos. También aumentaron los movimientos desde empleos más protegidos, como el empleo formal privado o el público, hacia actividades informales por cuenta propia.
Es claro, los dirigentes han decidido alterar el rumbo. Entre el 2010 y el 2015 los motores del crecimiento fueron el Transporte (11,9%), el Comercio (20%) y la Industria manufacturera (25,4%). En la gestión libertaria, en cambio, prevalecen la Minería (24,6%), las Finanzas (35,1%) y las Actividades Primarias (39,6%).
Así que ahí andamos, disputando un campeonato del mundo donde nadie regala nada, con un equipo repleto de recursos pero que, inexplicablemente, sufre más de la cuenta. Quizás algún día ganemos tranquilos y con baile.
Veremos.
