Siete días de política

Scioli tomó la iniciativa ante la parálisis política general

El gobernador reagrupó al peronismo bonaerense y restableció el diálogo con el campo, mientras la Casa Rosada sigue sin admitir la derrota, Moyano no suelta la CGT y la oposición no hace olas.

Hace una semana en este espacio se señaló que el gobierno y la oposición bailaban una suerte de ballet cauteloso. El primero no rectificaba ninguna de sus políticas y la segunda se limitaba a los reclamos verbales, por temor a que los Kirchner pegaran el `portazo' alegando que se les impide gobernar.

Entretanto, los empresarios se impacientaban porque la desconfianza y la indefinición política han `frizado' la actividad económica y los sindicalistas se enfrentaban por el reparto de fondos, algo que suele generar ruido en los medios, pero que sólo les concierne a ellos y a sus intereses corporativos.

El sindicalismo peronista nació subordinado al Estado y no puede cambiar ese destino. La rebelión contra Hugo Moyano que mantuvo entretenida a la prensa tenía como primer objetivo reducir el casi monopolio de los subsidios del que goza el camionero, aun cuando tampoco puede ignorarse el aspecto político de la puja.

Moyanistas, `gordos' e independientes se pelean mirando al 2011. Se quejan porque el radicalismo ya tiene candidato -Julio Cobos- mientras el PJ es un revoltijo. Pero esa misma falta de líder los hizo `reflexionar' y apenas recibieron la indicación del kirchnerismo de que serían tenidos en cuenta a la hora del reparto, dejaron la ofensiva contra Moyano para mejor oportunidad. Cuando aparezca un peronista presidenciable, la pelea se reanudará . El gobierno, por su parte, respiró aliviado porque si con dos centrales obreras no faltan los conflictos, con tres o cuatro el caos hubiese estado a la vuelta de la esquina.

En realidad, el Poder Ejecutivo pudo frenar la rebelión sindical, porque el panorama del peronismo no está claro. De allí la importancia de la jugada de Scioli. Ante la indefinición en el terreno político, el gobernador dio el primer paso para poner de pie al PJ bonaerense, restablecer el vínculo con los intendentes y recomponer la relación con los dirigentes del agro. En la tarea lo acompañó el presidente provisonal del Senado, José Pampuro, uno de los más experimentados armadores del oficialismo y uno de los `president makers' de Néstor Kirchner cuando lo apoyó ante Eduardo Duhalde  como principal candidato del PJ en las elecciones de 2003.

Scioli pudo dar ese paso por varias razones, entre ellas, el `default' de los ganadores del 28 de junio. Carlos Reutemann desapareció una vez más de la escena y ni Mauricio Macri, ni Francisco De Narváez, ni mucho menos los radicales quieren presionar a la presidenta. Nadie en la oposición quiere que lo acusen de `desestabilizador'. Tampoco quieren construir un puente de plata para que los Kirchner dejen en manos de Cobos la presidencia y la desgastante tarea de hacer el ajuste económico ya inevitable.


El gobernador bonaerense, por su parte, comprendió que la hora del alineamiento sin fisuras detrás de la Casa Rosada ya pasó y quiere ser parte del grupo que defina al candidato peronista dentro de dos años, a lo que hay que añadir que si consigue capear la tormenta y la economía se restablece, ocupar la mejor posición de partida para esa carrera. Los Kirchner, a su vez, tienen en Scioli -les guste más o les guste menos- el reaseguro de una transición ordenada. La única duda reside en hasta qué punto les interesa una retirada en orden o si están jugando con la idea de declararse víctimas de una confabulación destituyente y retirarse a Sierra Maestra acompañados por los piqueteros Pérsico y D'Elía.

Para el resto del peronismo, en tanto, la cuestión es clara: hay que reorganizar el partido lo antes posible no en contra de Néstor, pero seguramente sin Néstor, blanco hoy de un fuerte rechazo social. Los verdaderos límites de la autonomía y de la capacidad de maniobra de Daniel Scioli deben ser ubicados en ese marco.

En contraste con la actividad del gobernador, los otros actores políticos parecen congelados. El gobierno, firme en sus trece, no cambia nada en el Indec que seguir dominado por Guillermo Moreno. Los empresarios hacen críticas fuertes -con el campo a la cabeza- pero no llegarán lejos si la política no se reacomoda, mientras radicales y macristas esperan que el PJ defina con quién tendrán que competir. En suma, todos pendientes de la interna peronista. Como siempre.