Buena Data en La Prensa

Santos argentinos

Cada uno de nosotros es único e irrepetible. Llevamos una historia a cuestas, transitamos la realidad de nuestro tiempo, nos formamos en el seno de una sociedad, de una familia, pasamos por experiencias únicas, nos asaltan dudas, inquietudes, vivimos penas y alegrías. Somos diferentes; sin embargo, todos estamos llamados a ser santos.

Aunque muchísimos no han llegado a los altares, ellos sí. Y aunque su localización geográfica no sea lo más importante, los cinco tienen algo en común: son considerados santos argentinos.

A pocos días de la llegada de S.S. León XIV a nuestro país, es ocasión para recordar a aquellos elegidos que honraron nuestro suelo.

 

FIDELIDAD Y FORTALEZA

San Héctor, Héctor Antonio Valdivielso Sáez, nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1910. Fue bautizado en la antigua Iglesia de San Nicolás de Bari, en la cual hoy se conserva una reliquia.

Al cumplir doce años, ingresó a la vida religiosa en las Escuelas Cristianas de La Salle, en Burgos, España. Tomó el nombre de Benito de Jesús. Inició su apostolado educativo en la Escuela de Astorga. Promovió las buenas lecturas. Sus alumnos fueron el centro de sus esfuerzos. Continuó su apostolado en Turón, Asturias. En 1933 la situación política empeoró ante el crecimiento de los izquierdistas y anarquistas. A los religiosos se les prohibió usar el hábito.

Fue fusilado con otros Hermanos Lasallanos el 9 de octubre de 1934 por su condición de religiosos y educadores católicos. Coincidentemente, ese día comenzaba en Buenos Aires el Congreso Eucarístico Internacional.

S. S. Juan Pablo II, lo canonizó el 21 de noviembre de 1999. Es el primer santo argentino. Se lo recuerda el 9 de octubre, aniversario de su martirio por odium fidei, odio a la fe.

 

ENTREGA Y MISIÓN

San José Gabriel del Rosario Brochero nació en 1840, en Villa Santa Rosa, Córdoba. Es el primer santo puramente autóctono. Nació, vivió, evangelizó y murió en su provincia natal, donde se entregó incondicionalmente a los pobres, enfermos y necesitados. Con sus propias manos levantó escuelas y capillas. Abrió caminos físicos entre las montañas y caminos espirituales, acercando a los pobladores a Jesús. Entre mateada y mateada se fue ganando el apelativo de Cura gaucho. Las sierras cordobesas lo vieron como párroco durante muchos años. “La gracia de Dios es como la lluvia, que a todos moja”, decía, y haciendo honor a sus palabras convivió y asistió a los enfermos de lepra, enfermedad en esa época, incurable y sumamente excluyente. Ciego y sordo, contagiado de esta enfermedad y ya anciano, volvió a la Casa del Padre fiel a su lenguaje campechano: “Ahora tengo ya los aparejos listos pa'l viaje”. Murió a los 73 años, en 1914.

Fue canonizado por el papa Francisco el 16 de octubre de 2016. Se lo recuerda el 16 de marzo, aniversario de su nacimiento.

 

CARIDAD Y AUDACIA

Santa Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús March Mesa fue canonizada el 14 de octubre de 2018 por el papa Francisco. Si bien nació en España, vivió en México y en Bolivia, pero su vida también se asocia fuertemente con nuestro país. Gran parte de su labor pastoral se desarrolló en el barrio porteño de Villa Pueyrredón y parte de los milagros que la condujeron a la canonización ocurrieron en hospitales de Buenos Aires.

La labor de la Madre Nazaria Ignacia no quedaba en meras palabras, era una mujer de acción. Según las Constituciones redactadas por ella, el Instituto de las Misioneras de la Cruzada Pontificia, -que fundó- “tiende a realizar la acción social de la mujer, con la mayor perfección posible, y tiene por fin especial la difusión del catecismo entre niños y adultos y quiere como distintivo característico suyo, ser reconocido por su particular unión con el Santo Padre”. Así se dedicó fervientemente a la promoción social y dignidad de la mujer trabajadora. Promovió una iglesia en salida hacia los más necesitados, fundamentalmente de barrios obreros, décadas antes de que sea planteado por el Concilio Vaticano II. El 6 de julio se la recuerda porque ese día de 1943 falleció en Buenos Aires.

 

HUMILDAD Y ALEGRÍA

San Artémides Joaquín Desiderio María Zatti, conocido como ‘el enfermero de la Patagonia’, fue canonizado el 9 de octubre de 2022 por el papa Francisco. Aunque nació en Italia, emigró de joven a la Argentina, donde vivió y se consagró al cuidado de los enfermos en el Hospital San José de Viedma. No importaba la distancia, el frío, el viento y el rigor del clima y del medio natural patagónico, ‘el enfermero de los pobres’ estaba siempre dispuesto, sin quejas, ni descanso. Vivió el servicio sanitario como una expresión directa de su fe.

Se lo recuerda el 15 de marzo, aniversario de su fallecimiento.

 

PERSEVERANCIA

María Antonia de Paz y Figueroa nació en 1730, en el seno de una familia acomodada, de Santiago del Estero. Fue una difusora infatigable de la espiritualidad ignaciana ante la adversidad. Sus caminatas evangelizadoras la llevaron a recorrer a pie miles de kilómetros.

‘Mama Antula’, Santa María Antonia de San José, fue canonizada el 11 de febrero de 2024 por el papa Francisco. La primera mujer reconocida como mujer santa nacida en la Argentina.

Murió en Buenos Aires en 1799, el 7 de marzo. Cada año, en esa fecha se la recuerda.

Cada uno con lo propio lograron vivir la santidad a su modo. Los cinco llegaron finalmente a convertirse en la mejor versión de sí mismos y nos invitan a que nosotros también hagamos nuestra parte.

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