POR BERNARDINO MONTEJANO
San Efrén, el sirio nos sirve para recordarnos la riqueza de nuestra Iglesia, que en sus siglos de historia mostró su sabiduría para encarar circunstancias muy diversas de las actuales.
Este teólogo poeta pertenece al siglo IV, pues nace alrededor del año 306 y recibió el bautismo en plena juventud. Fue diácono y en el año 1920 fue declarado Doctor de la Iglesia por el papa Benedicto XV. No consta que fuera sacerdote. Murió víctima de la peste en el año 373.
En Nísibis comenzó a brillar por su doctrina y, cuando la ciudad fue asediada por los persas, abandonó la cátedra para convertirse en héroe de la resistencia.
Como escribe Ignacio Ortiz de Urbina, “en el triple asedio que padeció la ciudad, dio muestra de valentía, como se trasluce de cuando canta en sus Himnos Nisibenos y en los que compuso contra Juliano el Apóstata, presente en la guerra” (Gran Enciclopedia Rialp, Madrid, 1981, T. VIII, p.359).
El mismo autor señala que “en el campo ascético Efrén pondera mucho el valor de la fe que nos une a Dios y va junta al amor y a la oración… Con la fe, el amor y la oración alcanzamos a Dios. Cristo con su Nacimiento nos ha abierto el camino de la oración. Ella nos despoja del egoísmo y nos procura el amor al prójimo. El ayuno da realce al alma y al cuerpo. También la virginidad es ayuno de lo natural y recibe una recompensa especial. Es muy conveniente la penitencia; para obtenerla ayuda el pensamiento de la muerte y del juicio” (p. 360).
Cuando en el año 363 Joviniano derrotado tuvo que ceder la ciudad a los persas, Efrén como muchos otros cristianos, huyó a la cercana Edesa, en la que fundó su Escuela.
El teólogo poeta piensa cantando y según escribe “el mundo, junto con la Escritura, son la Biblia de Dios”.
Son notables sus obras exegéticas como el Comentario al Génesis y al Éxodo y su lucha contra los herejes a quienes dedica un par de escritos donde combate a los maniqueos, los bardesanitas, muy numerosos en Edesa, los marcionitas, los arrianos y los sabelianos.
Los bardesanitas eran un grupo fundado por Bardesanes quien mezcló su pseudo-astronomía babilónica con el dogma cristiano y así originó una secta cristiana, que fue combatida vigorosamente por San Efrén.
El teólogo poeta también se destaca en la mariología y por ello ha merecido el título de Doctor Marianus.
Es posible que haya hecho vida de ermitaño, pero debió “alternar su vida monástica con su actividad en Edesa, que fue sobre todo en favor de liturgia y del canto de himnos sagrados”.
¿Qué nos diría hoy, san Efrén? ¿Cuál sería su reacción contra las herejías de nuestro tiempo que muchas veces son viejos errores con nuevos atavíos lingüísticos? Como escribía hace un tiempo un teólogo francés al señalar el punto omega de Teilhard de Chardin como “el viejo logos de los estoicos vestido de cosmonauta”.
¿Qué diría del “hacer lío” promovido desde Roma por primera vez en la historia del papado? ¿Qué diría de las ambigüedades y de la confusión provocada en los fieles? ¿Qué diría de la degradación de la liturgia? ¿Qué diría del reemplazo del sexo por el género? ¿Qué diría de la legitimación y bendición de parejas homosexuales o lesbianas?
