Toca el viernes en el teatro Devoto los temas de ‘Hay que seguir’

Salinas, la guitarra y el álbum más importante de su vida

Recién llegado de Francia, celebra la posibilidad de reencontrarse con el público local. La emoción de haber grabado junto a sus hijos, y el aprendizaje constante como motor de su carrera.


“Vengo de estar tocando en Francia, algo hermoso, pero actuar en la Argentina siempre se siente distinto”, confiesa el guitarrista Luis Salinas en vísperas de su presentación del viernes a las 21 en el teatro Devoto (Av. Lincoln 3815, localidades por Ticketek). “Y más me gusta hacerlo con hermanos, con gente querida que son familia”, agrega en alusión a los músicos Javier Lozano, Juancho Farías Gónez y Alejandro Tula, que lo estarán acompañando.

Será su primera vez en la remozada sala de la periferia porteña y para este debut suyo sobre esas tablas promete música de muy alto vuelo: algunos de los temas de su último trabajo discográfico, ‘Hay que seguir’, compuesto de cinco discos, “y todas esas cosas que a la gente y a mí nos gustan tanto, para celebrar un poco este reencuentro con el país y con el público”.

En Francia, Salinas le puso el broche de oro a un festival del estilo manouche, inspirado en la figura del legendario Django Reinhardt. “Lo maravilloso de esta experiencia es que allá hay toda una escuela de ese estilo, y hay pibes de quince o dieciséis años que ya a esa edad se tocan todo. Fue hermoso actuar para ellos pero, más aún, compartir momentos antes y después del concierto, escucharlos tocar y hacerlo juntos. Es una responsabilidad enorme que a uno lo convoquen a un lugar donde hay gente tan entendida”, admite. “La verdad que fue una fiesta”.

NUEVO ALBUM

Nueve años estuvo Salinas alejado de los estudios de grabación, salvo por alguna colaboración esporádica con colegas de la música. El por qué de esa ausencia se explica por “cuestiones de guita”, tal como resume taxativo. “Meterse a grabar representa un gasto grande: en alquilar el estudio, en viajes, en esto y aquello. Además, me tuve que dedicar a trabajar. Fue así que pasó demasiado tiempo sin tener un disco nuevo”.

-¿Qué cambió ahora que lo hizo posible?

-Un día fui a actuar a San Juan y vinieron a hacerme una nota de un medio de San Luis. El cronista me preguntó cuándo iría a tocar a su provincia y salió hablando de que ellos tienen allá la Casa de la Música, un estudio impresionante, realmente increíble, donde ha grabado todo el mundo. En broma le dije: “Por qué no les preguntas si me dejan grabar con ellos”. No pasaron ni diez minutos y me llama diciéndome que en la Casa de la Música estarían encantados de recibirme. Así empezó todo. Fui a San Luis, toqué, hicimos una clínica y grabé los primeros cuatro temas. El resto lo seguimos en Buenos Aires, en los Estudios ION. Uno de los últimos temas que grabamos fue ‘Hay que seguir’, que terminó siendo el título del álbum.

-Ese registro tiene una historia detrás.

-‘Hay que seguir’ se lo dediqué a Silvita, la mamá de mi hijo Juan. Si lo escuchás bien, es uno de los temas más largos del disco porque en todo momento sentimos que ella estaba en el estudio con nosotros y no la queríamos dejar ir. Así de fuerte fue la cosa.

-Estos cinco discos y más de cuarenta temas resumen un poco todo lo que ha sido su impresionante carrera.

-Es cierto. Empiezo con un solo de guitarra y tocando jazz, evocando la suerte que tuve de ser telonero de Joe Pass en Oliverio. Luego de ese homenaje me voy a unos temas míos que grabaron Tomatito y otros grandes. Y ya después, temas completos o fragmentos de composiciones que a mí me encantan, ‘La tempranera’, ‘Fuimos’, ‘Grisel’. Folklore y tango me acompañan siempre, y el latin jazz, claro. El álbum termina con la bendición de que mi hija Rita haya querido cantar en cuatro temas, y de que Juan y yo estuviéramos ahí acompañándola.

-Me imagino la emoción que habrá sentido.

-Te lo digo sin vueltas: es el disco más importante de mi vida, justamente porque están ellos. Yo podría decir “salió lindo porque es el resultado de haber pasado nueve años sin grabar”. Pero no es sólo eso: es esa sequía que me hizo madurar, es el presente, pero también es lo que viene, que son mis hijos. Sin duda, es el disco que más amo.

Padre comprensivo, el músico avisa que Rita, de 15 años, y Juan, de 26, no estarán mañana en el teatro Devoto porque “cada uno está haciendo sus cosas. El está iniciando su propia carrera y tiene un toque en Uruguay. Y Rita...bueno, ella decide. No sea cosa que me pase como en Café Berlín, que la invité a subir al escenario y se enojó mucho conmigo”, cuenta y se ríe. “La entiendo, fue mucha la presión, por eso ahora la cuido”.

Rita canta desde siempre, según Salinas. “Un día íbamos por la calle caminando y ella tarareaba una canción, muy linda. Le dije: “Vos tenés que cantar”, y la niña, muy decidida, me respondió que lo iba a hacer cuando realmente lo sintiera. Ahora estábamos grabando este disco y antes del final, una noche me dice: “Puedo ir mañana a grabar con vos”. ¡Imaginate! A las doce de la noche me puse a sacar los temas que había elegido. Uno era ‘Alfonsina y el mar’, que empieza con una nota difícil, muy arriba. A la primera toma que hicimos no salió, pero ya en la segunda quedó bárbaro; Juan y su hermana cantando juntos, una cosa maravillosa para mí”.

-Con tantos años de recorrido artístico y habiendo alcanzado el sitial que hoy ocupa en el mundo de la música, ¿dónde encuentra la motivación para seguir creando y tocando?

-Sólo el aprendizaje constante puede aminorar la carga del paso de los años. Nunca se deja de aprender. Y la música es tan inmensa que todo el tiempo hay algo nuevo para ver. Hay que estar muy arriba del instrumento para poder manejarlo y que no sea el instrumento el que te maneje a vos. Una vez le escuché decir a alguien “llegó la música, llegué yo”, y es tan pavo pensar eso. La música es tan grande que es como querer atrapar el agua del mar con la mano. El silencio es música, la música nos rodea, nos habita, tiene una carga que yo la entiendo como una energía espiritual, más allá de las notas. Las notas las aprende y las toca cualquiera, pero cuando la música tiene esa carga ya es algo superior.

-¿Cuándo llega la inspiración?

-No conozco a nadie que pueda decir ‘mañana a las cinco de la tarde voy a estar inspirado’. Si Dios te ha dado un don, lo importante es desarrollarlo. ¿Para qué? Para esos momentos en los que la inspiración no aparece. En ese instante de zozobra uno posee una técnica, un trabajo previo que lo sostiene. Imaginate que no le puedo decir a la gente “hoy no estoy inspirado, no sé si podré tocar bien”. No. Si todo el mundo trabaja ocho horas diarias, por qué yo no, si encima es lo que amo. En mi casa las guitarras viven fuera del estuche.

-Cualquier momento es bueno para tocarlas...

-Me gusta mucho hacerlo de noche, en el silencio. Me cruzo con otras cosas que no aparecen en el día. Muchos de los temas que tengo los compuse de noche. O más bien, me salieron de noche. Cada vez me gusta menos decir que los compuse. Los fui encontrando.