SE CUMPLIERON CIEN AÑOS DE LA MUERTE DE ROBERT HUGH BENSON, UN ADMIRABLE NOVELISTA

Sacerdote, escritor y profeta

Fue un prolífico autor, excelente poeta y predicador dotado. El ensayista inglés Joseph Pearce cree que el olvido de su obra es injusto y priva a las nuevas generaciones de una poderosa voz.

A comienzos del siglo pasado, en un mundo dominado por el escepticismo y la religión del progreso, hubo en Inglaterra un renacimiento literario de inspiración católica. Ese renacimiento abarcó a un puñado de notables intelectuales, entre ellos Hillaire Belloc, Gilbert K. Chesterton, Evelyn Waugh o Ronald Knox, cuyos escritos fueron -y aún lo son- un poderoso imán para descubrir la belleza y el sentido de la fe y de la Verdad. A ese grupo de intelectuales perteneció Robert Hugh Benson.

Ellos formaron una red de mentes iluminadas por la gracia, y unos contribuyeron a la conversión de los otros, según el ensayista británico Joseph Pearce, biógrafo de muchos de ellos. En su libro Escritores conversos (Harper Collins, 1999), Pearce se ocupó de ese resurgimiento cultural iniciado por la conversión de John Henry Newman.

En una entrevista con La Prensa, Pearce, quien se desempeña como escritor residente y profesor de literatura en el Thomas Moore College of Liberal Arts en Merrimarck, New Hampshire, Estados Unidos, afirma que "la conversión de Benson probablemente haya sido la más controvertida de todas, con excepción de la del propio Newman".

Benson era hijo del primado protestante de Inglaterra y líder de la comunión anglicana en todo el mundo, Edgard White Benson. El mismo era también un clérigo anglicano. "Su conversión, ocurrida en 1903, fue por eso vista como un ominoso auge del catolicismo y caída del anglicanismo", asegura Pearce.

Nacido el 18 de noviembre de 1871, Benson pertenecía a una familia de literatos. Su padre y sus dos hermanos eran prolíficos autores y él mismo desarrolló una carrera literaria que lo llevó a escribir en apenas 11 años 19 novelas y al menos seis libros teológicos, antes de que una neumonía truncara su vida el 19 de octubre de 1914, a los 43 años.

DUDAS RECURRENTES

Benson había recibido las órdenes anglicanas a la edad de 23 años. Pero apenas tres años después empezó a experimentar dudas acerca de la doctrina y la naturaleza de la Iglesia anglicana. Esas dudas, al fin, lo conducirían a interesarse cada vez más por el catolicismo hasta su conversión.

Durante el período de sus cavilaciones escribió su primera novela, La luz invisible, la única de su época como anglicano, que significativamente gira en torno a un sacerdote católico.

En los dos años que siguieron a su conversión, según refiere Pearce en su libro, Benson publicó dos nuevas novelas históricas: ¿Con qué autoridad? en 1904 -año en que se ordenó sacerdote católico- y El logro del rey en 1905.

Un año después publicó Richard Raynald: Solitary, un relato que trata sobre la vida de un ermitaño del siglo XV y que, según el autor de Escritores conversos, contiene "ecos de la profunda teología que él mismo predicaba, junto con vestigios de la lucha interior librada antes de su conversión".

En 1906 llegaría Los sentimentales. Después de ella Benson escribió todavía otras dos novelas históricas, Come Rack! Come Rope! y Oddsfish, pero las siguientes abordarían temas contemporáneos, o bien apocalípticos, como Señor del mundo.

La escritura no era lo único que lo ocupaba. Desde su ordenación en 1904 se había trasladado a Cambridge, donde se desempeñaba como coadjutor y donde, según él mismo contó, se vio impulsado a alzar la voz frente a una atmósfera que describía como materialista, irreligiosa y espiritista. Este culto espiritista le daría el argumento de otra de sus novelas, Los nigromantes.

El autor de Escritores conversos indica que Benson se caracterizaba por su tono triunfalista, su enérgico proselitismo y su celo inflexible, expresado a menudo de un modo impetuoso. Esto le acarreó a veces numerosas críticas.

Pero, aunque despertara irritación en algunos, el profesor aclara en su libro que otros lo admiraban por igual. En ese sentido, asegura que sus obras eran un éxito de ventas y sus sermones siempre encontraban los recintos llenos. Incluso cita en este punto a Brian Master, autor de un estudio biográfico sobre los tres hermanos Benson, quien lo describió como "un predicador con fuego en la voz".

GRAN NOVELISTA

En su diálogo con La Prensa, Pearce afirma que Benson "merece ser recordado antes que nada como uno de los novelistas de mayor calidad del siglo XX", aunque aclara que "su importancia como apologista y profeta no debe ser subestimada".

"Fue un novelista enormemente popular, un excelente poeta, un predicador altamente dotado y un mentor espiritual", asegura.

"Varias de sus novelas -arguye- han pasado el examen del tiempo y merecen ser vistas como clásicos de la ficción cristiana, especialmente sus novelas históricas Come Rack! Come Rope! y Richard Reynal, Solitary, y su apocalíptica novela distópica Señor del mundo.

Esta última, afirma, se ha revelado más acertada en su oscura profecía del nacimiento de un secularismo demoníaco, que posteriores trabajos de género similar, como las novelas Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y 1984, de George Orwell.

Señor del mundo es una sobrecogedora visión del fin del mundo con una Iglesia "derrotada" que sigue siendo profética.

El padre Leonardo Castellani, entusiasta de esa obra, menciona que Benson exploró la otra posibilidad en su libro Alba triunfante: la posibilidad de un gran triunfo de la Iglesia. Pero consigna que no tiene ni la fuerza, ni la grandeza ni la convicción de su gemela-antípoda.

El sacerdote y escritor argentino le reconoce haber escrito "dos o tres obras maestras", entre las que cita a Un solo Dios y destaca sus varios libros teológicos, como Las paradojas del cristianismo, obra que Chesterton amaba, según apunta; El amor a Jesús, Santo Tomás de Canterbury, La religión del hombre medio, Denominaciones no-católicas y La amistad de Cristo.

Castellani cree que Benson resplandeció "de todas las virtudes, y de un estudio y un trabajo incansables". Y deduce por las críticas que en general dedicó a la Iglesia establecida y al Imperio Británico que "era natural que Benson fuera perseguido en Inglaterra, aunque honrado en Roma con el título de monseñor".

Pearce resalta sus Confesiones de un converso como "un poderoso relato autobiográfico de la travesía de un alma hacia el bien, la verdad y la belleza de Cristo y Su Iglesia, en el espíritu de las Confesiones de San Agustín, igualado en percepción y potencia solo por la obra maestra de Newman Apologia pro vita sua". Lo describe como "un clásico de la literatura de las conversiones, y una inspiración aún hoy para cualquiera que se halle en el mismo recorrido".

El profesor lamenta que "en este siglo que transcurrió desde su muerte, Benson haya sido largamente olvidado". Y añade que "el olvido de su legado es injusto y ha privado a la posteridad de su poderosa y significativa voz".