¿Rosario puede anticipar lo que viene en la provincia de Buenos Aires? La pregunta dejó de ser una especulación y empezó a colarse en la agenda política después de las protestas de efectivos de la policía de Santa Fe por los bajos salarios.
Lo concreto es que la cuestión asoma como una problemática repetitiva que da lugar a la búsqueda de alternativas, muchas veces en los bordes de la ley, para lograr subsistir.
Adelantamos que se estaba dando un fenómeno a cuenta gotas en la provincia de Buenos Aires y es la migración de efectivos que se van de la bonaerense para prestar servicios en la policía de la Ciudad. La razón es muy simple: los sueldos. Los antecedentes de revueltas anteriores y el factor de las internas políticas como sombras.
“Aún lejos de las especulaciones que ya existen, el día a día consume la agenda. La tarea de gobernar en tiempos de vacas flacas ya se hace sentir. La caída de la recaudación municipal es una realidad unánime. Y, aunque se intente evitar su masiva difusión, la inseguridad vuelve a ser el principal tema de preocupación. No es necesario un violento delito seguido de asesinato para saber que el clima social se ha enrarecido. Es ahí donde se nota la diferencia entre una comuna con más o menos gestión, pero hay cuestiones inherentes a todos. Y una problemática de la que poco se habla: la migración de efectivos de la policía bonaerense que pasan a la policía de la Ciudad. Es un tema netamente de salarios. ‘Con 20 efectivos menos, en un municipio significan 10 patrulleros que no pueden circular’, explica un experimentado secretario de seguridad”, publicamos la semana pasada. La tensión en Santa Fe, a pesar de sus propias características, enciende las alarmas.
EL TERMOMETRO DEL BARON
Nadie mejor que los barones para tomar la temperatura al clima social. Como también nadie mejor que ellos para acelerar o frenar cualquier intento de revuelta. Y si se trata de la policía mucho más.
En la provincia de Buenos Aires todavía están latentes los episodios de aquel septiembre de 2020 cuando hubo un amago de rebelión y terminó con Alberto Fernández quitándole fondos a la Ciudad para trasladarlos a la provincia de Buenos Aires. El contexto era distinto pero la queja similar: los bajos ingresos.
Nunca los salarios de los policías estuvieron en niveles altos, pero aquella vez se habían sumado varios factores que encendieron la chispa.
En plena pandemia, los efectivos se habían quedado sin todas sus “extras” o adicionales. No había operativos por el fútbol, las actividades eran mínimas y las condiciones de trabajo extenuantes por los contagios del covid.
Alguien notó ese malestar e incentivó una movida que tuvo dos etapas. La primera fue cuando llevaron los patrulleros hasta Puente 12 en La Matanza y el enojo se había aplacado porque quien conducía la fuerza era uno de ellos que conocía la calle y sus problemáticas.
Pero el diablo metió la cola y las movidas se extendieron durante un nuevo tiempo hasta que llegó aquel anuncio del Presidente Fernández en la Quinta de Olivos.Eran tiempos de alta imagen para el Jefe de Estado que solía encabezar las conferencias de prensa tripartitas con Axel Kicillof y Horacio Rodriguez Larreta para, en pose de profesor universitario, explicarle al país como se estaba evitando una masacre por el “maldito virus”.
No fue el diablo el que metió la cola, sino la politica. La extensión de la protesta estuvo relacionada a las internas mismas del poder que le pasaban factura a Sergio Berni, cuyo perfil a la hora de abordar la problemática siempre fue motivo de discusión. Mal no le fue a varios como esa puja porque captaron fondos adicionales y pusieron en marcha proyectos para aumentar la presencia y la seguridad. ¿Los salarios? Tuvieron una mejora, pero la inflación luego hizo lo suyo. Como a todos los argentinos.
En la actualidad los efectivos de la bonaerense pasan por una situación similar. Y no puede ser atribuida al ajuste de Javier Milei en exclusiva.
“Un efectivo que recién comienza en la provincia gana entre 800 y 900 mil pesos, mientras que en la Ciudad recibe un 1,5 millón de pesos. Además, la obra social en Buenos Aires es IOMA y en la ciudad OSDE”, relata un funcionario municipal que tiene a su cargo la pelea cotidiana contra el delito en el conurbano.
En su comuna ya vio cómo se da este fenómeno de migración de una policía a la otra.
ONLY FANS
En tanto, desde la Secretaría de Seguridad de otra comuna del segundo cordón bonaerense reconocen que los efectivos se van a trabajar de repositores en almacenes o a las aplicaciones de entregas en los tiempos libres porque ganan más que haciendo adicionales. Los casos más extremos que han sido conocidos por la incorporaciones de agentes a plataformas como Only fans.
El desgaste es permanente porque el delito no para de aumentar más allá de las cifras oficiales. Episodios como el sucedido en un juzgado del Departamento Judicial de San Martín donde fueron familiares de detenidos a amenazar al juez de la causa son una demostración de los límites lábiles con los que tienen que vivir los policías. La custodia del edificio estaba a cargo de sólo una mujer que, ante el avance de la muchedumbre, no le queda otra cosa que correr para no salir herida.
En la justicia reconocen que las causas vinculadas al narcomenudeo crecen de manera exponencial con la violencia aleatoria que eso significa.
Un ejemplo reciente se vivió en Ituzaingó donde la Secretaría de Seguridad y la policía lograron detener a una banda que había robado una camioneta de alta gama. Luego de la persecución que terminó con un delincuente muerto y otro detenido, llegaron al domicilio de los delincuentes y encontraron armas y droga lista para ser comercializada. Es decir, la droga aparece en casi todos los casos.
LA MECHA PRENDIDA
La mecha nunca se apaga. La pregunta es el momento en que se unan las condiciones para que de ser una pequeña llama se convierta en incendio.
El año pasado detectaron movimientos extraños que llevaron al Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires a pasar a disponibilidad a 24 efectivos de la policía bonaerense por presuntos vínculos políticos, conspiración y militancia con el ex comisario y candidato a legislador de La Libertad Avanza en la tercera sección electoral Maximiliano Bondarenko. Se detectó material partidario y planes de desestabilización contra la cúpula policial.
El internismo en este momento político de la provincia de Buenos Aires también alimenta las dudas. Para muestra solo basta un botón. En Lanús, el intendente Julián Alvarez (La Cámpora) decidió echar a 80 empleados del área de barrido y limpieza. Se generaron protestas y tensión con las fuerzas de seguridad. En el gobierno nacional analizaban que podría tratarse de un episodio enmarcado en las disputas internas del peronismo bonaerense.
Las sospechas de los intereses políticos partidarios y de negocios vinculados a la seguridad siempre están presentes cuando hay acciones de estas características.
En la provincia de Santa Fe, epicentro de las últimas protestas policiales, comenzó a circular una teoría inquietante que llega hasta el despacho mismo del gobernador Maximiliano Pullaro, ex secretario de Seguridad de la provincia y conocedor como pocos de las internas en su provincia y sobre todo en Rosario, epicentro de la violencia narco en otros tiempos.
En diversas mesas políticas santafesinas recomiendan mirar las tensiones del gobierno provincial con el nacional y las fuerzas de seguridad federales.
Allí señalan, solo como dato, el vínculo del actual titular de Gendarmería nacional, Claudio Brilloni con la ministra de Seguridad nacional Alejandra Monteoliva. Brilloni estaba retirado de la fuerza cuando regresó beneficiado por el decreto 724/24, publicado en el Boletín Oficial el pasado 12 de agosto de 2024 en el que permitía la reincorporación de efectivos retirados.
Dos días después salió su designación, oficializada mediante el decreto 732/24. En ese momento, Monteoliva era la Secretaría de Seguridad del ministerio que conducía Patricia Bullrich.
En Santa Fe recuerdan que en febrero de 2023, Claudio Brilloni fue nombrado ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe en reemplazo de Rubén Rimoldi, desplazado en medio del aumento de la violencia especialmente en Rosario.
Casualmente, Brilloni estuvo al frente de la Gendarmería de Rosario durante un año en la gestión anterior, y ofició como enlace de los entonces ministros de Seguridad de la Nación y la Provincia, Patricia Bullrich y Maximiliano Pullaro.
Como se ve, cuando las tensiones afloran, los fantasmas se multiplican. Y en medio de la sensibilidad que significa la inseguridad en los grandes conurbano del país, la política siempre mete la cola. O el diablo. La pregunta ya no es si puede pasar. La pregunta es cuándo.
