Tarragona es una de las provincias marítimas de España y una de las cuatro que forman la región de Cataluña, cuya Capital es Barcelona.
Allá nació, en febrero de 1851, uno de esos hombres que aportaron mucho para una mejor calidad de vida de los habitantes y no solo de España, su patria, sino de millones de personas de nuestro sufrido Planeta Tierra.
Fue uno de esos seres humanos que solemos denominar como “olvidados inolvidables”.
Y lo de “olvidado”, lo prueba el hecho que al mencionar ahora su nombre, a muchos lectores les resultará desconocido.
Se llamó Jaime Ferrán y se recibió de Medico en la Universidad de Barcelona, con solo 22 años.
Publicó un par de años después, un estudio que nada tenía que ver con la medicina, creando un método que posibilitaba la fotografía instantánea, mediante el método de la emulsión de bromuro de plata, diez veces más rápida que el colodión húmedo, que se usaba.
La casa Kodak que le compro el invento, se enriqueció en poco tiempo. Pero a Ferrán, le interesaba más la microbiología y simplificó la aplicación de la vacuna contra la rabia descubierta por Luis Pasteur.
BACILO DEL COLERA
Tomó entonces prestigio, y el gobierno español, lo envió a Marsella, Francia, donde una epidemia de cólera hacía estragos.
Investigando, al regresar a España tres múltiples experimentos en animales y luego en el hombre, pudo descubrir la vacuna que inmunizaba contra el bacilo del cólera.
Ensayó inicialmente con su propia familia y luego con él mismo, ingiriendo una dosis de cultivo. Todos salieron inmunes del experimento.
Pero… “los que vuelan rozan con sus alas a los que no pueden volar”
. Y además, “la envidia es un impuesto al éxito”
.
Y comenzó una campaña totalmente injusta contra él, a la que adhirió el científico más famoso de España en ese momento, Santiago Ramón y Cajal, nada menos que Premio Nobel de Medicina en 1906.
Ese premio se otorga desde 1901 y Ramón y Cajal fue el primer español en obtenerlo.
Lo habían ganado antes que él, otros grandes de la Medicina. En 1901 el alemán Von Behering por el descubrimiento del suero antidiftérico; en 1904 el Dr. Iván Pavlov por la “Teoría del Reflejo Condicionado”, que ayudó a comprender el funcionamiento del cerebro y en 1905 el Dr. Robert Koch por su descubrimiento del bacilo contra la tuberculosis.
Y al doctor Ferrán lo hirieron “espiritualmente”, porque sus rivales lograron una orden del rey de suspender las vacunaciones. Él estaba en Valencia utilizando su vacuna con éxito. Dejó entonces esa ciudad. Murieron un mes después 100.000 personas en Valencia, por el recrudecimiento de la epidemia. Volvieron entonces a utilizar su vacuna y vencieron finalmente al cólera.
VENCIDO ESPIRITUALMENTE
Pero Ferrán ya estaba “espiritualmente” vencido. Se dedicó a estudiar la fiebre tifoidea y descubrió una vacuna antitífica, que dio excelente resultado.
Perfeccionó también, la vacuna antirrábica y posibilitó que miles de enfermos se inmunizaran, sin un solo fracaso. Se creó en Barcelona en ese momento el Laboratorio Microbiológico Municipal. Lo designaron Director, cargo que ejerció durante cinco o seis años.
Pero Ferrán no era un hombre observante en lo religioso –sin ser ateo-. Posición idéntica a la de Galileo, Copérnico, Pasteur y tantos otros, pero su físico era débil y la lucha lo había desgastado. Pero ese aspecto, en una época de gran religiosidad, le sumó adversarios, que lograron finalmente destituirlo del cargo. Fue demasiado.
Él había sido el primero en el mundo en aplicar al hombre la vacuna antibacteriana. Hizo desarrollar enormemente la Microbiología, lo que permitió la explicación científica del origen de las enfermedades infecciosas y posibilitó medidas preventivas y curativas como las vacunas y los sueros.
Pero los rebaños, odian las individualidades y con sus 56 años, gastado física y espiritualmente el doctor Jaime Ferrán fallecía un 21 de noviembre de 1929.
Y un aforismo final para su inteligencia superior que le creó tantos adversarios: “Más brillante la luz, más sombras proyecta”.
