El equipo de la Ribera es víctima de su propio juego pero también de malas decisiones dirigenciales
Riquelme y Boca en un laberinto
El Xeneize da un paso adelante y uno atrás y los hinchas sufren fecha tras fecha. Así se mueve, con dificultades, desde haca años. Su presidente toma todas les decisiones y los entrenadores viven cuestionados.
Suelen advertir psicólogos y psiquiatras que, cuando el padre (o la madre) que lleva adelante una familia, está enfermo (en referencia a su salud mental), muy difícilmente el resto de los miembros de ese clan puedan caminar sanos por la vida. Dicen, otros, que los clubes son como grandes familias. Y una de las familias más grandes del país se llama Boca Juniors. El padre de esa familia, hoy por hoy y desde hace siete años, es Juan Román Riquelme. Aclaración: se trata de una simple analogía.
Nadie dice que el bueno de Román sufra problemas de las características arriba mencionadas. Pero sí que se equivoca muy seguido y que, por esos, sus hijos sufren. Juan Román fue el mejor 10 de Boca de la historia. Quizá algún memorioso pueda refutar esta idea también pero, de lo que yo vi, fue the best. Idolo enorme que sintió, además y como pasaba en otras épocas, la camiseta azul y oro en la piel. Y por eso también es indiscutible que el hombre debe querer lo mejor para su Boca, para sus fanas, que son lo mismo. Para el mundo xeneize en general.
Riquelme lo quiere bien arriba a su club, no hay dudas. Lo quiere en las Copas ganando siempre, con un mejor estadio y con el entrenador más apto posible al frente del equipo. Y con los mejores jugadores también. Pero no pude. Toma malas decisiones.
Ojo, no debe ser fácil ser Riquelme. No debe ser sencillo ocupar el cargo que ocupa. Porque cuando todos te palmean la espalda, te acarician el lomo mientras te susurran al oído (vaya a saber uno si por temor, necesidad o conveniencia) eso de que ´´sos el mejor de todos, genio´´, no te ayudan. Lo único que consiguen de esa manera (adulando), es quizá sacar alguna tajada personal pero difícilmente esos halagos ayuden al famoso dirigente a mantener el equilibrio…
El presidente de Boca hace rato que se sentó en ese sillón y lo sigue eligiendo como su lugar favorito. Desde allí comanda la nave (en 2019 se instaló como vice y a partir de 2023 se convirtió en presidente de la institución) y hace zapping y pone y cambia de canal la película que prefiere cuando y como lo desea.
En Boca se hace lo que dice Román y no vuela ni una mosca. Y entonces, las equivocaciones. Pasa en todos lados cuando se viven situaciones similares.
Hace años que el ciclo autodestructivo se repite en loop: elecciones de técnicos que no están a la altura, compras innecesarias, malos manejos con futbolistas nacidos en las entrañas de Boca, volantazos en medio de las rectas. Movidas, todas, que llevaron al presidente a cambios en nombres propios, como los del ya desaparecido Consejo de Fútbol. Pero el panorama no cambió.
Y esos errores son muchas veces tan burdos, que se convierten en memes inolvidables: Riquelme echando en una YPF a Sebastián Battaglia; Riquelme subiendo al micro para retar a los jugadores y desacreditar al débil entrenador de turno por un mal resultado; Riquelme sobrando situaciones como cuando la pisaba en la mitad de la cancha y los defensores rivales quedaban en ridículo. "Este año va a ser muy divertido", dijo en 2025, pero los hinchas de Boca no pudieron ir a ninguna fiesta.
Por ahora, en lo que va de 2026, todavía no se atrevió a tanto. Habrá que ver qué sucede si Boca hilvana un par de buenos resultados. O si, como muchos creen, el equipo sigue teniendo espasmos de juego y dificultades a la vez para defender y el pobre Sifón Ubeda vuelve a quedar en el centro de la escena porque no puede solucionar lo que nadie puedo en los últimos tres años. Todo puede suceder en Boca. Y, en gran medida, depende del ánimo de su padre y de cómo se levantó ese día para ver qué medida toma.
