Revisión de un hito histórico
Saber morir por la unidad…
Por Roberto A. Rigo
Dunken.96 páginas
El fusilamiento de Juan Jose Valle y otros conspiradores en junio de 1956 ha quedado como un hito sangriento de la moderna historia argentina. Comparado con el de Manuel Dorrego, más de un siglo antes, se ha visto en esas muertes unas de las claves de interpretación para el baño de sangre que azotaría al país en los dos decenios posteriores.
A la par de esa interpretación quedó establecida la idea de que aquel levantamiento cívico-militar contra el régimen de la “Revolución Libertadora” tuvo inspiración peronista y como tal suele ser recordado, casi sin excepción.
La obra de Roberto Armando Rigo, Saber morir por la unidad de los argentinos, elige revisar esos presupuestos con una mirada centrada en la personalidad y la doctrina a la que adhería el líder del movimiento insurreccional de 1956.
Rigo (Rosario, 1946) destaca el carácter nacionalista y católico de la asonada que, en su oposición tajante al liberalismo de la “Libertadora”, no habría buscado tanto el retorno al poder del peronismo y su líder, sino una entera regeneración de la política y las Fuerzas Armadas a partir de valores cuyo fundamento era muy anterior al del gobierno derrocado en 1955.
Su estudio se concentra en la “Proclama al pueblo de la Nación” del llamado “Movimiento de Recuperación Nacional” y en las emotivas cartas, rebosantes de piedad religiosa, que Valle dejó a su esposa, hija, madre y hermana cuando sabía que sería fusilado por decisión de su camarada y antiguo amigo, el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu.
El autor analiza la concepción profunda de esos textos, que hunden sus raíces en la Doctrina Social de la Iglesia y en el concepto de “Nación en armas” derivado de la doctrina militar alemana de comienzos del siglo XX.

Además llama la atención sobre el significativo papel que desempeñó Lepoldo Marechal en la redacción de la “Proclama”. Una conexión relevante puesto que el autor de Adán Buenosayres también encarnaba ese cruce de nociones religiosas y filosóficas que tenían un origen muy anterior a lo que, a partir de 1943, quedó confundido con el término “peronismo”.
“Valle no dudó en ponerse al servicio de la causa del pueblo, cuando observo el rumbo que adoptaba el gobierno surgido de la Revolución Libertadora -señala Rigo-. Procuró lograr su unidad, aclarando debidamente los alcances de su movimiento en la proclama, en orden a que su revolución no estaba al servicio de ningún hombre. Actuó con absoluta libertad, obrando conforme a sus propias convicciones”.
Esta revisión que ha ensayado Rigo, de alcance modesto aunque penetrante, justifica sus páginas en vista de las resonancias posteriores que tuvieron los hechos de 1956, y su utilización para escribir o reescribir la historia a partir de confusiones, verdades a medias o mentiras directas.
