Retrato de un éxito histórico
La segunda Argentina
Por Daniel Larriqueta
Edhasa. 152 páginas
Novelista, ensayista y dirigente político, Daniel Larriqueta compuso en La segunda Argentina un estudio ameno acerca de las fecundas corrientes inmigratorias que nutrieron la vida de nuestro país a partir del último tercio del siglo XIX.
El libro es, al mismo tiempo, una síntesis histórica de divulgación y el ensayo de una hipótesis a la que el autor ha dedicado años de reflexiones.
Larriqueta sostiene que la generosa recepción de inmigrantes llegados -en su gran mayoría- desde el sur de Europa y el Levante, fue la consecuencia de una disposición estratégica del imperio español que se remonta a la creación del Virreinato del Río de la Plata, o incluso antes. Esta orientación fue luego continuada por los diferentes gobiernos patrios, sin descartar al de Rosas, que prefería a los emigrados de origen católico.
La denomina “República atlántica”: una conjunción de ideas liberales, ambición de progreso y carencias demográficas que atravesó los decenios hasta bien entrado el siglo XX.
Los países emisores de inmigrantes se desprendían de habitantes por motivos diferentes, apunta Larriqueta. La necesidad económica empujaba a los súbditos de reinos italianos que sólo en 1870 habrían de unificarse en un mismo estado. Los españoles partían hacia una tierra que no les era extraña y lo hacían de manera menos traumática, al punto de que podía hablarse de una “moda de emigrar”. La emigración italiana era “una salida del presente” mientras que la española constituía “una apuesta al futuro”.
Los inmigrantes llegados de Francia y Alemania, mucho más escasos, representaron un segmento de elite. Lo mismo sucedió con los británicos, integrantes de la clase que administraba ferrocarriles y empresas y que luego volvía a su patria. Arabes y judíos, más numerosos, dejaban atrás estados o imperios inestables a los que no debían lealtad. Esto favoreció el arraigo de los primeros; en los segundos no impidió la segregación o autosegregación de sus miembros.

La Argentina, insiste más de una vez Larriqueta, recibió a todos con una sociedad cosmopolita y liberal, donde se favorecía el comercio y la movilidad social, imperaba la libertad de cultos, el respeto por las diferencias y una diplomacia de neutralidad ante los grandes conflictos internacionales.
Esta política de brazos abiertos condujo a la rápida integración del extranjero a través del idioma, la educación y una legislación de alcance nacional, si bien no faltaron los puntos oscuros.
La apertura al extranjero se notaba mejor en Buenos Aires y las provincias aledañas; las sociedades del interior profundo siguieron más apegadas a valores tradicionales que la inmigración masiva amenazaba con disolver. Esa dicotomía, señala el autor, definió la historia argentina en el siglo XIX y lo sigue haciendo hasta nuestros días.
“La construcción de la segunda Argentina es un extraordinario éxito histórico -concluye Larriqueta-. Era impensado que tanta gente, tan diversa y en condiciones tan diferentes, se reuniera y funcionara en unidad. Creo que tenemos que sentirnos satisfechos y orgullosos”.
Agil, conciso y didáctico, por su estructura y sus giros idiomáticos el libro tiene las características de un extenso ayuda memoria pensado para una conferencia o clase universitaria. Sus virtudes tal vez se expliquen por esa pretensión de oralidad.
